Europeas

A Cañete se le ha quedado cara de recién comido, más de lo habitual, pues suele tener cara de satisfecho, empachado y encantado de conocerse a él y a su superioridad intelectual.
A Valenciano se le ha quedado cara de recién levantada, levantada de un sueño poco placentero, para qué nos vamos a engañar.
A Izquierda Unida se le ha quedado cara de Izquierda Plural.
A Iglesias se le ha puesto cara de acojonado, de "la he liao parda", de "ahora qué", de "podemos o no podemos". Que no es lo mismo una charleta en un centro okupa o una tertulia en La Sexta que unos cuantos escaños en todo un parlamento. Aunque su ego le hace verse presidiendo un gobierno del futuro Frente Popular.
A Artur Mas y sus mariachis se le ha quedado cara de consulta, Europa es lo de menos, la consulta de urgencias esa que tanto le valdrá para que su nombre quede grabado en los anales. De la Historia, quiero decir.
El caso es que ha ido a votar más gente de la esperada y se aprecia cierto cabreo generalizado. El bipartidismo se desmorona gracias a sus propios méritos y el pueblo ejerce el derecho al voto, no ilusionado, sino movido por afán de venganza, de castigo a los despropósitos.
Yo mismo, cuando entré en aquella cabina donde me rodeaban las papeletas con todo tipo de anagramas y siglas y alguna con foto de estampita, no tenía claro por qué opción tirar. Al final elegí una sin convencimiento alguno pero con la insana intención de joder más que de aportar.
Que conste que ninguno de los dos grandes partidos puede darse por no avisado de lo que iba a ocurrir. Que las mentiras acaban por no calar y la gente es tonta hasta cierto límite, y un día, a pesar de la "Champions" y otros banales divertimentos, se pone el traje de pueblo soberano y dice: "Os vais a cagar".
Y ahí tenemos al "perroflautismo ilustrado" irrumpiendo en las instituciones sin barricadas, con los votos, lo cual no deja de ser sano, más que recomendable.
Mientras tanto, en la Europa, Europa, fracasa Europa. El discurso totalitario, xenófobo, patriotero y excluyente, cala en la gente de esos países que gustan de mirar por encima del hombro a sus subordinados del extrarradio.
Veremos a ver el €uro, tan mal querido él, en qué acaba pues parece, ahora más que nunca, más ficción que realidad. 

ELECCIONES

El próximo domingo, por si alguien aun no se ha enterado, hay elecciones al Parlamento Europeo.
De entrada anuncio que un servidor de ustedes no va a ejercer el derecho al voto, y no lo va a ejercer porque es un derecho y no una obligación.
No lo va a ejercer por multitud de razones, de las cuales, dejaré aquí unas cuantas.
Por desgracia considero que la democracia liberal, sí, el sistema ese en el que nos encontramos, está completamente amortizada.
No, no se alarmen, no estoy llamando a la dictadura, fuera del signo que fuere.
Creo que, en el actual estado de cosas, da igual la representatividad política de los ciudadanos. Los partidos han dejado claro que no representan a nadie a parte de sus intereses dentro de la dinámica del poder.
Por otro lado es más que evidente que el poder se halla en otras instancias y no en los parlamentos. Se halla en los parqués, en los mercados virtuales, y no tiene nombre y apellidos ni son una logia organizada, el poder se halla en un ente etéreo llamado capital.
El capital manda y está demostrando que no hay cojones a ponerle cortapisas, es un fluído que atiende a leyes similares a las de la física cuántica.
Por eso mismo es la derecha política la que se encuentra en su medio natural, aunque a veces su propio medio le haga ser víctima de impredecibles "cambios climáticos".
La izquierda sigue a otra cosa. Cuando no retoma el discurso decimonónico intenta adaptarlo torpemente a los tiempos que corren o, simplemente, sigue diciendo lo mismo pero a través de twitter mediante aparatos bajo tecnología "Apple".
En el tema económico anda todo el mundo más perdido que una cabra en un garaje y, por ende, en el social también. La justicia social no existe, toda vez que se diluye el icono del estado del bienestar, y, en el mundo que vivimos, el bienestar sólo viene del capital, no del Supremo Líder Norcoreano. Pregunten allí a su feliz clase obrera.
Pero a parte de estas consideraciones, y por no meterme en un jardín, volveré a situarme en nuestro contexto, esta Península en la que habitamos, con sus islas y sus territorios vallados en África.
Los dos grandes partidos se enfrascan en un trascendente debate sobre el machismo, jaleados por sus medios afines, diluyéndose, como siempre, los programas o declaraciones de intenciones para hacer política en eso que llaman Europa.
Unos consideran que el patanismo de Cañete le hará perder y otros que quizá hayan conseguido, como el otro día me apuntaba un amigo, llevar el debate al terreno que buscaban y así desvanecer las grandes putadas a las que están sometiendo al pueblo, teóricamente "soberano".
Izquierda Unida loca por arañar votos desencantados pero practicando lo que mejor sabe hacer, mucho ruido y pocas nueces. Insertada en todo movimiento social o ciudadano para inocular sus modos y consignas que, al final, suelen quedarse en eso, salvo honrosas excepciones.
Luego tenemos a los demás. Un granado grupo de gente bienintencionada, o no, con sus banderas en colores alternativos, procedentes de ámbitos como la judicatura, la universidad, o, simplemente, una tertulia líder en audiencia.
Llegados a este puntos repetiré que no voy a votar. No voy a votar porque sigo sin creerme nada de nadie, de ninguno, del primero al último, y tengo la sensación de que cada discurso o panfleto tiene algo de estafa.
Sigo creyendo que la democracia es el sistema menos nefasto, a pesar de la que cae, pero debe regenerarse y mucho. Pero quien debe regenerarla, el pueblo, está cayendo en picado, quizá por el desencanto, hacia el retroceso cultural y ético, a una involución hacia el simio tribal y primario, debido quizá a una ausencia total de liderazgo.
Así que el día 25 vayan a votar, quien quiera hacerlo, y háganlo en conciencia, a ver si algún resultado hay, y pasen un feliz domingo que, un servidor de ustedes, estará trabajando, junto a muchos otros, para intentar garantizar que ejerzan su derecho en total tranquilidad. 

Las trinchas y las balas

Una controvertida figura política. Con evidentes connotaciones negativas en la gestión, reiterándose los tópicos y las lacras que distancian a los ciudadanos de quienes debieran representarlos.
Luego, un crimen atroz. El odio cerval y la venganza más primaria sin ningún trasfondo político. Balas con "V" de "vendetta".
Después la estampida en red de opiniones y exabruptos por parte de las jaurías hispanas.
Sí. Esas realas patrias que tanto ansían ser soltadas por sus amos.
Al mezquino no hay cosa que más le excite que la estética de la trincha y el fusil en bandolera. Unos con afán cruzado y otros, evangelizadores revolucionarios.
Y twitter es la barricada a falta de otros arsenales.
Se desbarra y desvaría y se contrarresta la ignominia con torpes exabruptos de patán de bodega.
Una tragedia griega, un cadáver, dos vengadoras, y el resto mezclando churras con merinas.
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid sacamos las trinchas, las camisas remangadas y los himnos con sabor a tocino rancio, dispuestos a otra balacera.
Quizá no merezcamos más que eso. Lo que mejor hacemos desde siglos. Trincheras y paredones o una buena letrina donde enterrar nuestra miseria.

PUEBLO SIN VOZ

Hoy quizá haya sido mi última intervención en "Día a Día", programa de Radio Parpayuela, emisora local ya histórica en las cuencas mineras asturianas, la cual; quizá por la desidia política, la falta de presupuesto o el desmantelamiento general al que nos vemos abocados todos, al parecer sin remedio; dejará de emitir el próximo viernes 25.
Una tertulia algo acalorada la de hoy, pero sin navajas albaceteñas ni de Taramundi de por medio, y una sensación muy agridulce al final.
Y es que alguien, lo denominaremos así ya que parece ser que nadie quiere lidiar esta suerte, parece estar silbando, mirando hacia otro lado, ajeno a un desenlace siempre dramático, tal y como es el cierre de un medio de comunicación.
Y no un medio de comunicación cualquiera sino uno en el que el interés social primó por encima de otras consideraciones.
Todo el que quiso tuvo voz en Parpayuela.
Los problemas cotididanos, las inquietudes juveniles, los problemas de la mujer, la música, la cultura propia y la universal, el deporte, la salud, etc., etc., tuvieron en Parpayuela un altavoz siempre abierto.
Libertad, siempre libertad en las discrepancias y en las coincidencias.
Parece ser que se apaga Parpayuela, "La voz de la Montaña Central de Asturias", y se apaga con ella la voz de todos los que aquí vivimos.
Quizá por ésto último la desidia, al menos aparente, de nuestros queridos políticos, a los que los medios en los que se opina no les supone más que dolores de cabeza.
Pero no olviden que un pueblo sin voz puede pasar a ser, cualquier día, un pueblo sin voto.
Gané mucho en Parpayuela, gané amigos de los de verdad y gané en valores humanos, pues la palabra es lo que nos aporta, valores.
El viernes, si nadie lo remedia, perdemos palabras.

Republicanismo sin nostalgias.

Sin ninguna duda la razón nos empuja al republicanismo. La república es lo coherente, lo democrático, frente a una Jefatura del Estado por sucesión.
El problema es determinar si vivimos una verdadera democracia que legitime como paso lógico ese cambio en la más alta institución del Estado.
Porque esta democracia adolece de ella misma, de democracia, y los congresos partidistas que deciden los candidatos a la Presidencia del Gobierno son, en el caso de los partidos con opción de gobernar, prácticamente un ejercicio de ratificación de una sucesión, no dinástica pero sí designativa.
Cuando la democracia no es real ni en los partidos que tienen que ejercer la representatividad del pueblo, pues mal andamos.
La República debiera ser el culmen de la democratización de la sociedad o quizá, por qué no, pudiera ser el medio, pero tampoco creo, como algunos predican, que el convertirnos en República borraría de un plumazo los problemas que nos aquejan y la casta política pasaría a ser honesta así, por santo advenimiento de la bandera tricolor.
Pero bueno, asumamos que se aproximase esa posibilidad.
Por qué invocar como modelo la II República que, con sus virtudes, ese momento histórico no hizo más que ser un ejemplo más de nuestra tendencia al cainismo y el fratricidio. Y no culpo al sistema del posterior golpe de Estado y la Guerra Civil pues, aunque algunos parecen olvidarlo, en el origen del golpe se apelaba a la defensa de la República como régimen, si bien las distintas ambiciones, entre ellas las del posterior dictador, hicieron que la cosa degenerara en una brutal y larguísima dictadura que tuvo que finiquitarse desde ella misma pues los republicanos no pudieron derrocarla. Y no olvidemos tampoco que la propia República tuvo tantos o más enemigos dentro que fuera de ella y que levantamientos contra el gobierno democrático los hubo por ambos cauces de este endemoniado río que aun se llama España y que no sabemos en qué cenagal desembocará.
Así que recomendaría al movimiento republicano que mirara hacia adelante con actitud democrática y plural, porque la República no sólo es un Frente Popular de corte revolucionario, en la república debe caber todo, y se cae en el error, tan propio de nuestros tuétanos, de identificar tricolor con izquierda, al igual que se identifica bicolor con derecha, en ambos casos de manera sectaria y desacertada, salvo cuando se gana algún mundial de fútbol.
Y metidos en símbolos, la República fue también bicolor, en la primera intentona, y no por ello fue menos legítima.
Aprendamos de la historia y miremos al futuro, si queremos construir la República debemos hacer eso, construir, sumar, convencer con argumentos, no con himnos, colores y otras monsergas rituales. 

CRESCENCIO

El abuelo Crescencio era, como casi todos los rurales abuelos, un adicto al sol tibio, el cual consumía matinalmente en dosis lenta, sentado sobre algún banco de la plaza, tras el paseo diario por los alrededores del pueblo. Paseos en los que rememoraba, al paso por cada hito en la memoria, las cicatrices del trabajo o los alivios de besos furtivos, siempre torpes, en los atardeceres de estío.
Mucho había vivido y consciente era de ello, por lo que asumía sin drama, a pesar de no sufrir demasiado achaque, el no despertarse cualquier mañana o quedarse en algún tramo de alguno de los caminos acostumbrados. "Lo tengo tengo todo andado".
Vivió guerra y paz, tiranía y caciquismo, libertad a medias y, ahora, cuando creía que todo mejoraba con el tiempo por propia naturaleza, asistía excéptico a eso que los tertulianos de postín llaman regresión.
Pero Crescencio tenía un dicho, un "hablar", que repetía de vez en cuando, en las raras ocasiones en que vulneraba el silencio innato de la gente sabia. "Nada vuelve, por lo menos, nunca peor".
Y alguna noche, "fea está la cosa", murmuraba ausente; escuchando, más que viendo; telediarios y tertulias mientras cenaba la sopa de ajo, antes de la leche templada previa al reposo.
Era descreído, poco amigo de rituales y sotanas, pero no pudiera decirse que era ateo, quizá porque nunca tuvo necesidad de planteárselo. "Algo habrá, si usted lo dice..." contestaba desganado a algún parroquiano con ganas de entablar parlamento transcendente.
Nadie le vio nunca discutir, sus debates eran internos, con los rayos de sol que le templaban el ánimo cada mañana. Un casi imperceptible desasosiego nublaba a veces su clara mirada. Solía ocurrir cuando veía a los niños jugar a las escondidas por entre los setos del parque, con sus gestos claros y sin surcos, ajenos aún a la vida y sus contextos.
"¿Le molestan los niños, Señor Crescencio?".
"Qué me van a molestar, mujer, qué me van a molestar".
"Vaya usted con Dios, Crescencio.",
"Vé tú, que te hará más servicio".
"Qué cosas tiene, Crescencio... qué hombre éste".



Ruptura

Siempre me he declarado de izquierdas y creo que mi ideología es más que evidente para quien sigue mi actividad en la red.
Nunca tuve filiación política, sin embargo, porque me cuesta mucho ver representadas mis inquietudes si para ello debo comulgar con ciertas ruedas de molino.
Así pues he ido ejerciendo mi derecho al voto dentro de las opciones de izquierda, dependiendo de la capacidad de convicción que cada partido o líder del mismo tuviera sobre mi peculiar idiosincrasia.
Desde hace quizá demasiado tiempo que las continuas decepciones me han alejado de los colegios electorales al no encontrar, más que soluciones factibles, la mínima coherencia y elaboración en los programas que, dados los tiempos que corren, se quedan en el slogan y el panfleto.
Sé que no tengo la exclusividad en esta sensación de que todas las opciones políticas toman por imbéciles a sus votantes. Lo triste es que quizá tengan razón.
En el contexto socioeconómico actual, está claro que la derecha se mueve como pez en el agua.
La izquierda, mientras tanto, anda desorientada, a parte de atomizada, y sus recursos pasan de la impotencia ante el capitalismo que muestra la social democracia a las fórmulas caducas de los setenta, eso sí, sumando a la presencia en las calles la alta capacidad propagandística de las redes sociales. Hemos cambiado las octavillas por los "tweets".
En los medios de comunicación más de lo mismo. El frentismo, la burda manipulación y el panfleto, de las demenciales portadas de La Razón a los titulares de Público.
Pero metámonos en el meollo de esta entrada.
Uno, como ustedes saben, trabaja en lo que trabaja. Para mí, como para la gran mayoría de mis compañeros, este trabajo no deja de ser más que un servicio público esencial y con esa vocación salimos a la calle. Independientemente de la ideología del que gobierne que, si ahí está, no lo olvidemos, es porque le ha votado la mayoría.
Los distintos gobiernos, de uno y otro signo, han pretendido utilizar, con mayor o menor fortuna, a las FF y CC de Seguridad para algo más que para dar servicio a sus ciudadanos. Ocurre en todos los ámbitos de lo público. Pero para evitar eso están los mecanismos de control a los que tanto las fuerzas de oposición como el resto de ciudadanos, así como los propios sindicatos policiales,  deben acudir.
En esta profesión la actividad es muy diversa. Tan diversa como son las amenazas que afectan a la seguridad de los ciudadanos.
Una de esas actividades, quizá la mas controvertida, es la que se ocupa del orden público.
En una democracia, términos como orden público o seguridad ciudadana, debieran ser objetivos, sin lugar a muchas interpretaciones, y, para los profesionales, así son. Para los políticos parece que no.
Así unos lo interpretan en un sentido restrictivo y otros más abierto a la conveniencia.
Y en el debate político actual el orden público adelanta, por ambos lados, a los problemas socioeconómicos, que son los que afectan a los ciudadanos.
Y en este juego la izquierda está siendo enormemente torpe cuando no mezquina.
La movilización es necesaria, la violencia no. Pero en esa movilización la izquierda, política y mediática, está perdiendo los papeles.
Debería reflexionar, y no quiero extenderme más, que si a la gente le indigna y le alarma una carga policial, la mayoría de las cuales se relatan sin describir las causas, mucho más le puede alarmar ver linchados a sus policías. Por mucho que se pretenda justificar esa violencia y se respalde a los detenidos en los juzgados, lo que le queda a la mayoría de los ciudadanos como mensaje es que si los encargados de protegerles son tan vulnerables, qué les puede ocurrir a ellos.
La anarquía está bien como teoría pero el común de los mortales quiere seguridad.
Las teorías de que quien revienta las manifestaciones son polis infiltrados dejan de funcionar.
Por todo eso, y antes advertiré que no me volví de derechas, por la condescendencia con los salvajes de los que se reivindican pacíficos, por la demagogia de considerar represión lo que en Cuba o Venezuela se considera defensa de la revolución, por llamarme fascista un día sí y otro también, por no haber tenido el mínimo gesto de apoyo con aquellos que también os defienden, por vuestra tibieza con quien mató y con quien les sostiene, por tener nostalgia contínua del 36 y de lo que pudo ser y no fue, por todo eso y más rompo con vosotros, "verdadera izquierda", líderes de barro basados en la falacia como método.
Y que conste que no empecé yo.

LÁGRIMAS NEGRAS EN FRECUENCIA MODULADA




Hace ya algunos años, mi amiga Loli Olavarrieta, presidenta de la Unión de Comerciantes del Caudal, me llamó para participar el el programa radiofónico que dicha asociación tenía en la radio local, Radio Parpayuela
A partir de ahí, y en mi condición de Delegado de Participación Ciudadana, función que desempeñé durante algún tiempo, la dirección de la emisora tuvo a bien contar conmigo para diversas intervenciones, muchas de ellas relacionadas con la actividad policial, y luego como ciudadano de Mieres, en la tertulia matinal, en la que sigo participando. 
Parpayuela ha sido mi casa pues en ella siempre me he encontrado a gusto, y me ha brindado la oportunidad de conocer gente de la zona perteneciente a un amplio abanico de representatividad tanto social, como cultural e ideológica. 
Una radio local con clara vocación de servicio y, si bien mantuvo, como todos los medios de comunicación, cierta línea editorial, lo cual fue siempre criticado, en la misma ha cabido todo el espectro político y social de las cuencas mineras. 
Nunca tuve una negativa, en mis tiempos de Delegado de Participación Ciudadana de la Comisaría de Mieres, para dar traslado de las campañas oficiales de prevención que por mi puesto debía desarrollar, es más, siempre se me adelantaban a ofrecerme sus micrófonos y si tenía que dar alguna conferencia, no tardaron nunca en elaborar la correspondiente cuña para promocionar la misma. 
Una radio pequeña y cercana pero con vocación de grande, sin plantearse límites a la hora de entrevistar a cualquier personaje tuviera la entidad que tuviera, y, a través de la asociación cultural, promoviendo actos y conferencias de gente de renombre a nivel nacional e internacional, estimulando la vida cultural y social de Mieres y su entorno. 
Pero los números son los números y, en los grises tiempos que corren, las cifras no entienden de utilidad pública, servicio público y todas las expresiones que puedan tener "público" como sufijo. 
La ciclogénesis de la puñetera crisis, el desmantelamiento de las administraciones y de los servicios al ciudadano, se llevan por delante casi treinta años de ondas mineras. 
Según anuncia la dirección de la entidad en el video que arriba les pongo, el próximo día 25 de Abril, acuciados por la ausencia de ayuda pública, se ven obligados a silenciar sus micrófonos. El 94.0 quedará mudo en sus aparatos de radio. 
Se acaban las tertulias de andar por casa, de vecinos con nombre y apellidos cercanos, los consejos médicos y veterinarios, la actualidad sindical minera, el mundo del cine y el cómic, las inquietudes de la mujer, de los jóvenes, la música clásica, el jazz, la "Toná", el deporte local, la meteorología de Dimas, las noticias de Sol, etc., etc.
Seguiré asistiendo siempre que pueda, hasta el último día si es preciso, a aportar mi sureño acento a esos micrófonos que se ven abocados a una prejubilación forzada y sin remunerar. 
Ojalá, la manida "recuperación" que sólo algunos ven, restituya a los ciudadanos servicios que, sin considerarse esenciales, le aportan información y cultura, tan necesaria para sentirnos vivos en este valle de lágrimas negras como el carbón que, también, se diluye en el temporal. 


FIN DE CURSO

Parece que el trece agoniza y uno diría que se resiste, como los buenos villanos, a dejar de jodernos la vida.
El cambio de año no deja de ser una convención y el traspasar la frontera de la noche del 31 no nos garantiza grandes cambios. Yo mismo, cuando brindo con alguien, suelo decir "feliz año nuevo" aunque estemos a 40 grados a la sombra en una terraza extremeña, queriendo decir que cualquier momento es bueno para comenzar una nueva etapa sin tener que someterse a la dictadura de los calendarios.
Pero asumamos las convenciones pues algo de utilidad también tienen y todos los balances, los índices, las estadísticas, los indicadores económicos, etc., se miden por años y no deja un año de ser un ciclo en el movimiento de este planeta maltratado por la especie más evolucionada que jamás se conoció.
En estos trescientos sesenta y cinco días se ha consumado la "masacre" a la que el sistema nos ha sometido.
Nos ha situado donde el sistema quiso situarnos, más pobres, más carentes de eso que llaman bienestar, mientras las élites han mejorado sustancialmente. No creo en las estrategias de inteligencias colectivas orquestando este desastre, aunque hay que reconocer que algunos han puesto mucho de su parte.
Pero de economía, política, etc., estarán ustedes hartos de leer a gente mucho más preparada que este humilde emborronador de pantallas, así que mi entrada va a ir por otros derroteros que, con toda seguridad, tienen relación directa con todos esos temas.
Creo que el 2013 no sólo ha supuesto un retroceso en lo crematístico, en lo social y en lo político. A mi parecer, un parecer muy, muy subjetivo, este ha sido el año de la vuelta a las cavernas. Y no hablo de Intereconomía y otros sucedáneos informativos, que también, sino que veo que el cutrerío, la mediocridad, las malas formas y maneras, la incultura, la grasienta sotana y el cartomante, lo soez, la sordidez del vino barato y el puterío de olor a zotal lo está invadiendo todo.
Puede que sean sensaciones pero miren a su alrededor.
Las calles sucias, gracias también a los recortes presupuestarios, hacen que cada vez más se tiren papeles al suelo, que se recojan cada vez menos los excrementos de los animales domésticos y uno tenga más posibilidades de pisar una mierda que de recibir de un convecino un atento "buenos días".
El diálogo es el grito, la berrida, y es imposible ver una tertulia o debate en el que se respeten los turnos de intervención.
Pásense, como no, por las redes sociales e intenten opinar de algún tema en alguna de esas páginas colectivas creadas, según dicen, para intercambiar impresiones. O repites el discurso del borrego aplaudiendo las ocurrencias del que quiere crear opinión, desde una ortografía cada vez más criminal, o estás condenado a la jauría.
La inteligencia parece haber quedado para los terminales móviles y si bien nuestra interconexión debería ser un motor de cultura, más bien parece que nos convierte en zombies con pulgares.
Y dirán muchos que no será para tanto. Y no lo será y quizá sea, como ya dije antes, todo subjetividad, pero tengo la impresión de que se están desperdiciando las enormes oportunidades que la ciencia y la tecnología nos están brindando.
Nos quedamos en lo simple, en el detalle, en la foto, en el corte de video, en el titular, en la secta, en el "OLA KE ASE" y muy pocos intentan exprimir el potencial de lo que nos rodea para intentar mejorar este estercolero.
Vemos lo que queremos ver, leemos, poco, lo que queremos leer y oímos lo que nos interesa oír, huyendo de la controversia, es decir, de la dialéctica, y nos recreamos en lo simple y básico para reafirmar nuestra postura.
Con estas expectativas, miedo da en qué puede acabar la democracia viendo en qué se está convirtiendo la mayoría que, no se olviden, es la que acaba poniendo a los gobernantes.
Y ya que despotriqué, que el 2014 les sea leve.


RECTIFICAR ES DE SABIOS

Uno no es tan listo como pudiera parecer a algunos ni tan gilipollas como les pudiera parecer a otros. Uno se considera normal, de la media, pero sí debe, a veces, reconocer algunas carencias.
Incauto, confiado, crédulo de la palabra de alguien que te mira a los ojos, y claro, cuando te das cuenta de que te la han calcado, te jode enormemente.
Si encima el que te la calca pretende hacerte creer que te está muy agradecido por cierta defensa que hiciste de su persona y su profesionalidad, todo ésto en un medio de comunicación, pues te escuece dos veces más.
Porque tuvo la osadía de citarme para mostrar su agradecimiento cuando, ahora lo entiendo, su objetivo no era otro que indagar sobre la información que yo pudiera tener sobre ciertas actividades y otros individuos de parecida ralea.
El colmo es cuando compruebas que el individuo, falso, hipócrita, cínico, es uno de los responsables de una campaña indigna contra tu persona a través de una página de una red social, incurriendo en varios delitos de injurias y calumnias. El contenido delictivo fue prudentemente retirado pero nadie se disculpó siquiera por tamaño desaguisado y aun se pretende que uno ponga buena cara cuando se cruza por la calle con según qué gente. Es más, a la mínima oportunidad se insiste y se persiste en la sutil alusión, en el comentario jocoso e irónico, en la imbecilidad más que nada.
Pero dejemos de lado sucesos del pasado y retomemos lo que en realidad importa.
No voy a retractarme del total de lo manifestado en aquella tertulia radiofónica, mantengo que en la relación profesional, en la calle, siempre que había un problema o una situación especialmente conflictiva, allí estaba, cumpliendo con su deber, por otra parte. Ahora bien, ha demostrado que, al menos a nivel personal, no merece un ápice de confianza.
No quiero guerras con nadie pero cuando se me busca se me encuentra, y lo digo por alguien que en las últimas fechas estaba muy interesado en enterarse en qué portal entraba.
Por mi parte doy por zanjado el tema. Olvídense de éste "aspirante a poeta", como algunos dicen, y carguen las tintas contra otros, que tienen campo bastante, tal y como demuestran, para no dejar títere con cabeza aunque a veces tengan que recibir de la misma medicina.
Sigan su camino que yo seguiré el mío.
Si alguien quiere decir algo al respecto, o aclarar cualquier duda, ya sabe dónde encontrarme. Yo no me escondo, ni aquí ni en ningún sitio.