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ROTONDAS DE MIERES

En Mieres, como en muchas otras ciudades, florecen las rotondas en los cruces de un día para otro. La del Puente de La Perra con Dr. Fléming tiene tela pues es una rotonda humilde, tan humilde y discreta que no se ve pues consiste en una farola con un ridículo círculo a modo de rotonda. Las dudas sobre las preferencias son más que evidentes. Algo parecido pasa con la del Campus, recién estrenada, de más envergadura, con confusión entre la pintura antigua y la nueva, pero con unos maceteros importantes para persuadir a los despistados. No creo que llegue a pasar lo del vídeo, pero a veces, el exceso de regulación puede ser nefasto. Si no miren el ejemplo contrario, la autoregulación:
Cuanto nos queda que aprender.

LA TABERNA DE LA TROLA.- Pastosa palidez.

Un comentarista reciente, seguidor de la serie a la que pertenece el presente post y, casi con toda seguridad parroquiano del afamado local, me dice echar de menos las anécdotas de La Taberna y sus personajes. Es cierto que ha disminuído mi frecuencia de redacción sobre el garito pero, más que por haber disminuído la frecuencia de mis visitas, por la menor duración e intensidad de las mismas. No obstante, la vida sigue su curso en el bar, y sigue pariendo anécdotas, así que, por qué no, por petición popular (parezco solista de verbena) ahí va lo recientemente acontecido:
La sombra de Pere Navarro es alargada, alargada y verde benemérito, con nefastas consecuencias para el que se deleita con espiritosos y destilados y además usa su vehículo particular. Julio, el tabernero, no es que beba, no exactamente. Julio, cuando bebe, vacía y pareciendo carecer de epiglotis, no traga el líquido altamente graduado que consume, sino que el combinado cae por su esófago como si éste fuera bajante de canalón. Además, alérgico al agua y otras bebidas inocuas, su mayor deleite es el combinado de destilado de malta con cola pero en proporción de 2 por 1, en vaso de sidra. Puede tomar seis de estos brevajes que, dadas las proporciones, a cualquiera su sabor haría retraer el vello de las orejas, sin inmutarse comenzando a hacerle efectos visibles en el organismo tras haber inaugurado la segunda botella de "José Benjamín". Encontrándose, cierto sábado o domingo reciente, como él dice "ligeramente ajerezado" entrando con su vehículo a Mieres, tuvo el encuentro en la tercera fase con los alienígenas del alcoholímetro. Éste no se fundió milagrosamente. Le requirieron, amablemente, que volviera a insuflar en la boquilla, a fin de ratificar la nefasta cifra que marcaba la pantalla, y él, que se veía jodido y nada contento, se negó. Que ya había "soplao" bastante por ahí y otra vez en el artefacto y que no soplaba más. Ante la negativa de Julio, los acharolados locales optaron por solicitar la presencia de "Atestados", más duchos y competentes en la redacción del dramático documento que pasaría a las empuñetadas manos de un Juez y que tan malas consecuencias podría traerle al bueno de Julio. Si bien a partir de ahí a mi amigo Julio no le cabía un pelo en el esfinter de natural contracción o contractura, según su relato el trato con los especialistas en el empapele fue exquisito y desdramatizador. Citado para Juicio Rápido, previa recomendación se dotó de abogado a fin de aminorar las consecuencias. En dicha vista no hubo conformidad con fiscalía pues, como se deducía del benévolo atestado, las cosas pintaban bastante bien para salir bien parado en Oviedo en el correspondiente Juzgado de lo Penal. En la sesión decisiva, alguno de los chicos de Pere y Ahumada, preguntado por los síntomas de embriaguez del reo, manifestó que tenía la voz pastosa, a lo que Su Señoría observó que parecía que bastante pastosa la tenía aquel día, en el que no había probado licor alguno. Por otra parte se habló de que el día de autos, nunca mejor dicho lo de autos, estaba pálido y con la pupila dilatada. Esta vez el Juez le preguntó al agente si conocía de algo al acusado como para saber cual era el estado de su pupila habitualmente. Sobre la palidez, solo decir que es la normal de alguien de vida vampírica, que solo ve el sol a partir de las 13:00 horas en que, si no ha habido "nevada" nocturna, cruza La Mayacina hasta el local, del que no sale hasta la madrugada y cuyos focos están poco dotados en lo que a ultravioletas se refiere. En fin, a la espera de la sanción administrativa, Julio quedó absuelto pues, si bien inutilizó el alcoholímetro, no se pudo acreditar que su consumo de "calderos" de escocés con cola supusieran un riesgo para la seguridad del tráfico. Así que Pere pinchó en hueso con Julio como con muchos otros, por lo que anda loco con reformar el Código Penal y llenar los trullos de irresponsables conductores. No obstante, mi recomendación personal es que, si se ajereza, utilice el taxi. Que no haré yo apología de la conducción alcohólica, aunque ahora, con beber unas cervezas sin perder el norte, puede usted acabar en el banquillo.

PAÍS DE RICOS.- Morir de opulencia.

Don Pere es así, no lo puede remediar el pobre. El carné de racionamiento, radares hasta en colonoscopia, helicópteros que te cuentan hasta las liendres, el autocar como única alternativa en las salidas festivas, el Código Penal pendiendo de la cabeza del incauto conductor, y ahora resulta que los moteros nos matamos en las carreteras por vivir en un país de ricos. Don Pere está obsesionado con nuestra seguridad y para ello, créanme, no dudará en subir el Euribor para hacernos más pobres y que no nos matemos en motos de alta cilindrada. Luego vendrán las muertes en tractor o motocarro, pero para eso yá se le ocurrirá algo. Es cierto que las motos se salen de las carreteras. Los coches también pero si se reduce al cincuenta por ciento el número de puntos de apoyo las posibilidades aumentan. Claro está que nada tiene que ver en la siniestralidad motera las deslizantes pinturas señalizadoras, los asfaltos pulidos y los maravillosos guardaraíles, especialistas en convertir un inocente deslizamiento en una sanitaria amputación de miembros o explosión de vísceras. Tengo moto de gran cilindrada desde el 92, fecha desde la que soy tan adinerado que pagué la montura a base de letras dependiendo de la nómina de mi Santa y de un servidor. Si la suma de ambas diera el cincuenta por ciento de una mensualidad de Don Pere, es posible que tuviera más de una potente máquina de matar. Vicio, que se llama. Don Pere, es usted la pera. Me escondo para fumar, me modero en el alcohol, sufro enórmemente sujetando mi tobillo derecho para que no se deslice y no supere en diez kilómetros por hora la velocidad estipulada, por mí seguridad, y ahora resulta que tendré que empobrecerme aún más si cabe para no matarme en la carretera con el burgués y alienante vicio de las dos ruedas. Sépa usted, Don Pere, que cuantas más motos menos atascos en sus operaciones salida y retorno y en nuestras saturadas ciudades, lo cual algún ayuntamiento apreció en lo que valía. Don Pere, siga usted cuidando de nosotros, encarcélenos, sancionenos, pero no nos lleve a la indigencia, que tenemos churumbeles, alma de cántaro.

VACACIONES

Vayan ustedes a donde les salga de los cojones. Disfruten todo lo que puedan haciendo lo que se les venga en gana. Recen si quieren, si no quieren pequen, que es más divertido. Sufran los atascos y los radares móviles y fijos, los controles de alcoholemia y las comidas familiares. Sean felices pero, por favor, no se rompan la crisma y sobre todo no se la rompan a quien no se lo merece.