Yá he escrito aquí alguna vez sobre "El Lágrimas". No obstante les haré, a los no mierenses pues a éstos no creo que les haga falta, una introducción ilustrativa sobre este personaje referencial en la Cuenca del Caudal.
"El Lágrimas", que hay que reconocer que tiene cara de comerse los niños crudos, debe su apodo a llevar tatuadas varias lágrimas bajo los ojos. Politoxicómano superviviente de una familia castigada por la heroína y otras andanzas, "El Lágrimas" gusta de meter miedo a los demás.
Es violento pero, generalmente, por la espalda. Ésta violencia viene agravada por brotes esquizofrénicos causados, casi con toda seguridad, por el abuso en el consumo de su opiáceo preferido.
Cada cierto tiempo gusta de tener su día de gloria.
Ayer sábado fue uno de esos días y acabó en apoteosis.
Andaba por la plaza de Requejo, santuario de la sidra, algo alterado y colocado cuando protagonizó distintos incidentes con clientes de los "chigres" allí instalados.
Quiso el azar que se cruzara en su camino un chico de color, de color negro para precisar, subsahariano, vamos, que ahora se les describe así por mor de la corrección, de esos que venden discos compactos y dvd's de estreno por las terrazas.
A nuestro personaje, concienciado plenamente con los derechos de los autores, eso le indignó y la tomó con el pobre inmigrante el cual tuvo la desfachatez de querer cobrarle uno de sus ilegales productos.
"El Lágrimas" optó por asestarle un puñetazo y del vendedor ambulante nunca más se supo pues bastante tiene con ser ilegal para encima llevarse hostias gratuitas de un energúmeno.
Encontrándose por allí un Guardia Civil, libre de servicio, se identificó ante nuestro héroe y le recriminó su actitud.
Para qué queremos más, la familia, sobre todo ascendientes femeninos, fue nombrada en repetidas ocasiones por el alegre bandolero, que no paraba de proferir amenazas de muerte contra el voluntarioso y benemérito interviniente.
Requerida la presencia de la policía, una vez allí, el desaforado maki local se sintió como provocado y repartió sus referencias familiares y amenazas entre ambos cuerpos de seguridad y, no teniendo bastante para completar su hazaña, no dudó en esgrimir una botella de sidra vacía con la que quería ablandar los duros cráneos de los funcionarios policiales y del, para él, entrometido guardia.
Como era de esperar acabó esposado y en el vehículo policial.
Pero se mascaba la tragedia y no es "El Lágrimas" amigo de desenlaces fáciles y felices pues, como por aquí se dice, "cuando la arma, la arma", así que, entre lindeza y lindeza, prometió a uno de los policías una puñalada en el hígado y que colgaría a su hijo de un eucalipto. La verdad es que literatura no le falta al animal pues no deja de ser el eucalipto un árbol aromático y medicinal.
Una vez en Comisaría, como no podía ser de otra forma, amenazó con hundir a los profesionales y qué mejor forma de intentarlo que lanzándose de cabeza contra una cristalera que, por supuesto, fracturó, con las consiguientes secuelas en el rostro con las que pretende acusar a los policías de supuestas y terribles torturas contra su humilde persona.
Trasladado a urgencias, nuevo episodio, episodio repetido pues siempre es el mismo serial, y la tomó con el personal sanitario negándose a ser asistido. Tuvo que ser el Juzgado de Guardia quién ordenara que si no se curaba fuera ingresado de urgencia en psiquiatría. Manda huevos, que diría el otro, que un juez tenga que decirle a un médico lo que debe hacer ante tal situación, pero así estamos y así nos va.
Entre los aposentos hospitalarios y los policiales, optó por los segundos, mucho más familiares y acogedores para él, y, una vez sedado, como siempre, se calmó y se convirtió en una malva, arrepentido, educado y cortés con los funcionarios de Comisaría, con los que no cumplirá sus amenazas de denuncia ni, por supuesto, las otras más escabrosas y de mal gusto.
"El Lágrimas" es así, así nos lo dieron y así lo tendremos que tomar.
El próximo episodio, que espero que tarde en producirse, tendrá distinto escenario y otros personajes secundarios, pero el argumento, per saecula saeculorum, será del mismo guionista.