ARMADA INVENCIBLE

Foto: 20 minutos
- Mi sargento, que dice el capitán que de dejarnos subir al barco para hacer el registro que leches. Que no hay tu tía. - ¡Me cago en el misterio y en Emilio Salgari!. ¡Pelaez!, busca una escalera pero ya, que se va a cagar el yanqui. Una vez en el barco. - Long Jhon Silver, supongo... - ¿What? - Gua, gua, te voy a dar yo a tí gua, tira p'abajo y ya te estás metiendo en el furgón que todavía te pongo el sello de los cinco dedos en esa cara que tienes. Anda, pirata del caribe, que estás hablando con la Benemérita. ¡Cabo!, continúe con el registro y todo lo que tenga pinta de español, aunque sea el cocinero, intervenido ipso facto. Corsarios a mí...

¿A qué juegan nuestros niños?

Aquí les dejo una interesante, entretenida y reveladora entrevista sobre la supuesta nocividad de los videojuegos y la pacatez y el sensacionalismo que rodean el asunto. David Bravo, el entrevistado, además tiene un interesante blog sobre los sacrosantos derechos de autor.

EL SEÑOR NEIRA.- Indispensable emético.

Si usted, amable lector, necesita de vez en cuando crisparse. Si es algo masoquista y quiere leer artículos en la más pura línea Losantista, para comenzar el día cabreado, aquí les dejo el enlace a un insigne periodista asturiano, ovetense y ovetista, más bien vetustista, liberal de pro, cuya columna ahora trasladada a blog cumple con todos los requisitos del conspiranóico liberal, antisocialista, antiecologista enfermizo, sectario y ofensivo con todo lo que no huela a capitalismo, derecha y carcundia.
Éste artículo no tiene desperdicio. Disfrútenlo o vomiten, allá cada cual.

DERRAMAS

Erase que se era una comunidad de vecinos. El inmueble constaba de planta y piso. Una altura y cuatro viviendas por planta. Esta comunidad tenía un presidente, un presidente dialogante y pacífico que se esforzaba con ahínco en evitar o al menos suavizar cualquier conflicto que pudiera surgir entre los vecinos. En las reuniones de la última época siempre salía el mismo tema, el ascensor. Un propietario del piso superior estaba empeñado en que se hicieran las obras pertinentes para instalar el montacargas que, para el resto de vecinos, incluso los que vivían a la misma altura que él, resultaba un gasto de todo punto innecesario dado que únicamente había que subir dos pequeños tramos de escalera. Nadie superaba la mediana edad, ¿qué edad será esa? y no había ningún vecino impedido por lo que subir la escalera requería un esfuerzo mínimo para una persona normal. Pero el vecino empecinado insistía. Él vivía en el primero y no tenía por qué subir escaleras. Estaba en su derecho y exigía la ejecución de la obra. Ésta, con la consiguiente derrama, no llegaba a aprobarse nunca pero él insistía. Cada vez que se convocaba reunión en el portal, a la mínima oportunidad se oía ¿Qué pasa con mi ascensor?. El presidente se preguntaba qué iba a hacer con aquel cansino. El resto del vecindario resoplaba resignado. Y él que si quieres coles Catalina. "Mi ascensor" decía. Ya no era el ascensor para los del primero, era "su" ascensor y ese era su objetivo y el motor de su existencia. Si los del primero no subían escaleras por qué tenía que hacerlo él. Que el resto de la planta se negara se la refanfinflaba, él tenía derecho a exigir su elevador que para eso lo había elegido su familia como portavoz en las juntas de vecinos. El administrador lo evitaba, el presidente de la comunidad, un hombre de talante, lo recibía cada vez que tocaba el timbre de su casa, a veces a horas intempestivas y ambos sabían cual iba a ser la reclamación y cual la respuesta. La última vez que esto ocurrió, el presidente le dijo que si conseguía primero poner de acuerdo a sus compañeros de planta, entonces, se comenzaría a hablar y se decidiría, en última instancia, según votación de todo el bloque, pues lo decía la ley y los estatutos de la comunidad. Pero el famoso artefacto le empezaba incluso a acarrear problemas en su vida conyugal y ya alguna vecina comentaba que la esposa del "ascensorista" estaba planteándose relevarle como portavoz en las reuniones de vecinos pues estaba harta de aguantar los latiguillos de sus convecinas "¿Qué, otra vez tu marido con la "perra" del ascensor?". Pero aquel hombre sufría. Deambulaba compungido y miraba receloso cuando se cruzaba con alguien en la entrada. Su idea le reconcomía y tenía la sensación de que aquellos dos tramos de escalera y la incomprensión de sus vecinos acabarían con sus rodillas y las de los del resto del primero aunque éstos no reivindicaran como él el derecho irrenunciable a la ascensión automática. En el bajo derecha, a la derecha del presidente, vivía otro cansino, loco por acceder a la presidencia, el cual metía zizaña a la mínima diciendo no fiarse del actual mandatario y que sabía que acabaría cediendo y, mediante alguna triquiñuela, instalando el maldito ascensor. Aquella comunidad, como toda comunidad que se precie, no estaba falta de sus dosis de crispación.

LOS PILARES DEL PUENTE

Acaba el puente, puente del Pilar, y los pilares de la tierra, esta tierra, a pesar de las profecías, siguen intactos.

En Levante diluvia y se anega la tierra del País Valenciano, o de parte de los Paissos Catalans, o de parte de España, según se mire o se quiera mirar que, de momento, mirar es libre salvo en el algún sitio donde no es libre ni la existencia ni el susurro ni el silencio.

Allí, en tierra de falacia, sangre sorteada y silencios ante el grito ruin, se recogen restos de enfrentamientos entre fascistas de uno y otro pelaje, dos fondos de grada, dos hinchadas de distintos colores y clubes siniestros, uno de negra  memoria y el otro de dramática y cruel vigencia.

El resto de la gente, la gente de agua y jabón, la que pasea a cuerpo e intercambia rondas de cañas sin acuchillarse, ni crisparse, termina el puente ocioso y prepara la nueva jornada sin gasolinas ni discursos y, resignada, asume el retorno a la tarea.

Los mercados se llenan de paseantes que saludan saludados y los niños corren, creando conflictos de territorialidad de bicicleta y coche teledirigido. Suenan leves los ecos del crepitar de las banderas de plástico y el sol reparte tibiezas entre transeúntes de todas las calañas, socializando el sopor dominical y activando alcaloides de agresivos perfumes y feromona añeja.

La semana enfoca el andén para otro recorrido y en los bancos satinados esperamos la parada y el embarque.

Domingo de resaca de estandarte. Un domingo más.

Disfrútenlo.

PATRIOTISMO DE A €URO

Mariano me está dando mucho trabajo últimamente. Está cansino y a mí cierto tipo de cansinos me enerva.
Las banderitas de plástico están bien para el público de la valla, ese público que va a vitorear o a abuchear, o a presenciar o a abuchear, o a admirar o abuchear y silbar. Pero en una tribuna de autoridades, al presidente de un partido que se dice serio, una banderita de plástico le sienta como una pistola a un santo.
Tras el video solemne y patriótico viene la pandereta y el carnaval y ahí le tienen, no abuchea que ya lo hace su clientela. Tras pedir celebración él lleva una banderita de plástico y le falta el gorrito de cartón y el matasuegras para completar la estampa.
Mientras no se respeta ni el homenaje a los que han dado su vida por España, por la idea de España que sea, en representación de España o por ser español, Mariano sujeta el tótem miniaturizado que los gritos de sus fieles ensucian.
Mariano, con el labio superior encogido, presencia la pantomima con su banderita de todo a cien, incómodo, por supuesto pues hay ciertas vulgaridades en las que un registrador de la propiedad no debería incurrir.
En el meollo del acto, un presidente, también incómodo pero encajando los gritos de la jauría, y un Rey abochornado, porque hay cosas que están por encima de los intereses electorales y poner una corona de flores requiere cierta compostura en medio del griterío de la turba marianista.
Si te quedaba vergüenza Mariano, ayer perdiste la mayoría.

MENSAJE DEL 12 DE OCTUBRE

Corrían los años ochenta cuando fui llamado a filas. Y es que entonces, antes de que la derecha más patriótica acabara de un plumazo con el servicio obligatorio a la Patria, se hacía la mili. No me avergüenzo ni me ruborizo un ápice diciéndoles que tuve enchufe, el cual me sirvió para, tras el mes de instrucción en Cerro Muriano, hacer el servicio en Badajoz, mi casa, con pase de pernocta y, habiendo aprendido mecanografía, en la Primera Sección de Estado Mayor de la entonces Brigada de Infantería Mecanizada XI, de la División Acorazada “Brunete” nº 1. La gloriosa Infantería Española cuya historia y hazañas estremecería al Marine más curtido.

Padecí, como todo el mundo, supongo, las arbitrariedades absurdas de analfabetos chusqueros que con un galón dorado se creían poseedores de tu vida y tu honra.

No obstante, a pesar de todo, teniendo entonces ya una ideología izquierdista, todavía en evolución, no tengo mal recuerdo del llamado “secuestro legal”. Aprendí responsabilidad, organización, limpieza doméstica, trámites administrativos, solidaridad, compañerismo, a parte de las otras actividades relacionadas con las armas y el combate, de menor aplicación en la posterior vida civil.

Cierto día, en una de esas, por lo general tediosas, clases teóricas, un sargento, relativamente joven, comenzó la clase preguntando a los asistentes lo que entendían por Patria. Las respuestas, previsibles en su mayoría, hablaban de Nación, País, Estado, Bandera, etc. El citado sargento, tras escuchar atentamente las disertaciones torpes de la soldada, hizo su definición de Patria que a continuación les extracto en lo que creo recordar que lúcidamente dijo:

 

“La Patria es tu familia, tu casa, tus amigos, tu forma de vida y la de tus vecinos, nuestras libertades, nuestros derechos, es lo que tenemos en común y lo que, cuando alguien lo pone en peligro, hay que defender. La bandera, que materialmente no es más que un trozo de tela de colores,  es un símbolo de todo eso y por eso se le homenajea, no es nada sagrado en sí misma, es una representación de lo nuestro.”

 

Si uno quiere, su barrio puede ser su Patria pero debe tener en cuenta que posiblemente algún vecino se sienta del barrio pero también de la ciudad entera de la que forma parte, y si, en nombre del barrio uno agrede u ofende a la ciudad, estará agrediendo y ofendiendo a su propio vecino que es tan del barrio como uno mismo. Si la ciudad mejora mejorará el barrio y en la plaza mayor se puede sentar uno a conversar con otros vecinos de barrios lejanos, compartiendo diferencias y cosas en común. La ciudad no es nada sin sus barrios o distritos y éstos no son nada sin la ciudad. Y la ciudad y los barrios, y las manzanas y las calles y las casas no son nada sin los ciudadanos.

Los ciudadanos, con sus diferencias y coincidencias, son patria y no los abanderados ni los que dan sermones de la montaña.

Tras cuarenta años de atroz dictadura excluyente en la que la Patria era una coartada para el crímen, los ciudadanos decidieron refundar la Patria votando una Constitución, con sus grandezas y sus defectos, con sus logros y sus renuncias pero vertebrando un país moderno y libre cuya espina dorsal no es una bandera o un himno sino sus ciudadanos.

Para que vean ustedes que un Servidor puede resultar solemne cuando se pone, o si prefieren, pedantón.

GABRIEL GINER

Mirada perdida tras desnudarse de las llamas.

Saludado de muerte camina, acogido de ambulancia, sabiéndose candidato casi electo de cadáver.

Desprotegido protector, nombre de arcángel, siempre objetivo y por poco objeto, o sujeto de contienda o cifra de suma larga, balance negro de falso conflicto. Serenidad de miedo viejo, calma de víctima sorteada, pudo ser pero esta vez no, libró del vacío del fuego y asiste atónito a vanas palabras de condena que obvian su ser, el dolor de piel quemada, su pánico de parapeto de los odios en tierra de horrores y mezquindades.

Gabriel Giner es pieza en la balanza de los ilegalizados y los ilegalizables. Éstos, como mucho, son carne de entre rejas.

Gabriel y muchos más son carne de fuego, ataúd o cuando menos escalofrío de miedo libre del que carece de libertad.

Gabriel camina, con huellas de llama mientras las corbatas tozudas hablan de derechos antiguos y consultas incontestables para quien no puede alzar la voz sin un Gabriel detrás.

Gabriel se cura en una tierra enferma. Gabriel es persona pero es tratado como simple síntoma de un mal endémico. Una cicatriz más en la cuarteada piel de una tierra seca de razón.

ESHPAÑOLESSSHH

Mariano, candidato a Sarkozy a la gallega, se dirige a la Nación. Un presidente de un partido, que no de la República ni Jefe de Estado, se inviste de no se qué autoridad para reclamar a todos los españoles, sean o no militantes de su partido, que festejen la hispanidad “como Dios manda”.

A los militantes de su partido ya los envía para agitar y abuchear a los “enemigos de la Patria”, enturbiando el acto oficial y no se ruboriza de vergüenza. Por un lado pide celebración y por el otro se carga el desfile en presencia de su idolatrado y defendido Rey.

La hispanidad se celebra allende los mares por los hijos desheredados de la Madre Patria con más intensidad si cabe que lo hacen los hijos legítimos que gozan de todos los derechos. Y es que allí se reconoce el valor de la cultura hispánica más que aquí, que suele negarse o intentar borrar de la memoria por parte de Carod, Ibarretxe, etc. Y mientras la malvada España reconoce las culturas autóctonas de sus territorios, respetando todos sus símbolos identitarios, los centrífugos niegan la mayor de que en sus zonas, aparte de lo propio existe lo común. La exclusión y la negación de lo obvio.

Pero todas estas absurdeces que ocurren en la piel de toro no dan legitimidad a Mariano para decirme a mí lo que debo hacer para celebrar la Hispanidad. Yo la celebraré como quiera, con normalidad. Si me apetece veo el desfile por la tele, aunque la música militar nunca me supo levantar. Pero si decido verlo seguramente tenga que apagar el televisor abochornado por la actuación de los “ultras” precalentados por el “centro derecha” y sus medios de información. La exaltación patriótica tan defendida puede convertirse en un lamentable espectáculo protagonizado por los que, en realidad, no respetan nada y se dedicarán al abucheo y el insulto.

Entonces igual me leo unas páginas del Quijote, o de Quevedo, o de García Márquez cuyas líneas son tan hispánicas como las que más.

También podría optar por asistir a los actos que la Guardia Civil de Mieres pues es también su festividad y ni Mariano ni su partido ganan en españolidad a la Benemérita que, sin ser de izquierdas ni de derechas, a nivel colectivo me refiero, es de todos los españoles sin distinción, para darles seguridad o para multarles pues a veces quien bien te quiere te hará llorar. Seguro que Ramírez, en su pequeño pueblo, también lo celebra con vino español.

Mariano, con su homilía patriótica en el Youtube, acaudillando a los españoles de bien, hace el ridículo pues es ridículo lo que dice, como lo dice o como lo lee. Mariano está nervioso, le tiembla la voz y los ojos que siguen el texto y da la sensación de que, que Mariano no es tan tonto como parece, no se cree las bobadas que le impulsan a hacer en la eterna campaña electoral.

¿Quién eres tú, Mariano, para dar mensajes institucionales? ¿Qué lecciones pretendes dar a los demás?. Si ganas las elecciones, lo cual no está tan claro, ¿con quién gobernarás?, ¿con españoles, españoles?, ¿o quizá pactes con nacionalistas en aras de la gobernabilidad?. ¿Qué harás entonces con las banderas?.

Cuando a las banderas se les da más valor que a los pueblos, sean éstas rojigüaldas, a tres o más bandas, o aspadas de cruces superpuestas, los pueblos pueden hastiarse de las mismas por el abuso de uso y sobreexposición, así como por la torticera y maniquea utilización que se hace de los símbolos comunes.

Disfruten del día, sean moderadamente felices y dedíquense al ocio y la holganza que, tras el pequeño puente, habrá que ir al puesto de trabajo a levantar España mucho más de lo que lo hace el gallego silbante, registrador excedente, que es capaz de asentar en el Catastro la parcela ibérica.

Felicidades a todos en general y a las Pilares en particular.

EL CAMINO CALCINADO DE LOS VASCOS, VIDAS COMPROMETIDAS, CONDENAS Y REYES MAGOS.

Camacho: «Parece que ETA buscaba comprometer una vida»

 

Hombre, Señor Secretario de Estado, las palabras “parece” y “comprometer” son un poco desafortunadas. No parece, Camacho, es evidente la intención viendo los resultados aunque no consiguieran su objetivo que, más que comprometer, que ya comprometieron, pretendían segar una vida. Eso me “parece” a mí tras ver las “comprometedoras” llamas.

 

Ibarretxe: «ETA no va a impedir que el pueblo vasco haga su camino»

 

En esto tiene razón el “consultómano”. El pueblo vasco hace su camino saliendo de un coche en llamas. El pueblo vasco hace su camino sin que lo impida ETA aunque el camino vaya directo a una U.V.I. móvil. El pueblo vasco se llama Gabriel Ginés, ¿o acaso no es de los vascos y vascas?,  y siguió su camino, a pesar de ETA y de las imbecilidades que usted suelta.

Muestre un poco de dignidad y sentido común, ya sé que en su caso el esfuerzo debe ser inconmensurable, y al menos, cuando una persona ha estado a punto de ser masacrada, métase en la funda del escroto su famoso plan y cumpla con su responsabilidad de gobernante.

No quiero pecar de frívolo pero tengo la sensación, seguramente equivocada, de que a usted le molestó más la detención de los chicos de las mesas, esos con los que comparte credo, que el hecho ocurrido ayer.

 

Nafarroa Bai condena el atentado y pide una reflexión a Batasuna

 

Batasuna reflexionaba como dar apoyo a ETA y fueron detenidos. Batasuna, tras las detenciones, también reflexionó ante la prensa a través de Don Pernando, que no sé si viene de Fernando o de Pernada, pues de bastardía e hijoputez anda bien surtido, y tras el atentado volvió a reflexionar hablando de “guerra”, y otras palabritas de las suyas, muy al estilo del panfleto GARA y de su preciosa editorial de la que les muestro un extracto:

 

Un agente de seguridad privada resultó herido ayer en un atentado con bomba llevado a cabo, según todos los indicios, por ETA, en el barrio bilbaino de Abusu. El escolta Gabriel Ginés presta sus servicios para una empresa de seguridad española que tiene entre sus principales clientes a instituciones, entre las que destacan los ministerios de Defensa e Interior, y se ocupaba en la actualidad de proteger al concejal del PSE en Galdakao Juan Carlos Domingo. El atentado, con sus consecuencias humanas de sufrimiento, se produce en un contexto político inmediato marcado por una redada policial que ha llevado a prisión a 17 independentistas. Editorial. GARA

 

Como verán, el editorial es “de libro”. Se incide en describir a la víctima y su actividad, la españolidad de la empresa, la malignidad de los clientes de la misma, y luego habla de “consecuencias humanas de sufrimiento”, las cuales son colaterales y una minucia si los comparamos con la gravedad en que se halla el “contexto político inmediato” y la situación de los diecisiete. Y lo malo no es lo que escriben sino que se lo crean y éstos, como buenos fieles, seguro que se lo creen pues su fe es similar a la que profesan los talibanes.

Y hablando de talibanes y otras joyas de la humanidad, ayer, mi hija pasaba las páginas de un periódico. No, no lee todavía, pero mira “los santos” y, entre los santos se hallaba una foto de un señor de turbante blanco y barba gris que al parecer lidera una multinacional del terror y lo mismo derriba rascacielos que vuela trenes, aunque Pedro J. y Losantos no lo crean. Vamos que el señor de la foto en la que se detuvo la niña era Bin Laden y, al verlo dijo “Mira, un Rey Mago”. Pues eso, una niña de cuatro años ve un mago de oriente donde hay un criminal, pero la niña tiene menos información que los que ven en Pernando Barrena, y a otros de su ralea, a un político en vez de a un malnacido delincuente.