EL DÍA DE LA MARMOTA, OTRA VEZ
CONSEJOS PEDAGÓGICOS PARA LOS PADRES DE POZUELO
A ver si aprenden los papás de los niños pijos de Pozuelo en vez de quejarse del castigo impuesto por un juez. Porque, si no se han percatado, ahora son los jueces los que educan a los zagales revoltosos y, cuando se pasan, les prohíben salir los fines de semana porque, claro está, los padres y las madres no están para castigar ni para prohibir a la pobre juventud del Lacoste y la litrona a base de Cardhu.
VALENCIA
DE ALERGIAS
El caso es que el pasado mes de Julio, en el primer día de las vacaciones, uno se dispuso a tomar la medicación prescrita por el estomatólogo, ese médico que, por desgracia para mí, se ha convertido en uno más de la familia.
Y es que uno, por el abuso compulsivo del Ducados, sumado a cierta dejadez a la hora de hacer revisiones periódicas de la piñata, tiene la misma en proceso de restauración y el citado médico se está ensañando conmigo al estilo de ese chico vasco del norte de Europa que nos monta estanterías por televisión. Y es que tira de taladro y llave de carraca y ya tengo más titanio en las quijadas que el mismísimo Gugenheim.
Y entre ferralla y ferralla, la materia prima original va rindiéndose ante la evidencia y, de vez en cuando, me regala una de esas molestias tan simpáticas que sólo se arreglan a base de tenaza, para luego reponer el desaguisado con bricolaje.
Y es que mi dentista es de Bilbao, sí, del mismo Bilbao, y del Atlhetic, aunque tiene un apellido gallego "Pazos", como el de Meirás, y otro italiano "Copolla", sí, como Francis Ford y, será por eso que cuando entro en su consulta me llevo las manos a la cabeza y susurro: "El Horror" y, cuando gentilmente empieza a insertarme sus jeringas anestesiantes por el paladar suele decirme, o a mí me parece oirle, "No es nada personal, son negocios". Y tanto que son negocios que, calvarios aparte, me está saliendo que ni el sobrecoste del Puerto de Gijón.
Bueno, pues toda esta masacre precisa medicación y entre ellas se encuentra el Ibuprofeno, que rima con Nepomuceno, mire usted por donde, y los antibióticos.
Y en esas estábamos, retomando lo del inicio de mis vacaciones, que, tras tomar sendas dosis de antiinflamatorio y amoxiciclina, pasé una noche de perros y amanecí con la cara como un pan y los brazos llenos de ronchas e inflamados.
Como estaba claro que iban a ir por ahí los tiros pues no volví a tomarlos a la espera de la analítica, y a ahí andamos.
Toda la vida tomando esas porquerías y ahora el cuerpo, que es sabio aunque imperfecto, ha dicho basta.
Y es que los organismos, cuando, por su propio bien, o eso dicen, son machacados con los mismos remedios chapuceros pues al final reaccionan y se rebelan.
Y apliquen esto a todos los remedios chapuceros a los males que quieran y a los organismos que les plazca.
La reacción alérgica puede surgir de la noche a la mañana.
UN CARAMELO A LA PUERTA DE UN COLEGIO
El Gobierno de España, en su honda preocupación por los desfavorecidos, decidió suspender el asueto estival para aprobar una ayuda a los parados que no reciben nada.
Leído así, tal y como se escribió aproximadamente, pues la estampida hacia la detestada cola de las esperanzas rotas era de esperar pues no está la cosa como para rechazar emolumentos, por muy míseros que estos sean.
Que es que todo se debe y el banco tiene menos paciencia que el tendero, y los niños se visten, y estudian, y los libros de texto se pagan como incunables y además, ay, los niños comen. Tienen ese vicio, qué se le va a hacer.
Y cuando llega el levemente esperanzado desocupado, el triste funcionario, triste de triste y de ver gente triste, le pregunta que cuándo dejó de cobrar. Y el hombre, o la mujer, el parado o la parada, yá ni lo recuerda y el señor, en letanía gastada por el uso, le dice que los cuartos son para los que dejaron de cobrar a partir del uno de agosto.
Pero es que el uno de agosto yo no cobré, oiga, ni el de julio ni el de junio que lleva uno con los brazos caídos desde antes de que empezara lo que llamaron desaceleración.
Pues entonces nada, amigo mío, no tiene usted derecho a la dádiva zapateril.
Vamos a ver, vamos a ver, que no me quiero cabrear, cojones yá. El que dejó de cobrar el uno de agosto tiene probablemente menos números rojos que el que dejó de cobrar en marzo, que los tendrá violeta, los números y los cojones, o los ovarios o lo que corresponda. Y tendrá la situación mucho más precaria y bastante menos paciencia para ir a visitar al señor triste del INEM que, además de fibra, necesitará ansiolíticos viendo lo que ve y escuchando lo que escucha.
Y como la paciencia tiene un límite y cuando a uno lo torean demasiado pues aprende a embestir por donde no debiera. Y yá no entra al trapo, que va al torero y éste no escapa de la cornada por mucha cintura que tenga, como la tiene nuestro presidente que, por la derecha o al natural, lleva dando pases demasiado tiempo. Y toda faena tiene un límite y luego vienen los avisos, los pitos, las almohadillas, etc.
Como titular de agosto estuvo bien, pero claro, tras el titular viene la letra pequeña y con las cosas de comer, repito, de comer, no se juega.
VERANO
Ruego disculpen Vuesas Mercedes mis ausencias por estos lares. Si es que alguien me echó en falta que no quiero pecar de pretencioso.
Y es que anduve desconectado de estas cortes virtuales donde se hace, hoy en día, más sociedad que en la vida real.
No obstante les diré que socialicé, pero en carne y hueso, y hueso y carne tenía el magnífico cordero a la estaca que degusté por tierras de Laviana, amablemente invitado, con lo que el sabor fue más intenso por ser de gorra.
También me embadurné de salitre cantábrico por la playa de San Lorenzo, sorteando olas con mi hija que, en una versión transgresora de la sirenita, tira más al mar que al monte, vamos, que tiene vocación de pez y acabarán saliéndole escamas y a mí, por obligado acompañante de zambullidas, una aleta en la chepa que yá la pillara Spielberg en sus buenos tiempos.
Y como lo uno lleva a lo otro pues también me embadurné de sol. De un sol criminal, renegado por infrecuente, que se ensañó con mis cueros mutándome en nécora cocida.
Es lo que tiene el verano, aunque sea un verano raro e inclemente, que desengancha a uno de la maraña interactiva y lo relaja, a veces, cuando no anda a remojo de espumas o rebozado de arena y rayo ultravioleta.
Pero no crean que tardaré en cansarles con mis despotriques, que seguro que a la vuelta hay tela que cortar y, ahora, qué quieren que les diga, no me apetece sacar "serpientes de verano" que de reptiles andamos servidos.
Diviértanse.
CUARENTA Y CUATRO
POR FAVOR, MANTENGA LIMPIA SU CIUDAD.
Si usted, estimado lector, cuando deambula, pasea, transita, vacaciona o trabaja, ve a alguna de estas criaturitas por la calle, no lo dude un instante, hágale un favor a sus conciudadanos y llame al 091, 062 o 112.
A ver si es posible que en breve, estas fotos estén en las Herriko Tabernas, como idolatrados presos o "represaliados", o en carteles puestos por afectados familiares o simpatizantes de la causa de la hijoputez supina.
Y lo hago porque cada vez me gustan menos los funerales, los de Estado, los de gente uniformada o sin uniformar, los himnos y las medallas a título póstumo y las manifestaciones de condena.
Cada vez me gustan menos y, de gustarme algún funeral, preferiría ver alguno con fondo de txalaparta, dantzari e Ikurriña con crespón negro, cuyo protagonista hubiera fallecido por "accidente laboral" al ir a colocar alguno de los artefactos tan peligrosos con los que trabaja esta gentuza, que no respeta la mínima normativa de "seguridad laboral" y luego pasa lo que pasa, aunque pasa poco para lo que uno quisiera.
Estos son, probablemente, los chicos que nos están dando el verano y, si no se remedia con su colaboración, seguirán revolviéndonos las tripas y empachándonos de rabia cuando deberíamos estar hartándonos de gazpacho, pescaíto y tinto de verano.


