Vergüenza no me daría haber preparado una oposición, aprobarla, formarme en Derecho Penal, Constitucional, Administrativo, Civil, Primeros Auxilios, Deontología profesional, Psicología, Sociología, etc.
Vergüenza no me daría haber recorrido media España y comprobar que es más lo que nos une que lo que nos separa.
Vergüenza no me daría ver el gesto de agradecimiento de una anciana cuando le recuperas la pensión recién robada, evitar suicidios, asistir heridos y moribundos, consolar familiares de víctimas mortales, rescatar personas en catástrofes, proteger mujeres maltratada;, detener maltratadores, chorizos, traficantes, violadores, estafadores, etc., sin atender a raza o condición por mucho que les pese en Lavapiés. .
Vergüenza no me daría tener que ver todo aquello que la mayoría, bien-pensantes incluidos, nunca quiere ver.
Vergüenza no me daría ser objetivo terrorista de uno u otro signo. Vilipendiado por derechas y por izquierdas según convenga al grupo mediático que corresponda.
Vergüenza no me daría enterrar compañeros honrados que dieron todo por su profesión y por los demás.
Vergüenza no me daría jugarme el pellejo por quién te desprecia, te criminaliza por sistema y te amenaza con despojarte del uniforme diciendo que paga tu sueldo y que no sabes con quién estás hablando.
Dirigido por políticos ineptos, siempre irresponsables e interesados, siempre mal pagado y mal querido por este país sectario, dogmático y tribalista de hijos de Caín.
No, vergüenza no me daría, al que le dé que se joda.
ESO NO ES DEMOCRACIA
Las instituciones están investigando los posibles excesos de la Policía en los últimos sucesos de Sol, los sindicatos policiales reconocen excesos y reclaman el esclarecimiento y a buen seguro que el contundente peso del régimen disciplinario y de la acción judicial caerá sobre los interesados.
Esto debería consolar a los inconsolables pero no, en la deriva anarcoide que están tomando tanto los que en principio se movilizaban de manera justa y pacífica, cómo el apoyo interesado y demagógico de los medios de comunicación y la pasividad electoralista de nuestros políticos, ahora surgen en las redes sociales unos engendros a modo de tribunales populares, o sea, comités de linchamiento, dónde se difunden masivamente las imágenes de los rostros de los agentes supuestamente implicados.
Pronto publicarán, si no lo han echo yá, los datos personales de los mismos, los cuales, a parte de la sanción que se les imponga a nivel administrativo y judicial, tendrán que acabar mudándose y escondiéndose para evitar a grupúsculos de indignados profesionales.
Esas páginas, por supuesto, sirven de plataforma para todo tipo de soflamas violentas de todo el abanico radical. Y eso no es democracia.
Eso es menos democracia que la deficitaria que tenemos ahora.
Porque democracia es también respetar las leyes, también esas en las que se regulan los derechos de reunión y manifestación, acatar las órdenes legítimas de la policía cuando ésta está interviniendo, no increpar, no provocar reacciones en los demás en contra de los actuantes, etc.
No todo vale y, si eso es lo que se pretende, menudo porvenir nos espera conociendo la historia cainita de este país tan dado a la masacre.
A PROPÓSITO DE... (Post con dedicatoria implícita)
El que aparezca la moderación de comentarios de nuevo se debe, como muchos supondrán, a la actitud patológica de algún visitante, tal y como se refleja en mi post anterior.
Esta moderación no es óbice para que no se publiquen los comentarios críticos ni mucho menos, es más animo a la participación crítica en esta casa como siempre he hecho.
Ahora bien, si el discrepar de mis opiniones supone el ataque personal, la injuria por sistema, invito a quién tenga la tentación de hacerlo que, para esos temas, utilice otros foros, como puede ser la conversación en vivo, que siempre es más constructivo que el anonimato que supuestamente proporcionan las nuevas tecnologías.
El que ataca personalmente es porque, supuestamente, parcial o totalmente, conoce a la persona objeto de su mala baba, y cuando menos es de muy mal gusto hablar de la vida de nadie en un sitio público (aunque con propietario) de forma enmascarada. No obstante les diré que siempre me la trajo bien floja lo que la gente, sobre todo cierta gente, pudiera pensar de mí.
Así que discrepen, critíquenme sin piedad en lo que escribo, lo que pienso, en mis razonamientos o desvaríos, en lo que publico libremente en mi blog, que es mío, y en dónde puedo estar acertado o errado, pero el que pretenda bronca en lugar de discusión que busque otros lugares, con o sin padrinos.
Disfruten del video que no tiene desperdicio.
ESTUPEFACIENTES DE TODA LA VIDA
He visto sus caras en televisión. En alguno de esos canales presentados por androides teledirigidos. He visto sus extemporáneas sonrisas, sus cánticos y danzas sin sentido.
Son legión, a miles se reparten por la ciudad, abrazándose, besándose, enarbolando sus lisérgicos colores, henchidos de alegría ilógica para un estado sobrio.
Miran a las cámaras con las pupilas dilatadas y carcajean como autómatas.
Está claro, una droga virtual, antigua como la humanidad, causa efectos devastadores en la juventud.
No es lógico que un anciano vestido de blanco, armado con una sonrisa no menos estúpida que la de sus seguidores, cause tanta adicción sino fuera porque él es el gran camello.
La sustancia distribuída no es tangible ni aprehensible, la droga se llama fe y como todas las demás altera la conciencia, el sentido de la realidad y la razón.
Hay diversos derivados con el mismo principio activo, a cada cual más nocivo. El que asola ahora Madrid y buena parte de Occidente y otros que, en varios puntos del planeta, han causado más de una tragedia.
Drogas de diseño, de precisa arquitectura química, que llevan al adicto a la perdición.
ANTISISTEMA DE CORBATA
No voy a referirme a esos chicos de las algaradas, a los que se vanaglorian de echar policías del barrio, grabando sus supuestas victorias con el IPAD, al intentar impedir que se detenga o identifique a ciudadanos delincuentes o infractores, a los cuales, su condición de minoría étnica les exculpa, según los concienciados jovenes twitteros, de no pagar el metro o traficar con drogas. Ese es otro tema, anecdótico, y el Estado, cuando la mezquina conveniencia política lo considere oportuno, acabará imponiendo la legitimidad de las leyes.
Voy a hablar de otros antisistema que nada tienen de perroflautas, ni llevan rastas ni elevan sus gritos por las calles o las plazas.
Estos antisistema ejercen su torpedeo de los pilares del Estado desde las televisiones, periódicos de gran tirada, escaños parlamentarios y, sobre todo, judicializando lo inimaginable en un país serio.
Llevan perpetrando sus fechorías desde que perdieron unas elecciones y se dedicaron a fabular una sangrienta y maquiavélica conspiración que no se le habría ocurrido ni a Dan Brown, el del Código Davinci.
ETA fue siempre su gran baza. Aprovechar la indignación y el dolor de las víctimas para manipularlas tanto a ellas como al resto de ciudadanos hartos de la barbarie de los socios de BILDU siempre les fue bien.
Así surgieron Peones Negros y resucitaron extremistas movimientos que, aliados con el marido de la modista, pretendieron vincular al gobierno, su partido, las fuerzas de seguridad y a ETA, en un infumable gazpacho, para hacerlos responsables de la mayor masacre de nuestra historia reciente.
Recuerdo al entrañable Labordeta consolando en el Congreso a un policía con el que se ensañaron pretendiendo cargarle con el peso de los cadáveres de Atocha. Quién iba a decir que Labordeta se iba a ver defendiendo la honradez de un policía, pero eso es síntoma de sentido democrático y madurez política.
Desde entonces su mayor afán ha sido judicializar la lucha antiterrorista. Ahora va de faisanes la cacería y han conseguido procesar a gentes de intachable currículum en la defensa de la seguridad del Estado y de sus ciudadanos.
Claro que la seguridad, más la del Estado que la de los ciudadanos, tiene entresijos ocultos, difíciles de entender, cloacas, como les llaman algunos, pero todo país necesita de alcantarillado, nos guste más o menos, y ese alcantarillado sanitario debe ser supervisado, como no, controlado, fiscalizado, pero los secretos del Estado no se dirimen en un banquillo de los acusados cuando el país es un país serio.
Pretender encarcelar a servidores públicos por mor de derrotar al adversario político no es más que un acto de irresponsabilidad y de antisistemismo radical, que igual trae consecuencias cuando les toque a ellos liderar el sistema al que están minando.
Voy a hablar de otros antisistema que nada tienen de perroflautas, ni llevan rastas ni elevan sus gritos por las calles o las plazas.
Estos antisistema ejercen su torpedeo de los pilares del Estado desde las televisiones, periódicos de gran tirada, escaños parlamentarios y, sobre todo, judicializando lo inimaginable en un país serio.
Llevan perpetrando sus fechorías desde que perdieron unas elecciones y se dedicaron a fabular una sangrienta y maquiavélica conspiración que no se le habría ocurrido ni a Dan Brown, el del Código Davinci.
ETA fue siempre su gran baza. Aprovechar la indignación y el dolor de las víctimas para manipularlas tanto a ellas como al resto de ciudadanos hartos de la barbarie de los socios de BILDU siempre les fue bien.
Así surgieron Peones Negros y resucitaron extremistas movimientos que, aliados con el marido de la modista, pretendieron vincular al gobierno, su partido, las fuerzas de seguridad y a ETA, en un infumable gazpacho, para hacerlos responsables de la mayor masacre de nuestra historia reciente.
Recuerdo al entrañable Labordeta consolando en el Congreso a un policía con el que se ensañaron pretendiendo cargarle con el peso de los cadáveres de Atocha. Quién iba a decir que Labordeta se iba a ver defendiendo la honradez de un policía, pero eso es síntoma de sentido democrático y madurez política.
Desde entonces su mayor afán ha sido judicializar la lucha antiterrorista. Ahora va de faisanes la cacería y han conseguido procesar a gentes de intachable currículum en la defensa de la seguridad del Estado y de sus ciudadanos.
Claro que la seguridad, más la del Estado que la de los ciudadanos, tiene entresijos ocultos, difíciles de entender, cloacas, como les llaman algunos, pero todo país necesita de alcantarillado, nos guste más o menos, y ese alcantarillado sanitario debe ser supervisado, como no, controlado, fiscalizado, pero los secretos del Estado no se dirimen en un banquillo de los acusados cuando el país es un país serio.
Pretender encarcelar a servidores públicos por mor de derrotar al adversario político no es más que un acto de irresponsabilidad y de antisistemismo radical, que igual trae consecuencias cuando les toque a ellos liderar el sistema al que están minando.
DEMOCRACIA REAL
Se hace saber que a partir de la fecha quedan abolidos todos los parlamentos, los ayuntamientos, delegaciones del gobierno o cualquier otro centro de poder.
A partir de ahora serán los ciudadanos los que, estén en el lugar que estén, previa asamblea espontánea, quienes decidirán las normas y cómo han de aplicarse.
La comisión de delitos u otras infracciones serán juzgados in situ por el pueblo soberano.
Se podrá ocupar cualquier plaza o espacio público en el momento que sea oportuno, se moleste o coaccione a quién sea, siempre que se haga por una causa de las que consideramos justas en las asambleas dispersas por otros espacios públicos del territorio.Concentraciones llevadas a cabo por otras causas o motivaciones que no coíncidan con las reivindicaciones conocidas podrán ser objeto de desalojo democrático por parte de nuestros asamblearios.
Toda persona que se considere víctima de un delito podrá acudir a la policía que actuará siempre y cuando se considere oportuno por parte de los ciudadanos indignados que se encuentren en el lugar.
Las nuevas normas se irán haciendo públicas mediante twitter una vez aprobadas en las pertinentes asambleas.
Debate sobre el estado de... Zapatero. Versión resumida.
- Que estoy bien, apenado, melancólico, pero bien y aguanto hasta el año que viene y haré lo que tengo que hacer o lo que dicen que debo hacer aunque no tenga nada que ver con lo que dije que iba a hacer.
- Que te vayas, que convoques las elecciones que voy a ganar y voy a hacer yo lo que ibas a hacer tú, pero yo lo haré convencido y sin remordimientos, si Esperanza me deja, claro. Ah, se me olvidaba, que lo de Bildu.
Grupos minoritarios.-
- Que muy mal, que los cupos, que el autogobierno, que yá sabes.
- ¿Y para "ejto" tanto?
KEPA DEL HOYO HERNÁNDEZ. (Algo personal)
Dicen que el tiempo lo cura todo, yo no lo creo y hay males traumáticos que retornan cada cierto tiempo a modo de tsunami cargado de sales de vacío. No quise desde entonces volver sobre la herida ni recrearme en los autores de la hazaña que, quizá, más marcó mi existencia. Pero ayer algo me llevó a navegar la red y a precisar verle de nuevo la cara.
Este chico de la foto, yá no tan chico pues en la actualidad está algo desmejorado, algún que otro día, me puso algunas cañas, me sirvió algún plato de menú y respondía a algunas bromas que le hacía mi amigo Modesto que le vio crecer en el barrio obrero de Santutxu.
Yá apuntaba maneras de acémila, sobre todo al acoger la típica uniformidad de todo proetarra que se precie, por mucho que uno tenga unos apellidos de poco pedigrí étnico. Quizá fuera eso lo que le llevó a reafirmarse para alinearse con la barbarie.
Este hijo de puta, al menos quince días antes de consumarse su horrenda catarsis de integración en la manada, también me sirvió alguna caña pero, esta vez, ya había forzado o había colaborado para que forzaran la cerradura del Rover en el que monté durante todo un fin de semana. El Rover de mi amigo porque, según él, era más seguro usar el suyo que el que llevábamos, portador de una españolísima matrícula de Madrid. Alguna discusión con Modesto me costó el que no reparara la violentada cerradura, hecho que atribuía a algún choricete del barrio.
A parte de hijo de perra debía ser vago hasta para asesino pues no fue a buscar a su víctima muy lejos, fue a lo fácil, a lo cercano.
Por desgracia y para más INRI, el energúmeno nació en Almendralejo y no en Galdákano, tal y como consta en su ficha de martirilogio (reinventando las biografías), y ahora debe andar por la cárcel de Badajoz, contaminando el aire honrado de mi tierra con su aliento de reptil pútrido.
Algo me llevó a acordarme de tí, rata comemierda. Quizá sea el que de nuevo esté tu foto por los ayuntamientos "democráticos" en los que la nueva franquicia gobierna. Quizá sea eso o que precisaba vomitar las bilis que provocaste.
Mi mejor deseo para tí, pésimo camarero, es una muerte dolorosa por algún mal incurable, tan incurable como el cáncer que se extiende de nuevo por la cuna de la infamia. La misma infamia que hacía que los que se decían amigos se escondieran para no salir en la foto de un funeral por un hombre honrado. Que te hagan homenajes y que se vean crespones negros en las ikurriñas de los balcones de las gentes de tu baja calaña.
En tanto eso no ocurre, yo, de momento, me he quedado algo más a gusto.
MALOS AUGURIOS
Era de esperar. Poco a poco, todo va degenerando y un barco con muchos timoneles corre el riesgo de acabar a la deriva. La eternización estática comienza a cansar los entornos y la amalgama heterogénea va dejando paso a otras éticas y estéticas que intentarán imponerse. Estéticas a las que estábamos más acostumbrados y cuya espontaneidad no lo es tanto.
Primero sutilmente, como quién no quiere la cosa, pequeños gestos de entorpecimiento inapreciables pero suficientes para consagrar la teoría de la acción-reacción.
Los medios, que se resisten a la crítica abierta, comienzan a estar incómodos en los otrora paraísos primaverales de la jaima estudiantil. La derecha mediática pide mano dura o mano blanda, dependiendo de dónde y cómo, como siempre. La izquierda no sabe de dónde sacar partido y, desorientada por naturaleza, se pierde en la entelequia mientras las melenas brillantes van siendo sustituídas por la rasta. Y no tengo yo nada en contra de las rastas, allá cada cual, pero creo que se puede entender a qué me refiero.
Los imputados ocupan sus escaños con obscenidad bendecida por crucifijos pero sus escaños les han sido dados por los votantes, que la gente votó, y más que otras veces, nos gusten los resultados o no y debe la justicia terminar su trabajo. Todo sigue igual aunque en la calle haya ruído, ruído que irá a más, me temo, pero aun con razones, los ecos se irán apagando por el hastío si no se innova en las estrategias.
El sitiar los parlamentos no creo que sea buena idea a no ser que lo que se quiera no sea reformar la democracia sino abolirla.

Primero sutilmente, como quién no quiere la cosa, pequeños gestos de entorpecimiento inapreciables pero suficientes para consagrar la teoría de la acción-reacción.
Los medios, que se resisten a la crítica abierta, comienzan a estar incómodos en los otrora paraísos primaverales de la jaima estudiantil. La derecha mediática pide mano dura o mano blanda, dependiendo de dónde y cómo, como siempre. La izquierda no sabe de dónde sacar partido y, desorientada por naturaleza, se pierde en la entelequia mientras las melenas brillantes van siendo sustituídas por la rasta. Y no tengo yo nada en contra de las rastas, allá cada cual, pero creo que se puede entender a qué me refiero.
Los imputados ocupan sus escaños con obscenidad bendecida por crucifijos pero sus escaños les han sido dados por los votantes, que la gente votó, y más que otras veces, nos gusten los resultados o no y debe la justicia terminar su trabajo. Todo sigue igual aunque en la calle haya ruído, ruído que irá a más, me temo, pero aun con razones, los ecos se irán apagando por el hastío si no se innova en las estrategias.
El sitiar los parlamentos no creo que sea buena idea a no ser que lo que se quiera no sea reformar la democracia sino abolirla.
"EL ANTIDISTURBIOS", ese gran desconocido.
En estos días tempestuosos, días de indignación, días de primavera juvenil y de flores de esperanza en medio de lo que parecía la resignación al atropello del statu quo sociopolítico, hay unos personajes, protagonistas muy a su pesar, de los que se está hablando, según mi parecer, un poco a la ligera.
Como miembros de una institución pública de un sistema democrático son objeto de crítica legítima, como no podría ser de otra forma, pero me veo moralmente obligado a intentar aclarar cierta confusión de términos que existen tanto en los medios como en los ciudadanos que, de forma comprensible, exacerban la crítica convirtiéndola en saña generalizadora y sectaria contra un colectivo que, por lo general, es un ideal chivo expiatorio en estas catarsis colectivas.
Asisto estupefacto a la resurrección de tópicos del franquismo como, por ejemplo, "desertores del arao", "fascistas", "descerebrados", "sádicos" y otras lindezas por el estilo.
Por supuesto que cada uno puede pensar como quiera, faltaría más, pero quizá se equivoque o le guste equivocarse con algunos aspectos del funcionamiento de un sistema democrático. Por esto mismo desde ahora advierto a navegantes en el sentido de que este artículo no va dirigido, ni por asomo, a personas que no creen en la democracia desde cualquier extremo del espectro ideológico, es decir, el fascista real y el anarquista antisistema puede ahorrarse el perder el tiempo en estas elucubraciones mías.
En España (me voy a limitar al ámbito estatal), el "antidisturbios", en contra de lo que muchos podrían pensar, no es un robot ni una acémila a la que se recluta de entre los más bestias de la clase o del barrio marginal. No existe una unidad "antidisturbios", existen las Unidades de Intervención Policial, creadas por Real Decreto 1668/1989 de 29 de diciembre, dentro del Cuerpo Nacional de Policía, no me voy a entretener con su análoga en la Guardia Civil. Se trata de una especialidad dentro del CNP, hay que ser primero policía y para entrar en dicho cuerpo no se exigen sólo las cuatro reglas, como alguno podría pensar, y en la oposición, en el apartado teórico, entre otras materias se exige demostrar conocimientos en Derecho Penal, Procesal Penal, Derecho Constitucional, Administrativo, Sociología, Psicología, Informática, etc. Dentro de la sociología se tratan temas como la violencia de género, la globalización, los derechos humanos, las drogas, etc. Superada la oposición se accede a un proceso selectivo de formación en el Centro que existe en Ávila, con prácticas en distintas plantillas.
Centrándonos en la especialidad a la que nos referimos, a la cual hay que acceder también mediante concurso oposición dentro del Cuerpo, vamos a volver al Real Decreto antes citado, el cual desglosa las funciones de estas Unidades:
Bajo la visera de la gorra, o del casco, según proceda, existe un ser humano, un españolito de a pie, aunque no lo crean, que tiene sus virtudes, sus defectos, sus problemas y un trabajo no siempre agradable pero que alguien tiene que hacer. Un trabajo mal pagado y de escaso o nulo reconocimiento popular, para qué nos vamos a engañar.
Si usted, estimado lector, es de los que no reconoce ningún tipo de autoridad, está perdiendo el tiempo leyendo este artículo. Si, por el contrario, asume los principios de la democracia, sabrá que existe la autoridad, autoridad legítima que emana del pueblo mediante el voto, y que la ejercen los cargos electos y los jueces y tribunales. Los policías no son autoridad, son agentes de la misma en el ejercicio de sus funciones. Por supuesto que no siempre esa autoridad se ejerce como debiera pero existen mecanismos para corregir esas irregularidades. Mecanismos contundentes donde los haya cuando al que hay que corregir es al funcionario público, último eslabon del posible desmán.
No voy a tratar la intervención policial cuando hay graves alteraciones del orden de evidente violencia contra bienes y personas. Voy a tratar la intervención cuando la concentración o manifestación es considerada pacífica.
El que una concentración o manifestación sea pacífica no siempre supone que no altere el orden público. La ocupación del espacio público, de las vías y las plazas, aun siendo pacífica, puede llegar a suponer una vulneración de derechos de la mayoría de los ciudadanos.
Considerando, como buen demócrata que soy, no se equivoquen, la intervención policial como el último recurso a agotar, puede ocurrir que la ocupación prolongada del espacio público, a parte de ocasionar evidentes perjuicios y molestias a otros ciudadanos y colectivos como los comerciantes, puede llegar a crear distintos riesgos sanitarios y de seguridad colectiva. Me reconocerán que en situaciones normales nadie admitiría en la plaza de un pueblo cualquiera una acampada de indigentes o sin techo de los de verdad.
Es la autoridad política, por lo general gubernativa, quién, ajustándose a derecho, debe valorar cuando hay que poner fin a este tipo de situaciones atendiendo al bien colectivo. Ningún mando policial tiene potestad para ordenar una carga de motu propio salvo situaciones de inmediata y extrema urgencia.
Una vez que el político toma la decisión, ordena a las fuerzas de seguridad el desalojo o la disolución de la concentración.
¿Quiere decir ésto que en ese momento al policía le salta un fusible y se le dispara la porra contra el indefenso manifestante?. Pues no.
Se advierte a los concentrados de que deben abandonar el lugar. Primero se les solicita y luego se les ordena. Sí, se les ordena pues si la orden política es legal, el policía está entonces investido de la autoridad de la que es agente.
Si el grupo acata la demanda policial pues aquí paz y después gloria. El manifestante a su casa o a tomar cañas y el policía a la suya o a tomar cañas con el manifestante, que cosas veredes.
Si el grupo se resiste de forma violenta pues, qué les voy a contar, acaba todo como el Rosario de la Aurora.
Si opta, sin embargo, por la resistencia pasiva pues... al final acaba igual. Y aquí es dónde el común de los mortales se lleva las manos a la cabeza. Y voy a reconocer que las imágenes que tanto repiten los medios de comunicación no son agradables, pero tampoco es agradable la situación para el que está trabajando y tiene que desalojar en un tiempo determinado a gente que no le ha hecho nada y con la que, en más ocasiones de las que ustedes se creen, está más que de acuerdo y tiene bastante en común.
Si alguien tiene la receta para desalojar un espacio público mediante buenas palabras pues que me lo haga saber y daré traslado a quién corresponda.
En todos los países democráticos existen, en los no democráticos ni les cuento, unidades de este tipo y se dan situaciones parecidas. Y habrá quién hable de "perros del capitalismo", "sicarios del poder" y otros calificativos por el estilo refiriéndose a gentes que también están hipotecadas, que difícilmente llegan a fin de mes y que, de ello doy fé, sienten más satisfacción rescatando víctimas en una catástrofe que disolviendo manifestaciones a las que ellos mismos se sumarían.
Sin pretender que esto sea un ejercicio de autobombo corporativista, reconociendo que existen, como en todo ámbito, algunos excesos y actuaciones no deseables y condenables, con más motivo cuando se trata de profesionales de la seguridad, me dispongo a recibir todo tipo de críticas y flores varias que vendrán, en muchos de los casos, de progresistas de catecismo a los que quisiera ver con responsabilidades en este tipo de situaciones.
Como miembros de una institución pública de un sistema democrático son objeto de crítica legítima, como no podría ser de otra forma, pero me veo moralmente obligado a intentar aclarar cierta confusión de términos que existen tanto en los medios como en los ciudadanos que, de forma comprensible, exacerban la crítica convirtiéndola en saña generalizadora y sectaria contra un colectivo que, por lo general, es un ideal chivo expiatorio en estas catarsis colectivas.
Asisto estupefacto a la resurrección de tópicos del franquismo como, por ejemplo, "desertores del arao", "fascistas", "descerebrados", "sádicos" y otras lindezas por el estilo.
Por supuesto que cada uno puede pensar como quiera, faltaría más, pero quizá se equivoque o le guste equivocarse con algunos aspectos del funcionamiento de un sistema democrático. Por esto mismo desde ahora advierto a navegantes en el sentido de que este artículo no va dirigido, ni por asomo, a personas que no creen en la democracia desde cualquier extremo del espectro ideológico, es decir, el fascista real y el anarquista antisistema puede ahorrarse el perder el tiempo en estas elucubraciones mías.
En España (me voy a limitar al ámbito estatal), el "antidisturbios", en contra de lo que muchos podrían pensar, no es un robot ni una acémila a la que se recluta de entre los más bestias de la clase o del barrio marginal. No existe una unidad "antidisturbios", existen las Unidades de Intervención Policial, creadas por Real Decreto 1668/1989 de 29 de diciembre, dentro del Cuerpo Nacional de Policía, no me voy a entretener con su análoga en la Guardia Civil. Se trata de una especialidad dentro del CNP, hay que ser primero policía y para entrar en dicho cuerpo no se exigen sólo las cuatro reglas, como alguno podría pensar, y en la oposición, en el apartado teórico, entre otras materias se exige demostrar conocimientos en Derecho Penal, Procesal Penal, Derecho Constitucional, Administrativo, Sociología, Psicología, Informática, etc. Dentro de la sociología se tratan temas como la violencia de género, la globalización, los derechos humanos, las drogas, etc. Superada la oposición se accede a un proceso selectivo de formación en el Centro que existe en Ávila, con prácticas en distintas plantillas.
Centrándonos en la especialidad a la que nos referimos, a la cual hay que acceder también mediante concurso oposición dentro del Cuerpo, vamos a volver al Real Decreto antes citado, el cual desglosa las funciones de estas Unidades:
- Colaboración en la protección de SS. MM. los Reyes de España y altas personalidades nacionales y extranjeras.
- Prevención, mantenimiento y restablecimiento, en su caso, de la seguridad ciudadana.
- Intervención en grandes concentraciones de masas, reuniones
en lugares de tránsito público, manifestaciones y espectaculos públicos. - Actuación y auxilio en caso de graves calamidades o catástrofes públicas.
- Actuación en situaciones de alerta policial, declarada, bien
por la comisión de delitos de carácter terrorista o de delincuencia
común y establecimiento de controles y otros dispositivos policiales. - Protección de lugares e instalaciones en los supuestos en que así se determine.
- Intervención en motines y situaciones de análoga peligrosidad.
Bajo la visera de la gorra, o del casco, según proceda, existe un ser humano, un españolito de a pie, aunque no lo crean, que tiene sus virtudes, sus defectos, sus problemas y un trabajo no siempre agradable pero que alguien tiene que hacer. Un trabajo mal pagado y de escaso o nulo reconocimiento popular, para qué nos vamos a engañar.
Si usted, estimado lector, es de los que no reconoce ningún tipo de autoridad, está perdiendo el tiempo leyendo este artículo. Si, por el contrario, asume los principios de la democracia, sabrá que existe la autoridad, autoridad legítima que emana del pueblo mediante el voto, y que la ejercen los cargos electos y los jueces y tribunales. Los policías no son autoridad, son agentes de la misma en el ejercicio de sus funciones. Por supuesto que no siempre esa autoridad se ejerce como debiera pero existen mecanismos para corregir esas irregularidades. Mecanismos contundentes donde los haya cuando al que hay que corregir es al funcionario público, último eslabon del posible desmán.
No voy a tratar la intervención policial cuando hay graves alteraciones del orden de evidente violencia contra bienes y personas. Voy a tratar la intervención cuando la concentración o manifestación es considerada pacífica.
El que una concentración o manifestación sea pacífica no siempre supone que no altere el orden público. La ocupación del espacio público, de las vías y las plazas, aun siendo pacífica, puede llegar a suponer una vulneración de derechos de la mayoría de los ciudadanos.
Considerando, como buen demócrata que soy, no se equivoquen, la intervención policial como el último recurso a agotar, puede ocurrir que la ocupación prolongada del espacio público, a parte de ocasionar evidentes perjuicios y molestias a otros ciudadanos y colectivos como los comerciantes, puede llegar a crear distintos riesgos sanitarios y de seguridad colectiva. Me reconocerán que en situaciones normales nadie admitiría en la plaza de un pueblo cualquiera una acampada de indigentes o sin techo de los de verdad.
Es la autoridad política, por lo general gubernativa, quién, ajustándose a derecho, debe valorar cuando hay que poner fin a este tipo de situaciones atendiendo al bien colectivo. Ningún mando policial tiene potestad para ordenar una carga de motu propio salvo situaciones de inmediata y extrema urgencia.
Una vez que el político toma la decisión, ordena a las fuerzas de seguridad el desalojo o la disolución de la concentración.
¿Quiere decir ésto que en ese momento al policía le salta un fusible y se le dispara la porra contra el indefenso manifestante?. Pues no.
Se advierte a los concentrados de que deben abandonar el lugar. Primero se les solicita y luego se les ordena. Sí, se les ordena pues si la orden política es legal, el policía está entonces investido de la autoridad de la que es agente.
Si el grupo acata la demanda policial pues aquí paz y después gloria. El manifestante a su casa o a tomar cañas y el policía a la suya o a tomar cañas con el manifestante, que cosas veredes.
Si el grupo se resiste de forma violenta pues, qué les voy a contar, acaba todo como el Rosario de la Aurora.
Si opta, sin embargo, por la resistencia pasiva pues... al final acaba igual. Y aquí es dónde el común de los mortales se lleva las manos a la cabeza. Y voy a reconocer que las imágenes que tanto repiten los medios de comunicación no son agradables, pero tampoco es agradable la situación para el que está trabajando y tiene que desalojar en un tiempo determinado a gente que no le ha hecho nada y con la que, en más ocasiones de las que ustedes se creen, está más que de acuerdo y tiene bastante en común.
Si alguien tiene la receta para desalojar un espacio público mediante buenas palabras pues que me lo haga saber y daré traslado a quién corresponda.
En todos los países democráticos existen, en los no democráticos ni les cuento, unidades de este tipo y se dan situaciones parecidas. Y habrá quién hable de "perros del capitalismo", "sicarios del poder" y otros calificativos por el estilo refiriéndose a gentes que también están hipotecadas, que difícilmente llegan a fin de mes y que, de ello doy fé, sienten más satisfacción rescatando víctimas en una catástrofe que disolviendo manifestaciones a las que ellos mismos se sumarían.
Sin pretender que esto sea un ejercicio de autobombo corporativista, reconociendo que existen, como en todo ámbito, algunos excesos y actuaciones no deseables y condenables, con más motivo cuando se trata de profesionales de la seguridad, me dispongo a recibir todo tipo de críticas y flores varias que vendrán, en muchos de los casos, de progresistas de catecismo a los que quisiera ver con responsabilidades en este tipo de situaciones.
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