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MARCHA PROCESIONAL EN AVILÉS.

Como ustedes saben "yo soy un hombre del sur, polvo, sol, fatiga y hambre..." y una Semana Santa a la andaluza, con sus costaleros, sus saetas, etc. Bien, pues en Asturias, verde de montes y negra de minerales, más concretamente en Avilés, parece que tienen también su forma personal de procesionar. No hay saetas, pero el ambiente es casi ibicenco.

NUESTRAS VIDAS SON LOS RÍOS...

El río siempre ha sido metáfora de la vida, del recorrido finito de la existencia. El río, como agua que es, es vida desde que nace. Crece como un ser vivo en su trayecto alimentándose de lluvias, torrentes y deshielos. Y muere, muere en la muerte salada donde abandona su dulce existencia, perdiéndose entre espumas, olas y mareas.

El río Sella, en esta Asturias que me acoge adoptiva y adoptada, es emblemático en los veranos de estos lares. El Descenso del Sella, competición deportiva referencial en lo que a la navegación fluvial se refiere, tiene otras connotaciones que superan el evento. Es más fiesta que mitin y las secuelas de las hordas de visitantes se dejan ver por “praos”, calles y cualquier sitio que pueda usarse como solar de acampada, litrona y comilona apresurada de “bollu preñau”. La invasión es devastadora, salvo por los réditos en negocios hosteleros, sobre todo de dispensa de alcoholes.

Al día siguiente del acontecimiento, invitados por unos amigos, a veces la amistad puede ser cruel, tuvimos la genial idea de practicar una actividad turística “de aventura”, muy de moda como alternativa al bronceado en arenales playeros, consistente en hacer el descenso pero a nivel “amateur”, con canoas “amateur” y remos “amateur”.

Si la prueba tiene su dificultad, sobre todo para el lego en la cosa del remo y la piragua, la misma se acentúa si la embarcación debe de constar de tres plazas, de matrimonio con niña. Aumenta el tamaño de la nave y, por consiguiente, el peso y la dificultad de maniobrabilidad. Ahí estábamos los dos remando para tirar de nuestros cuerpos, de la nave que los acoge y de la pequeña carga que un día germinamos para sacarla adelante hasta que pueda navegar sola.

Si el río tiene paralelismo con la existencia, ésta, a juzgar por lo acontecido, es de lo más tortuosa y accidentada, con eternas paradas, cambios de dirección, trompos entre corrientes, inciertas derivas, precipitaciones, errores, fallos de comunicación y múltiples conflictos y dudas en lo que a rumbo a tomar se refiere. A uno, en el río como en la vida, le empuja la corriente pero, a pesar de las fuerzas naturales, uno tiene capacidad para cambiar el curso de su historia. Eso sí, la existencia, digo, el descenso, fue largo, como una vida larga e intensa, quizá hasta duplicado por los zig-zags provocados por la inexperiencia, y al final del trayecto del metafórico vivir se llega agotado, envejecido, casi incapaz de tirar del lastre de la nave para llevarla a buen puerto, con los huesos y articulaciones inutilizados por esfuerzo y humedad y, si llegara a existir la reencarnación, con mucha pereza para repetir el ser o el estar, conformándose uno con haber superado la edad que le ha tocado. Con una vida, o un descenso, tiene uno más que de sobra, se lo aseguro. Si hubiera vida eterna habría que pensarse el saltar de la piragua.

El comienzo del río, como la juventud, es vivaracho, pequeño pero activo, con multitud de rápidos, estrechamientos y cambios de velocidad. El final, como la vejez, es tranquilo, remansado, precisándose el doble de esfuerzo, cuando uno está más cansado y dolorido, para avanzar hasta llegar al final

Si son ustedes de gimnasio diario, como es el caso de mi “gentil” amigo, les recomiendo la aventura, si no lo son, como es mi triste y patético caso, también se lo recomiendo, hasta el sufrimiento nos enseña cosas. O quizá no.

BALADA DE JULIO ASTURIANO

Para ser Paraíso Natural, hasta en verano, hay que mantener el verde, y el verde solo se mantiene verde con agua, tierra fértil y algunos, aunque filtrados, rayos de sol. No les voy yo a explicar ahora la función clorofílica pero sí trasladarles la situación de un oriundo de tierras más áridas en el Paraíso en verano.
Porque, es verano, aunque no lo parezca y la simpática borrasca de la foto se empecine en engañarnos haciéndonos ver un espejismo otoñal.
El corcho de mi yá mohosa corteza de encina comienza a cargarse de musgos y líquenes. Mi bronceado, que no soy yo partidario del "torrarse" tumbado en un arenal playero, pero algo de color se agradece, se asimila al de una pescadilla, pescado blanco, húmedo y frío.
Por otra parte, mi ánimo, aunque manteniendo la sorna innata, está otoñalizándose en Julio, y en cualquier momento pierdo mi vistoso follaje.
Mi caballo de acero, igualmente afectado, se aburre en el establo ansioso de bramar por los caminos, caminos que no están para jugarse las herraduras.
"Llueve,
detrás de los cristales
llueve y llueve,
sobre los chopos
medio deshojados,
sobre los pardos
tejados..."

BELLOTERO EN ASTURIAS.- Estío

Es verano en Mieres. Supongo que en más sitios también pero a mí me gusta hablar de lo que conozco. Es verano, un verano tardío, poco madrugador y que se ha hecho de rogar agazapado tras los nublados, el “orbayu” y las brumas matinales. Se aprecia el descenso de población y las mañanas, sobre todo las de los fines de semana, están repletas de maleteros atiborrándose de sombrillas, neveras y fiambreras, avituallamiento indispensable para la expedición playera. Hace calor. No los 390 de, por ejemplo, mi añorada tierra de encinas, pero hace calor. Aquí el calor se adhiere al cuerpo y a la camisa, la cual, tras una jornada, debes despegarte con espátula sobre todo en la zona de las axilas. La orografía de la ciudad, incrustada en un valle como una cuña, supongo que influye bastante en el microclima mierense y una vez que sales de la hondonada puede hasta refrescar. Hoy, domingo, por lo menos aquí es domingo y no me consta que en la reforma del Estatuto eso vaya a variar, a esta hora se está instalando el mercado dominical del que les he hablado en otras ocasiones. Habrá, como es de suponer, menos afluencia pero, sin duda alguna, se podrá asistir al espectáculo del paseo entre puestos cuyos propietarios cantan las excelencias de las últimas bragas de encaje, generosidad en los “gotelés” faciales e intercambios de saludo más o menos forzado. El que no esté en Torrevieja cumplirá el ritual pues la sociedad es la sociedad y si no se te ve no existes. Y esta ha sido, hermanos, la pobre homilía de hoy. Podéis ir en Paz.

Actualización.- Las fuerzas del caótico cosmos se han aliado para castigar mi soberbia y a partir de las 14:00 horas no ha dejado de llover. Gajes del Paraíso Natural.

PREGÓN

Como crepita la hoguera, cada cual a su manera, baila la danza primera, con extraños de la mano. Y es que yá llegó San Juan, la gran fiesta patronal de este Mieres del Caudal tan ateo y tan cristiano. Y hay aroma de refrito, Libertad del chiringuito, retumbar de cacharrito y es que a mí me importa un pito, pues yo soy un aldeano. Qué más da, desde mi pueblo no se puede oír y no me pueden molestar cuando me quiero ir a dormir. Y es lo que da ser paleto, durmiendo tranquilo llámame cateto. Mucha moza maquillada, mucha trompa acelerada, mucha sidra mal meada mucha palabra a destiempo. Mucha pachanga en concierto, mucho cuerno descubierto, y ni un aparcamiento donde dejar la tartana. Y si "chumas" ten cuidado, si es que vas vehiculado, pues te habrán bien jorobado, al "soplar" por la mañana. Disfrutad, gastad los cuartos, bailad y reid, que pa otro año ya verás lo que el Alcalde va a servir. Vamos, hagan sus apuestas, que igual otro año no hay euros pa fiestas.

DANDO... (¿POR DONDE?) Y RECIBIENDO


PUBLICADO EN EL SEMANAL DIGITAL.-
El candidato socialista a la Junta de Extremadura Guillermo Fernández Vara propone un pacto a los moteros.-

"Además abogó por una "cultura del silencio", debido a los muchos decibelios que los españoles soportan a diario. Una cultura que quiere empezar a construir con "un pacto con los moteros", "dando y recibiendo". Así la Junta se podría comprometer a acolchar los quitamiedos de las carreteras y, a cambio, los moteros deberán silenciar sus tubos de escape, todo por reducir la contaminación acústica."

Ideas geniales las tienen hasta los políticos. Este señor se compromete a poner medidas para evitar el gran número de muertes y mutilaciones que causan los "quitamiedos" entre los motoristas, a cambio de que sean buenos y no molesten con sus ruidos.
Podríamos seguir por ese camino y hacer un pacto con la ciudadanía para que hiciera vida sana, dejara de fumar, practicara deporte y dieta equilibrada y así el futurible Presidente extremeño se comprometería a mejorar la sanidad pública.
Si los estudiantes dejan de fumar "petas" y practicar el "botellón", les podríamos prometer mejorar las instalaciones educativas.
Esta es la política de "dando y recibiendo": Si el ciudadano se porta bien, yo cumplo con mis obligaciones como gobernante.

Rodríguez Ibarra, recapacita, pardiez, no nos dejes.

BELLOTERO EN ASTURIAS V

LA CÉLULA MIERENSE DE LA BANDA DE FU-MAN-CHÚ.- La primavera pasada comenzó a extenderse como la pólvora una pregunta en todos los corrillos y mentideros de Mieres: ¿Te enteraste del secuestro de los chinos?. Solo se hablaba de una cosa, que en el nuevo establecimiento de "a €uro" que habían abierto los prolíficos orientales, éstos habían maniatado y amordazado a una señora de la localidad para secuestrarla. El caso es que la noticia llegó a varias localidades de Asturias y en todas partes te hacían la misma pregunta ¿Qué pasó en Mieres con los chinos?. Había gente que aseguraba haber oído la noticia en la radio o leído en la prensa, aunque nadie recordaba la fecha de la emisión o publicación. Se habló de un intento de descuartizamiento (no sabemos si el destino final era "cerdo agridulce" o "rollitos de primavera"), el caso es que la víctima las pasó negras con los asesinos de los ojos rasgados. En este caso no hizo falta internet ni medio de comunicación masivo para que el suceso traspasara las fronteras del Principado llegando hasta nuestro lugar de vacaciones, prolongándose en el tiempo hasta bien entrado el verano. Increíblemente la Policía nunca supo nada y la "serpiente de verano" fue perdiendo intensidad. El establecimiento sigue abierto, para pesar de los comerciantes locales, y de la pobre señora nunca más se supo. "Ande andará".

BELLOTERO EN ASTURIAS IV

LA LIBERTAD DE LA PLAZA.-

Uno de los puntos neurálgicos de Mieres es la Plaza de la Libertad.

Bonito nombre para una plaza. Bonito y adecuado.

En ella se concentran, habitualmente, los “choricillos” locales, generalmente toxicómanos de los de toda la vida.

Dicha plaza pudiera decirse que es su cámara de representantes, su foro en el sentido clásico de la palabra.

Entre condena y condena pasan sus períodos de libertad en la Plaza del mismo nombre. No sé si es intencionado o casual pero la nomenclatura urbanística viene que ni pintada.

Mientras están en ella, es que hay “pleno”, y el resto de la sociedad mierense pude permanecer relativamente tranquila.

El problema surge cuando no se ve a ninguno por las inmediaciones. Eso quiere decir que están “ocupados” y cuando estos ciudadanos se “ocupan” suele salir alguien perjudicado, primordialmente en sus bienes materiales.

Cuando alguno de ellos está reclamado por la Justicia, o bien está escondido, o bien, resignado, se encuentra allí esperando a que pase la patrulla correspondiente y le abra la puerta trasera del vehículo para acompañarlo a su “Marina d’Or” particular.

La funciones de “presidente” de la “Cámara” suele ejercerlas, por prestigio profesional, el “Lágrimas”.

Éste individuo de mirada torva, adornada por unas lágrimas tatuadas bajo los ojos (de ahí el apodo), cara de comerse los niños crudos, con gran variedad en los peinados (desde el de “mohícano” hasta el rapado estilo “Austwich”), basa su posición en el miedo de los demás. En la Historia el poder siempre se ha sustentado en lo mismo.

Cuando quiere ser malísimo lo es de verdad, y la Policía no tiene más remedio que empeñarse a fondo con él para reducirlo y trasladarlo; primero al Hospital, donde forma espectáculos memorables hasta que es calmado a base de correas y jeringa; y luego a Comisaría, donde gusta de romper vidrieras con la cabeza al mínimo descuido de los agentes, que suelen repetir el viaje hasta el Centro Sanitario para una nueva sesión de gritos, pataleos y jeringuillazo reparador.

Una vez se le pasa el arrebato se transforma en una malva, educado y considerado con todo el personal “a su servicio”.

Las escaleras o “escaños” donde su ubica este particular “parlamento” gozan de una vista privilegiada. Frente a ellas se halla el Convento de los Hermanos Pasionistas (Templo de Referencia en Mieres), pudiendo asistir, mientras degustan una buena litrona, a bodas, bautizos y funerales, aprovechando para cobrar a los asistentes las “tasas” correspondientes en forma de cristiana limosna.

Cuando hay “debate” en la Plaza suele ser acalorado, aunque no mucho más que a los que nos tienen acostumbrados en la Carrera de San Jerónimo. Eso sí aquí los plenos pueden acabar con algún lesionado y el Acta acaba redactada, no por los taquígrafos parlamentarios si no por Instructor y Secretario en Comisaría y Juzgado de Guardia.

Plaza de la Libertad (provisional).

BELLOTERO EN ASTURIAS III

NOCHEBUENA GIJONESA Y EL MISTERIO DE LA MERLUZA.-

Con motivo de unas fiestas navideñas, nos trasladamos un año desde la Capital del Reino, como otras veces antes de nuestro definitivo asentamiento en el Principado, a Gijón, donde tiene la sede el domicilio de mi estimada familia política.

Como suele ocurrir en todos los rincones de nuestra geografía, estos festejos van acompañados; más que de liturgias religiosas, de suculentos homenajes gastronómicos, desorbitadas compras y menoscabo de los bolsillos.

Para tal evento, mi santa suegra fue a hacer las preceptivas visitas a los establecimientos del ramo alimenticio, diligentemente armada con el carrito en una mano y listo el monedero en la otra.

Normalmente en estas ocasiones no hay lugar para la improvisación y los menús suelen repetirse tradicionalmente: Mariscos y otros entrantes variados, sopa de marisco, merluza a la cazuela, cordero al horno, etc.. Por lo menos en casa de mi suegra es así, y si es así todos los años, por algo será.

Pues bien, hete ahí que el día antes de nochebuena, que por cierto creo que coincidió con domingo, teníamos otra cena familiar, pero esta vez en una sidrería, a fin de no sobresaturar la factoría doméstica. Todo esto significaba apresurar los preparativos para la noche de la Misa del Gallo.

En ello estaba la madre de mi cónyuge cuando comenzó a invadirla cierto nerviosismo, cuyo motivo nos fue trasladando uno a uno durante la jornada al resto de la casa, a excepción de a su marido, mi suegro.

El caso es que el día anterior había comprado, con toda seguridad, una hermosa merluza del cantábrico, para dar buena cuenta de ella tras la sopa de marisco, como todos los años. Pero, el susodicho pescado no se hallaba donde debía, ni en el resto de la casa, por lo que cabían pocas posibilidades:

  1. La había olvidado en la pescadería.
  2. Se la habían "guindado" del carro.
  3. La había extraviado en el trayecto.
  4. Había vuelto sola al mar de sus amores, lo cual era poco probable dado que, aunque muy fresca, era cadáver cuando la encargó.

Había que ponerse manos a la obra e iniciar las gestiones oportunas tendentes al total esclarecimiento de los hechos.

Todas las diligencias que se practicaron resultaron infructuosas por completo y no quedaba más remedio que saltarse en la cena el trámite de la merluza.

Esto no suponía un drama en sí mismo puesto que, como todo el mundo sabe, de la cena de nochebuena vas repitiendo “recuerdos”, de forma más o menos disimulada, durante al menos una semana, pues siempre sobra para eso y para más.

Pero, qué diría mi suegro, el único no conocedor de la misteriosa desaparición, cuando, llegado el momento del segundo plato, no apareciera por la mesa la carne blanca en salsa verde del noble pescado…

Pues bien, llegado el momento de la cena informal de víspera del evento, disfrutamos de la misma con ardua dedicación por muy extraoficial que fuere.

Hubo copiosidad en viandas, generosidad en caldos y abundancia en licores de sobremesa, lo cual pudo influir en la inspiración que le sobrevino al padre de mi consorte en el trayecto a pie hasta el hogar. Se arrancó a entonar canciones de esas que, según sus palabras, “huelen a cucho”. “Cucho”, para el que no lo sepa, es un preciado abono natural de orígen bovino, cuyo olor impregna los pueblos ganaderos de vacuno, por lo que el término se aplica a todo aquello de honda raigambre folklórica y tradicional.

A la mañana siguiente no se le oía un murmullo. Los cánticos, y sobre todo los “jarabes” previos, habían hecho mella en él y sólo alcanzaba a esbozar media sonrisa entre resoplidos que lo decían todo sobre su estado.

Mientras se servía la cena, su grave gesto denotaba que no andaba muy sobrado de apetito, así que, mi Suegra, aprovechando la debilidad del contrincante, resolvió contarle el misterio de la merluza:

- “Marido, ¿Sabes que compré una merluza y no sé donde la dejé, pero a casa no llegó?.

Entonces mi suegro giró la cabeza lentamente hacia donde se encontraba su esposa, enarcó una ceja al estilo de su idolatrado John Wayne y contestó con lo que le quedaba de voz:

- “Desde luego tú…. Mira que dejar la merluza por ahí… Yo, cuando agarro una “merluza”, siempre la traigo “pa” casa”.

Genio y Figura.

¡Ah!, la merluza original apareció. Estaba en la pescadería donde la olvidó mi suegra, o bien de donde el pescado no quiso salir, seguramente sospechando que le restaría protagonismo otra “merluza” más “de interior”.

BELLOTERO EN ASTURIAS II

COSME, DAMIÁN Y “EL PITU DE CALEYA”.- Hace yá unos años que tuve la ocasión de vivir una experiencia inolvidable.

Nos encontrábamos “mi Santa” y yo en Asturias disfrutando de las vacaciones veraniegas. Corría el mes de septiembre y coíncidía que se celebraba en Mieres una de sus fiestas locales: San Cosme y San Damián, dos médicos cirujanos que, conocidos por sus buenas obras y su Cristianismo, fueron víctimas de la persecución romana y martirizados. De ahí que también se le denomine popularmente la fiesta de los Mártires.

En España tenemos mucha afición al martirilogio.

Dicha fiesta se ubica en el Valle de Cuna y Cenera, de donde proviene la familia paterna de mi media naranja.

El popular valle, conocido por su belleza, gastronomía, y el auge del turismo rural, fue rebautizado por uno de sus hijos, cliente como no, de la “Taberna de la Trola”, como “Valle de Josafat, donde el río trae leche y miel.” Peculiar personaje que no tuvo otra idea que criar, en Asturias, ganado porcino ibérico, elaborando embutido “de bellota” a la Asturiana. De ahí que también se le conozca en el garito como el “maestro chacinero”.

Pues bien, volvamos a la Fiesta. El cúlmen de la misma es una peregrinación a la Ermita donde se hallan unas imágenes valiosísimas de ambos Santos. Todo esto fue inmortalizado por el cantautor asturiano por excelencia: Víctor Manuel:

“Ya van subiendo los mozos,

Con los corderos al hombro….”

Aseguro que vi a los mozos, eso sí, en vez de corderos, lo que suelen cargar son unas mochilas repletas de botellas de “calimocho” y otras pócimas por el estilo.

Bueno, el caso es que, para tan señalado día, estábamos invitados a comer en casa de una tía política, por lo que, al tratarse de una importante reunión familiar, no podíamos faltar.

El día antes, para ir cogiendo ambiente, acudimos a la verbena nocturna a echar unos pasodobles. Y ahí comenzó la Odisea.

Un adolescente, cuasi familia también (aquí los clanes son como los Corleone) se encontraba en el evento y llevaba encima una melopea de las de campeonato. Encima, un grupo de “mozos” del pueblo, pero ya de los de pelo en pecho, no hacía otra cosa que alimentar la tajada del chaval con rellenos de vaso, para que el chico sirviera de cachondeo de la concurrencia. (Cosas de la España rural y profunda).

Así que, llegado un momento, nos vimos obligados por el pundonor, y rescatamos a la criatura del corro de patanes. No nos quedó otra que permanecer, lo que quedaba de noche, sin dormir, curando la borrachera del púber con remojones en la fuente. Y así estuvimos, entre vomitona y remojón hasta que recuperó un estado lo suficientemente adecuado para poder entrar en casa de sus abuelos sin que éstos se percataran de la “fartura” del “nietín”.

La abuela, al día siguiente, nos comentaba: “Hay que ver la que debió de caer anoche porque mi nieto llegó con una mojadura…”. Ya te digo.

Bueno, el caso es que, dadas las horas que eran, si decidíamos acostarnos, iba a asistir al evento familiar “Rita la portera”, y no era cosa de quedar mal con la familia.

Así que, ni cortos ni perezosos, nos investimos de tradición folklórica y decidimos subir (¡andando!) al Santuario a ver la procesión que tanta capacidad de movilización popular tenía.

La cuesta se las trae, para que nos vamos a engañar. Además, cuando uno, acostumbrado al llano, ha pasado la noche en vigilia, devorando paquetes de Ducados y con alguna “copita” en la chepa, la cosa se convierte, sea uno ateo o no, en un verdadero calvario.

Todo el trayecto me lo pasé buscando el famoso maizal, citado en la canción de la que antes hablé, el cual riegan con sus lágrimas las “neñas” tempranas. Vi muchas “neñas tempranas”, y otras menos “madrugadoras”, pero no creo que ninguna estuviera en condiciones de llorar nada, con maizal o sin maizal.

También vi corderos, pero maldita la gana que tenía de llevar ninguno al hombro. Además mi “mocedad” no era precisamente lo que me caracterizaba.

Por fin arribamos, yo al menos, ausente de resuello, a las inmediaciones de la pequeña Ermita y nos dispusimos a esperar la “procesión”.

Tengo que aclarar que, aunque uno es ateo, sin embargo tiene sumo respeto por las creencias ajenas y por sus tradiciones, que no dejan de enriquecer nuestra cultura.

Pero, aquel día, en mis circunstancias. Tienen que ser condescendientes:

Un servidor, entonces menos conocedor de la identidad Astur, cuando oía la palabra procesión evocaba, viniendo de donde vengo, grandes tronos portados por costaleros, con banda de música uniformada, imágenes de tamaño natural y un largo itinerario para disfrute de los fieles.

En fin, comenzaron a sonar las gaitas e inició su paso la comitiva procesional. A los pocos segundos adiviné las imágenes avanzando hasta donde estábamos. En ese momento se me descolgó la mandíbula.

Cuando los ilustres colegidados pasaban a nuestra altura, me volví hacia mujer, la cual se despatarraba de risa por lo “bajini”, y en un tono mezcla de resignación y fatalismo le espeté:

“No me jodas que llevo toda la noche sin dormir, subiendo “a pata “un puerto de primera categoría, para ver a “David el gnomo” y a su primo dar una vuelta a una iglesia.”

Porque, efectivamente, amigos míos, la procesión consistía en dar una vuelta completa a la ermita, la cual, como tal, no era la Catedral de Burgos precisamente. Y las imágenes eran, con todos los respetos, y sin obviar el valor artístico y arqueológico de las mismas,… eran tamaño “Geyper Man”

Algunas de las personas que me rodeaban sonrieron, comprendiendo por mi acento, el desconocimiento que tenía del tema. Otras no sonrieron tanto pero, en fin, fue una frase seguramente desafortunada pero inevitable en ese momento.

Bueno, ya sólo nos quedaba el trámite de la comida.

“Pitu de Caleya” había preparado la pariente. Para el no Asturparlante se denomina así al pollo de corral que se cría con cereales, sin piensos compuestos, corriendo libre por los caminos o “caleyas”.

No sé si sería la calidad de la cocinera, o las características físicas del ejemplar (en vez de muslos tenía jamones), el caso es que, una vez que introducías en la boca un pedazo de carne, comprendías inexorablemente que aquel animal no había recorrido caleyas. Este prodigioso animal que "degustábamos", había subido el "Angliru", había hecho el “Tour de Francia” varias veces a pie, así como varios cursos avanzados de “body building”.

Pero había que aguantar el “martirio” aferrado al banco, como un “paisano”.

La fiesta, por mucho que la padezcas, es la fiesta, “mientras se escuche una gaita o halla sidra en el lagar”.

Bellotero en Asturias

BELLOTERO EN ASTURIAS

Mi primer contacto con Asturias fue a primeros de los noventa, pues un hermano mío, al que yo traspasé el amor por la escena, estudiaba teatro en Gijón. Ahora ya es bohemio con carné y debe de andar por Cataluña ejerciendo como tal.
Gijón, me gustó. Entonces todavía tenía el encanto de pueblo costero y podías pasear por "el muro" sin restregarte contra el prójimo.
Volví en repetidas ocasiones, cabalgando mi acerada montura desde otro lugar del norte donde entonces residía, un norte mucho más lleno de peligrosas aristas y mucho menos dulce.
Solía asilarme en una casa, como no, de bohemios, en la cual desentonaba totalmente un joven común, opositor a correos, asturiano de pueblo, sidra y chigre de serrín en el suelo. Ménuda borrachera agarramos una noche los dos, gente vulgar, carentes totalmente de la pose intelectual y afectada del underground "cimadevillense". Tajada tópica que terminó tópicamente, cantando himnos regionales al Rey Don Pelayo, el cual, aparentemente hierático y ceremonioso, alzaba una cruz a los cielos como diciendo: "Qué habré hecho yo Dios mío".
Asturias dejó cierta huella en mí y, hay veces que el destino parece diseñado caprichosamente, tuve que conocer en tierras Vascas a la mujer que me asturianizaría y me arrastraría al centro de las cuencas mineras.
Y aquí estoy yo, relamido de "orbayu" y pisando erizos de castaña. Paseando las "matas" de la mano de medio metro de asturianita, que lo mismo te suelta "Que ye oh", como se traga las eses, aspirándolas secamente, al estilo de mi tierra de encinas. Mestizaje, que se dice.

Mañana lluviosa

Otoño en Asturias, amanecer húmedo y lluvioso. Mi corteza de encina retorcida, de abierta dehesa del suroeste, vuelve a estar adornada por un incipiente musgo norteño. Precio que hay que pagar por habitar el paraíso.