Despertar en un día gris,
nueva jornada,
ducha y café impaciente.
Hay que salir a la calle.
En el chaquetón,
inseparable revólver amigo,
en el bolsillo bien empuñado.
Carrera por la eterna escalera
explorando descansillos.
Al fondo el cristal de la puerta
no descubre a nadie inhabitual.
Nadie te mira,
y te saluda, como siempre,
la repetida frase pintada en la pared:
"ETA MÁTALOS".
Nadie la borra y a tí,
total, te la trae al pairo.
una pieza más del complejo rompecabezas,
del laberinto macabro.
Cruce de aceras alternativo,
recorrido aleatorio,
cambio de paso, mirada,
adelante, estás llegando.
Una vez en tu puesto,
como castillo sitiado,
una voz conocida,
con un tono ahogado,
tantas veces asumido,
te anuncia el dato:
"NOS FALTA UNO".
Dientes apretados y miradas vidriosas.
Capilla ardiente de vacío,
solemnidad de funeral,
banderas,
música,
gestos afectados de ministros incoloros
frente a jirones de viuda y de madre.
Foto de portada,
gris editorial
y aflora osada la mezquindad del pueblo llano:
y la voz añeja del eterno hideputa
dejará escapar entre sus míseros labios
erosionados de "txikitos":
"ALGO HABRÁ HECHO".
Años grises aquellos
en que la sangre,
cuando era uniformada,
estaba de saldo
y no salpicaba conciencias.
Años grises sin manos blancas,
sin lazo azul,
sin basta yá,
sin gestos para el que nunca fue nada.
¡Ay de mi España
ingrata y cainita!.
Aquellos años grises,
ojalá te sirvan de algo.


