Todo estalló en mi zona horaria, 
no en la que comparto con vosotros, no, 
en otra que a bien tengo tener adscrita como honorífica 
y que disfruto en usufructo por méritos propios. 

Todo estalló en mi zona horaria, decía hace un segundo de los propios, 
todo estalló en mis momentos y en mis pulsos, 
en mis grados 
y en las trigonometrías de lo andado y lo por transcurrir, 
por lo transcurrir que no quede y os lo digo, 
todo estalló en mi zona horaria 
como la isla del día de antes o de después 
y más no me queda que plegarme a la evidencia temporal, 
temporal de temporera de cosechar milésimas de temporada 
a precio de pandemia. 

Todo estalló en mi zona horaria y queda tocar 
o toca la queda o quedarse en el intento. 

Todo estalló en mi zona horaria que salta 
y se retroalimenta fugaz, 
en flash, 
en destello retroactivo. 

LA DEL PULPO.

 Uno se prepara un paripé de autobombo, una fanfarronada de cañas después del gimnasio a hablar de los "press" de banca que hizo hoy y cosas de similar nivel intelectual, que es a lo que uno llega. 

Tiene las frases y los términos.. Socialcomunistas, enemigos de España, España, españoles, el Rey, la Monarquía, la lealtad a la Monarquía, terroristas, narcoterroristas, bolivarianos, separatistas, golpistas, pateras, inmigración ilegal, virus chino, Soros, oligarquías, Europa, Merkel, etc.

Saca pecho y arenga a sus leales. 

En esto que sale a contestarle alguien supuestamente afín, que sabe que le va a dar caña pero que en el fondo tienen un objetivo común, España, los españoles, viva España y viva el Rey. 

Pero resulta que inopinadamente le empieza a soltar hostias del derecho y del revés, solo le faltó llamarle facha de mierda, pero bien que le llamó vago, vividor, inútil, analfabeto, apesebrado y mordedor de la mano que le dio de comer. 

Todavía no te has recuperado y te sigue temblando la voz como al niño consentido y rabioso que en realidad eres. 

Eres nada y te lo han dicho desde el lado al que siempre estarías dispuesto a volver por chupar del bote. 

Claro que tienes votos detrás que te respaldan para que sigas viviendo de puta madre sin dar palo al agua salvo calentar trolls en twitter y Galapagar. Nunca faltarán cayetanos y gañanes bien dispuestos a seguirte los folclores, no tanto por mérito tuyo sino por algunas cosas bien hechas desde la izquierdas, las que os levantan ampollas, y otras no tan bien hechas, que son las que desencantan al pueblo y provoca que haya más de un sopaboba que os compre el discurso ese de cuatro proclamas o estribillos de Manolo Escobar. 

No comparto el modelo socioeconómico del Señor Casado ni con distancia, pero es legítimo y necesario que existan otras formas de ver las cosas y diversidad en las posibles soluciones a dar a los problemas y opciones para que los ciudadanos decidan con el voto. Ustedes, el fascismo, son nada, son el ruido de una cacerola en Núñez de Balboa o Galapagar, estridencia que se diluye en el vacío y España os acabará desterrando. 



UN TONTO MUY TONTO


 El repelente niño Vicente ha salido a hablar en clase. Ha insultado a todos, se sabe las preguntas del catecismo y las respuestas que repiten allá por Galapagar, Núñez de Balboa y aledaños, algún taxi, más de una taberna obrera de discusiones de VAR, infinidad de cuñados, etc. 

La verdad es que yo me pregunto si la gente muy de derechas que le apoya se da cuenta del nivel que manejamos, porque mira que los hemos tenido y los tenemos tontos en la izquierda, pero lo de ayer es el culto al gañanismo más elemental. 

Porque este paripé solo le valdrá a Aciago Atascar para rebobinar y ponerse el vídeo en casa para poco más que cascársela, que me parece que va por ahí el tema. 

No quería ni hablar de ello pero bien es cierto que puse algún trozo por oír algo, pero vaya pedazo de empujón en las encuestas que está sirviendo a sus adversarios, mejor dicho "diabólicos enemigos", porque esta gente no sabe tener adversarios. 

Me recuerdan las sesiones matinales del Cine Avenida de mi barrio San Roque en Badajoz, sobre todo cuando ponían sesión contínua de películas de imitadores de Bruce Lee tras las cuales, a la salida, veías a toda la quincalla del barrio haciendo patadas voladoras como si no hubiera un mañana. Habían todos aprendido artes marciales. 

Entre ayer y hoy, esta criatura y su comparsa, puede muy bien creer al terminar que ha rendido Breda y salir entonando el "Fiel espada triunfadora..." de El Huésped del Sevillano. 


CIERTO PESIMISMO


 Yo tengo sensaciones, y mis sensaciones a veces no son buenas, seguramente sean erróneas la mayoría de ellas, pero yo de vez en cuando tengo que desahogarme. Igual mañana lo borro por economía emocional, pero ahora mismo necesito decir cosas. 

Estamos en una situación verdaderamente dramática otra vez, que parece ir irremisiblemente a lo ya vivido o igual peor. 

No voy a hacer crítica política desde la izquierda, voy a hacer crítica. 

Vamos a escenarios terribles en tanto no haya una vacuna. 

No se trata ya de derecha o izquierda, se trata de un drama que está mal gestionado tras haber pasado la primera advertencia que debería de haber servido de experiencia para prevenir el recaer en el caos al que parece que estamos abocados de nuevo. 

No seré yo quién defienda restricciones de libertad, que bastante tuvimos y nos portamos mayoritariamente de manera ejemplar. 

El motivo de esta reflexión no es ya lo que somos como sociedad, como funcionamos, y no hay culpables sociológicamente, ni jóvenes ni adultos, pues la mayoría de contagios vienen, no de las litronas, que también, sino de los cumpleaños, bodas, bautizos, comuniones, etc. como si urgiera celebrar sin poder esperar a la puñetera vacuna. 

Allá cada cuál, claro. 

Pero es que lo de la responsabilidad individual y colectiva es un concepto que suele funcionar cuando estamos al límite, en cuanto nos relajamos nos la suda todo. 

Encima, cuando se carece de un liderazgo, cuando la lucha política y electoralista abandona a los ciudadanos a su suerte y todo se trata de descargar responsabilidades en el adversario político, cuando la manifiesta impotencia e incompetencia aflora; es todo demasiado terrible. 

Porque ganar elecciones significa algo más que mover capital público dependiendo del perfil ideológico, en los casos menos graves. Significa servir a los ciudadanos y no a intereses bastardos. 

Vuelve a haber gente muriendo en las UCIS, UCIS que empiezan a no poder dar acceso a otras patologías. 

Ha sido un año horrible, en lo que llevamos de él. Tengo gente muy cercana que ha perdido gente muy cercana sin poder darle la mano en el último suspiro. Es bastante triste. Nos tocó vivirlo sin esperarlo pero, sabiendo lo que sabemos, que es bien poco, podemos intentar solventarlo en lo posible. 

Bien es cierto que esto nos está arrasando a todos los niveles. Hemos perdido libertad, hemos perdido afectividad, hemos perdido cultura, hemos perdido demasiadas cosas y muchas de ellas nos costará volver a recuperarlas. 

Pero es tristísimo sentirse individuo en una sociedad en que los líderes políticos, ya evidentemente, no están dando la talla por ser productos de márketing electoral más que receptores de la soberanía popular para que intenten al menos salvarnos de la extinción. 

Y ahora, usando el sensacionalismo al que soy tan dado, quiero recordarles que padezco una enfermedad bien grave de la que tengo asumido que, llegado el momento, sea la que acabe conmigo. 

Pero me gustaría poder no estar solo, aislado, y que mi gente tenga la capacidad de despedirse de mí. 

Tampoco pasa nada, uno ya hasta se conformaría con una eutanasia veterinaria. Morir viene con la vida, pero mis aledaños igual no piensan igual y, de verdad, irse viendo a tu gente debe ser mejor que entubado boca abajo y solo como un trozo de carne.

ESTE FRANQUISMO NUESTRO

 Ese franquismo enquistado, endémico y casi genético, que tanto se resiste a ser extirpado. 

Es más que seguro que se cometerán errores de bulto en la aplicación de la nueva ley, que la ignorancia es atrevida e igual se atribuye franquismo a lo que no lo es, lo cual podrá hasta ser corregido, pero que ese sea el problema que más preocupa después de una dictadura atroz a la que siempre se pretende blanquear dice mucho de la catadura moral que nos inculcaron. Es más, considerar que condenar la dictadura y reparar la memoria es lo que levanta ampollas es propio de una sociedad enferma. 

Seguramente se dé por demócratas a personajes que nunca lo fueron y habrá que discutirlo, lo que está claro es que los que secundaron el golpe y prosiguieron ejerciendo desmanes durante el régimen, no lo fueron nunca y ningún homenaje merecen. 

Que las víctimas necesitan reparación, también. Las del bando vencedor tuvieron hasta canonizaciones y monumentos en todos los rincones de la geografía española. 

El ridiculizar eso, el minimizarlo, incluso el cachondearse, es cagarse encima de los cadáveres de gente cuya familia tiene derecho a recuperarlos. 

Es mearse encima de las heridas de los torturados por psicópatas fieles a un régimen satrápico y corrupto. 

Que seguramente habrá errores, seguro, pero bastante vivimos en el error y en el horror inmenso para que nos equivoquemos y haya opción a rectificar. 

Hasta ahora se dio por bueno todo lo hecho, por asumido, y nunca fue justo. 

Todo es revisionable, pero con rigor. 

No es revanchismo, es justicia y memoria. 

Quien no lo entienda así que reflexione al respecto.

TRANSICIÓN

 Sí es cierto que lo del 78 fue una estafa, que engañaron al pueblo y perpetuaron sus privilegios los que ya los tenían desde antes del siglo XIX y los posteriores advenedizos. 

Que el que supuestamente lideró la nave fue el mayor traidor a la patria, sabiendo lo que se sabe.

Todo eso es más que cierto, pero me voy a permitir una reflexión. 

Está claro que la democracia iba a acabar llegando, sí o sí, dada nuestra situación geopolítica. 

Occidente no podía soportar una dictadura en la frontera sur de Europa. 

El problema es que somos un país de hijos de puta, tal y como lo son los yugoslavos y aledaños, y mira tú la que armaron de los noventa para acá. 

¿Alguien duda que no hubiéramos acabado a más tiros de los que ya hubo, que fueron muchos, tal y como recuerda de vez en cuando mi amigo Carlos Barrio?

Si esa transición torticera y maligna ya dejó litros de sangre en los pavimentos, los cuarteles, los despachos de abogados, los calabozos, las esquinas, etc. demasiada sangre siempre, pensáis que hubiera habido otra solución a que la izquierda resistente al franquismo y el mismo régimen no hubieran pactado una salida, siempre fallida y errónea pero salida al fin y al cabo. 

Una cosa son los deseos y lo deseable, lo justo y necesario, y otra cosa son las realidades. 

Todo esto aparte del bochorno de lo que aflora de lo del Demérito y tal. Pero creo que hubo gente honrada y honesta en aquella maniobra, tanto a la izquierda como a la derecha, tanto en el nacionalismo centrífugo como en el centrípeto, que luego derivó en esta pantomima. 

Pensáis que, viendo tal y como está el ambiente ahora, no podíamos haber acabado balcanizados, o asimilados a situaciones similares. 

Yo ahí lo dejo para los que saben, que yo solo dudo.

A PROPÓSITO DE UNO MISMO

 Con respecto a la enfermedad, la actitud y el exhibicionismo. 


Habrá quien pueda pensar, y en su derecho estará; que mi decisión de compartir en las redes sociales sucesos, circunstancias y actitudes ante la enfermedad, tiene mucho de exhibicionismo, egocentrismo y autocompadecimiento. 


Exhibicionismo, sin duda. Todos los “tontosdelnabo” que hacemos algo creativo, con mayor o menor fortuna; sean fotos, poemas o exabruptos, somos exhibicionistas. 


Egocentrismo. Más que egocentrismo, ególatría sin aspavientos. Me quiero pero no me adoro. Los ateos no somos de adorar. Me reconozco y hubo ocasiones en que me detesté. 


Autocompadecimiento. Aquí sí que no hay matices. El autocompadecimiento lo tengo en mi sofá, con mis canciones tristes y mis tragos alegres. 


Al menos yo voy a dar mi explicación, que podrán compartir o no. Quien lo entienda bien, y quien no me va a dar bastante lo mismo. 


Desde 2016 el cáncer no me da tregua. Yo puse de mi parte porque en impuestos al tabaco pagué más que Amancio Ortega en Rendimientos del capital. 

Pero de eso hablaremos en otro capítulo. 


Fue entonces cuando decidí compartir, más que la enfermedad en sí, mi personal actitud ante la misma. 


Actitud que nunca fue ni mejor ni peor que la de cualquiera y nunca pretendió ser heroica o ejemplar. 


Todo vino rodado. Elegí el humor y la sátira, huyendo de optimismos a lo Mr. Wonderfull, y surgió Indalecio, el stormtrooper explorador del HUCA en Instagram #indalecioenelhuca,  un personaje más nacido de mi espíritu creativo y cansino que de otro afán. 


Ustedes hicieron lo demás y las interacciones sinceras y afectuosas alimentaron el resto. 


Los mensajes de gente afectada, directa o indirectamente por la enfermedad, ésta o similar, diciendo que mis locuras ayudaban a verlo de otra forma pues alientan al esfuerzo a la vez que, cuando uno desfallece, se impone el persistir.


En todas las etapas de la enfermedad he recibido yo más de ustedes que ustedes de mí. 

Siempre me sentí reconfortado en los momentos duros, de una forma inusitada, desbordando cualquier expectativa. 


Soltada toda esta perorata, les diré que mi actitud no tiene nada de épica ni heróica. 

Las opciones ante este tipo de situaciones son pocas. 

O acurrucarse a llorar, que también ocurre a veces, como no podría ser de otra forma, o intentar vivir lo que nos quede de la mejor y más digna forma posible, asumiendo nuestra naturaleza perecedera e imperfecta, con el miedo justo, a ser posible el mínimo indispensable. 


Defender la ciencia, a nuestros médicos y a nuestra sanidad, que son los que nos pueden salvar y mirar hacia adelante hasta donde lleguemos. 


No. La enfermedad no me hizo mejor. La enfermedad es una puta mierda y no es llevadero ni fácil para nadie, pero hay que ir asumiendo pequeños sufrimientos por mor del objetivo de un día más con la gente que te importa, haciendo algo que te gusta o rascándote las pelotas viendo una serie. 


Bien es cierto que puede llegar el momento en que deje de merecer la pena y entonces decidir, legítimamente, optar por la no resistencia y por el camino, lo más dulce posible, hacia lo inevitable. 


De momento seguimos y seguiré haciendo lo que hago como lo hago. No cuento todo, no es obligación, y lo que cuento lo hago lo más honestamente posible por respeto a gente que se halla en circunstancias similares o peores. 


Esto no es una justificación, ni una explicación siquiera, es lo que me apeteció en este preciso momento. 


Ante todo. 

Gracias.


https://www.facebook.com/1174258139/posts/10215006658777958/

ODIAR AL “CHEPAS”

 Puedo entender que le cojáis manía a un político, que le tengáis en cuenta lo que dijo en su día o dejó de decir,  cuando era un peligroso antisistema, y que alimentéis vuestro odio en ese objetivo. 

Es más que lógico que discrepéis legítimamente a nivel ideológico, yo discrepo de muchísimos de sus postulados al igual que hago con los de otros, discrepar, diferir, dudar. Tener propio criterio. 

Justificar el acoso constante y perpetuo, sobredimensionado y psicópata sobre una familia durante veinticuatro horas al día, pues igual se me escapa en tanto qué es lo que se pretende conseguir con semejante actitud. 

Pero lo que en verdad no acabo de comprender es que no tengáis el mínimo resentimiento con quien os empobreció mientras otros se enriquecían, quién os detrajo del salario, os quitó las extras, congeló las pensiones, os subió los impuestos, etc., mientras todos los aledaños de sus camarillas se forraron mediante rescates a la banca, tarjetas black, etc., etc.. que pagamos todos y seguimos pagando mientras se desahuciaba a la gente humilde sin ningún reparo ni solución o alternativa. 

Cosas que han hecho ambos sectores del bipartidismo aunque con matices, cada uno que elija los suyos, según sus preferencias. No es cuestión del "y tú más", es cuestión de que el de Galapagar de momento no ha robado y si lo ha hecho, le hubiera dado tiempo como mucho a llevarse en comparación el cepillo de una misa. 

Es más, algunos ahora apoyáis sin reparo a alguien que pretende hacer más de lo mismo, privatizar todo para seguir forrándose como ha hecho hasta ahora a través de chiringuitos y "mamandurrias" montados por sus amiguitos con dinero de todos. A quien basa su programa en recortar derechos salvo para la educación y la sanidad privada, alguien que, según se deduce de sus intervenciones, pretende gastar el dinero público principalmente en tauromaquia y caza, las actividades de sus amiguitos. 

Y encima, se descubre que el "capitán de la transición" fue un farsante que convirtió España en su cortijo, en una sucursal de los países árabes que le financiaban sus putiferios y mangancias, y gritáis sin ningún reparo ¡Viva el Rey!

Definitivamente, si lo analizáis, el "Coletas" o "El Chepas", que es que sois muy originales, no os ha hecho ni la millonésima parte del perjuicio que os han causado otros, a no ser, claro, que le echemos la culpa del virus comunista, el 5G y la barriga de Miguel Bosé. 

Entonces es que sois más tontos de lo que cabría esperar y padecéis un síndrome de Estocolmo terrible que os hace lacayos y buenos perros falderos. 

Si a alguien le ofende lo que acabo de escribir, lo siento, pero a estas alturas empiezo a estar de vuelta de todo y que obre en consecuencia. 

DE PESEBRES Y APESEBRADOS



Mucho se medró a la sombra del ala borbónica. 
Unos mantuvieron privilegios del franquismo y otros se arrimaron al pájaro real para crear chiringuitos, fundaciones, empresas públicas y privadas subvencionadas, obteniendo una más que evidente rentabilidad, unos en prestigio pues no necesitaban dinero y otros en ambas cosas. 
La “corte” de toda la vida, con sus cortesanos y cortesanas, apesebrados y leales, de inquebrantable adhesión y condescendiente conciencia con los desmanes, invistiendo complicidad de patriotismo, de búsqueda de la estabilidad, tal y como están haciendo ahora ferozmente. 
Si eres republicano o simplemente crees que procede ya una consulta popular sobre el modelo de Estado, te convierten en un peligroso izquierdista radical, discípulo del “Coletas”, cuando no un separatista o un proetarra. 
Esa es la estrategia de los estómagos agradecidos, de los fartones meapilas del “a Dios rogando y con el mazo dando”. 
Nunca fui discípulo de nadie, mucho menos me gusta ser súbdito en este a modo de feudalismo contemporáneo, un estercolero de corrupción y clientelismo.

LA MASCARILLA COMO BALCÓN



Estamos en España, tú eres español y yo también, eso lo sabemos sin necesidad de reafirmarlo a la que nos den oportunidad. 

Cuando se gana un Mundial o se obtiene un gran triunfo común puedo entender esa forma de identificación colectiva y que las banderas engalanen los balcones y los lugares públicos como refuerzo ante un supuesto bien común. 

Cuando hay una desgracia común también, como ha sido el caso, pero es una opción libre el usar cada uno los símbolos que quiera y hacer sus celebraciones y lutos a su manera. 

Llevar la bandera como capa o a modo de pareo me parece una falta de respeto terrible, por mucho que los muy y mucho españoles se empeñen. Para mí es una puta parodia, pero yo soy así de raro. 

Yo no soy menos español que nadie, no lo elegí pero es mi cultura y me siento más identificado con  lo español que con lo francés aunque hay españoles de los que huiría en beneficio del francés con el que pueda tener más cosas en común en más de un caso. 

Santiago Abascal o Cayetano Rivera o algún gañán matagatos y yo tenemos menos en común que un servidor con un pastor de la Bretaña. 

Ser español no es garantía de homogeneidad entre sus ciudadanos ni de superioridad de nada sobre otras identidades.

En esto que llega la pandemia y, la conveniencia primero, y la obligatoriedad después, del puto complemento y ha hecho que de requisito sanitario haya pasado a expresión de glamour, reafirmación futbolística, pancarta reivindicativa, etc., etc. 

Cosas del capitalismo. 
Todo eso está muy bien. 

Yo podría llevar una mascarilla que pusiera “Nepo” por si alguien lo dudara. Pero no creo que me dé por ahí. 

Partiendo de la base de mi absoluto respeto a la libertad de cada cuál yo me pregunto qué aporta llevar la bandera en la mascarilla frente al que no la lleva. 

Eres español. Yo también. 

A no ser que se pretenda decir que uno sí es español y el que no la lleva no, que es en lo que suele derivar el abuso simbológico. 

Las esteladas son tan excluyentes como los balcones repletos de españolas en respuesta. Del “a por ellos” mejor ni hablar. 

A mí nunca me molestará alguien que lleve la bandera pero puedo reflexionar al respecto y eso no me convierte en menos español. 

Y todo viene a colación de que parece que llevar banderas se está convirtiendo o en un arma arrojadiza en uno u otro sentido. “Soy español, qué pasa”.

Nada, alma de cántaro, pero yo también y como tal soy libre de opinar del uso o el abuso.

Yo tengo chorra, tú también, pero yo no tengo por qué llevarla fuera continuamente como si hubiera que demostrar algo más que presumible. 

Y como no, ya hay mascarillas republicanas, antifascistas, autonómicas, independentistas, feministas, ultracatólicas, etc. 

Todo lo cuál nos va a hacer pasar la distopía de una manera mucho más amena. 

Dicho esto pueden empezar a despotricar pero desde un mínimo de respeto. Muy mínimo que no tengo el chichi para farolillos.