NADIE VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO

Nadie voló sobre el nido del cuco. El frenopático está desbocado y la medicación no causa efecto. Un simpático señor alemán hace que le siga una cámara para que grabe cómo, en un acto travieso pero lleno de simbolismo, estrangule a un ministro de economía de cierto país de cuyo nombre no quiero acordarme. 
Y el ministro, sorprendido primero, le ríe la gracia pensando que Dios aprieta pero no ahoga, o quizá sí. 
Así que toca estrangular al pueblo al que dicen representar arrogándose los votos, los no votos y las abstenciones. 
Y hay que sacar pasta pues la bravuconada del presidente no sirvió de nada y la soberanía de los estados se la pasa la eurozona por la puerta de Brandemburgo. 
La democracia ha muerto, voten si quieren, asturianos y andaluces, que va a dar igual. Que si los programas electorales siempre fueron declaraciones de intenciones más que compromisos, ahora si que son papel mojado. 
Decide el mercado, que gobierna al minuto, tomando las decisiones a una velocidad inalcanzable. 
Somos los suburbios de Europa cuyo centro gana calidad de vida mientras se nos usa de vertedero y se nos exige que tengamos el barrio limpio. 
La clase obrera, si es que existe, sale a la calle y convoca huelgas que servirán para eso, para nada, pues la mayoría absoluta, con la inestimable colaboración de la derecha centrífuga, decide que habrá reforma porque los mercados así lo estiman conveniente. 
Esta mañana, un célebre tertuliano local aludía a octubre del 34 pareciéndome desafortunada idea, por un lado porque no está el horno para bollos y por otro porque no creo que aquella fecha tenga mucho de ejemplarizante. 
Pero las opciones son pocas, no hay salida, Grecia está en el horizonte y la paciencia tiene un límite. 
Vemos partidos de Champions con bufandas de clubs que deben a la hacienda pública cantidades a tener en cuenta para aminorar el déficit y que parece que nadie va a hacerles pagar mientras nos anestesien con jugadas imposibles y titulares del Marca. 
Los que tienen la pasta ganan cada vez más y pagan menos. Los usureros usan nuestro dinero para hundirnos en la miseria. Roban a espuertas fondos públicos alcaldes, consejeros, directores generales, nobles, plebeyos, yernos aventajados, folclóricas, toreros, y asistimos al Sálvame de Luxe atónitos porque no hay quién nos salve. 
El estrangulador de Europa sigue suelto y no nos están dejando más salida que la jauría humana y eso no suele acabar bien.