DE MOROSOS Y SUS CATEGORÍAS



Que somos un país de pícaros, caceros y pufistas no habrá quien lo niegue, digo yo. Pero lo peor que puede ocurrirle a un país así es que haya resignación al latrocinio, asunción del trinque y el impago como modo de vida.
Cuánto empresario de postín, seguro que alguno conocen, ha vivido y se ha enriquecido gracias a dejar pufos colosales a bancos, proveedores, instituciones públicas (de estas mejor no hablar porque merecen un capítulo), etc., etc. El caso es que luego no tenían nada, nada a su nombre, claro está, pues conducían el coche de lujo de su señora, vivían en el chalé faraónico de su retoño, y la empresa había dejado de existir y ya podía uno reclamar al maestro armero.
Las triquiñuelas legales a las que puede acogerse un ladrón de los de esta ralea son insondables. Y así viven muchos, timando y estafando a los primos, que somos usted y yo, usando de ganchos otros cómplices de postín.
Eso sí, no se le ocurra a usted dejar de pagar un recibito sea del servicio que sea, un pago de hipoteca, el IBI, o cualquier deuda privada. Caerá sobre usted todo el peso de la ley, le echarán encima matones, abogados, y le quitarán hasta las costuras de los gayumbos además de premiarle con el honor de estar en una de esas listas de morosos de las que es más difícil borrarse que apostatar.
Parece, bueno, no parece pues era vox populi, que ese era el estilo del ilustre expresidente de los empresarios patrios, buena representación para el colectivo, tanto como poner a un vago como sindicalista, ah, ¿que también pasa?.
A ver si cunde el ejemplo y ejemplarizamos con quién tenemos que hacerlo, no con los de siempre.