TOUCH y La escopeta nacional, remix.

Todo está conectado, todos estamos conectados, al menos eso defiende la física cuántica y las pseudoreligiones que comienzan a surgir bajo sus alas, así como las series de éxito como TOUCH, en la que un niño autista tiene la fórmula matemática que nos rige a todos en cualquier parte del mundo.
Así vemos como un Borbón se agujerea un pié con un arma de caza por tierras de Soria, la Castilla recia. El abuelo, con el que alguna conexión tendrá, que también conoce los nocivos efectos de las armas, sobre todo a edad temprana, con mayor edad y experiencia, la cual parece no haberle servido de nada, se descalabra en tierras de Tarzán cazando elefantes mientras su cónyuge celebra la pascua ortodoxa en una tierra que no está para fiestas ni para reinas propias ni ajenas. Como tampoco lo está este país en el que nos despertamos a sustos de primas y recortes improvisados a golpes de tirón de orejas desde la metrópolis europea.
Hablando de primas, quién no tiene una prima en Argentina. A Mariano va y le sale una que va de Evita y le desmantela una de las pocas empresas españolas que funciona, no para los españoles, sino para los capitales, que son los que mandan.
Se recorta en sanidad y atendemos los desaguisados regios en la privada, por aquello de no gastar. No nos llega para filetes de porcino mientras el Jefe del Estado se dedica a su vocación de cazador blanco, corazón negro, dando una imagen de blanco y negro, más surrealista que el NODO del Caudillo, con porteadores raquíticos devorados por las alimañas mientras el gran mono blanco aúlla al caer de la liana y joderse una cadera.
Van a tener razón los que dicen que no somos un país serio, sobre todo si atendemos a las vicisitudes de la familia que ostenta la más alta representación. Guión de sainete con yernos advenedizos y algo cacos, nueras que pasan del informativo al palacio a lo Pretty Woman, niños de pataleta a escopeta limpia y abuelo Cebolleta  sintiéndose Mufassa, el Rey de la Selva.
Recupérense, lo digo sinceramente, cúrense de las heridas atesoradas en poco honrosas batallas, y recapaciten. El pueblo no está para bromas ni sainetes.
Los tiempos de La escopeta nacional ya pasaron.