ELECCIONES

El próximo domingo, por si alguien aun no se ha enterado, hay elecciones al Parlamento Europeo.
De entrada anuncio que un servidor de ustedes no va a ejercer el derecho al voto, y no lo va a ejercer porque es un derecho y no una obligación.
No lo va a ejercer por multitud de razones, de las cuales, dejaré aquí unas cuantas.
Por desgracia considero que la democracia liberal, sí, el sistema ese en el que nos encontramos, está completamente amortizada.
No, no se alarmen, no estoy llamando a la dictadura, fuera del signo que fuere.
Creo que, en el actual estado de cosas, da igual la representatividad política de los ciudadanos. Los partidos han dejado claro que no representan a nadie a parte de sus intereses dentro de la dinámica del poder.
Por otro lado es más que evidente que el poder se halla en otras instancias y no en los parlamentos. Se halla en los parqués, en los mercados virtuales, y no tiene nombre y apellidos ni son una logia organizada, el poder se halla en un ente etéreo llamado capital.
El capital manda y está demostrando que no hay cojones a ponerle cortapisas, es un fluído que atiende a leyes similares a las de la física cuántica.
Por eso mismo es la derecha política la que se encuentra en su medio natural, aunque a veces su propio medio le haga ser víctima de impredecibles "cambios climáticos".
La izquierda sigue a otra cosa. Cuando no retoma el discurso decimonónico intenta adaptarlo torpemente a los tiempos que corren o, simplemente, sigue diciendo lo mismo pero a través de twitter mediante aparatos bajo tecnología "Apple".
En el tema económico anda todo el mundo más perdido que una cabra en un garaje y, por ende, en el social también. La justicia social no existe, toda vez que se diluye el icono del estado del bienestar, y, en el mundo que vivimos, el bienestar sólo viene del capital, no del Supremo Líder Norcoreano. Pregunten allí a su feliz clase obrera.
Pero a parte de estas consideraciones, y por no meterme en un jardín, volveré a situarme en nuestro contexto, esta Península en la que habitamos, con sus islas y sus territorios vallados en África.
Los dos grandes partidos se enfrascan en un trascendente debate sobre el machismo, jaleados por sus medios afines, diluyéndose, como siempre, los programas o declaraciones de intenciones para hacer política en eso que llaman Europa.
Unos consideran que el patanismo de Cañete le hará perder y otros que quizá hayan conseguido, como el otro día me apuntaba un amigo, llevar el debate al terreno que buscaban y así desvanecer las grandes putadas a las que están sometiendo al pueblo, teóricamente "soberano".
Izquierda Unida loca por arañar votos desencantados pero practicando lo que mejor sabe hacer, mucho ruido y pocas nueces. Insertada en todo movimiento social o ciudadano para inocular sus modos y consignas que, al final, suelen quedarse en eso, salvo honrosas excepciones.
Luego tenemos a los demás. Un granado grupo de gente bienintencionada, o no, con sus banderas en colores alternativos, procedentes de ámbitos como la judicatura, la universidad, o, simplemente, una tertulia líder en audiencia.
Llegados a este puntos repetiré que no voy a votar. No voy a votar porque sigo sin creerme nada de nadie, de ninguno, del primero al último, y tengo la sensación de que cada discurso o panfleto tiene algo de estafa.
Sigo creyendo que la democracia es el sistema menos nefasto, a pesar de la que cae, pero debe regenerarse y mucho. Pero quien debe regenerarla, el pueblo, está cayendo en picado, quizá por el desencanto, hacia el retroceso cultural y ético, a una involución hacia el simio tribal y primario, debido quizá a una ausencia total de liderazgo.
Así que el día 25 vayan a votar, quien quiera hacerlo, y háganlo en conciencia, a ver si algún resultado hay, y pasen un feliz domingo que, un servidor de ustedes, estará trabajando, junto a muchos otros, para intentar garantizar que ejerzan su derecho en total tranquilidad.