NO PIENSO COMO TÚ.

No pienso como tú, pienso como yo.
Carezco de ideología de grupo, pienso como individuo.
Podemos coincidir en muchas cosas pero no pretendas que comulgue con tus ruedas de molino.
Rechazo las mitologías, las leyendas urbanas y rurales, los dogmas y la fé. Los catecismos ideológicos con su épico articulado de preguntas tramposas para respuestas sumisas.
Soy lo que soy, lo que he vivido, lo que he aprendido leyendo, quizá tus mismos libros, pero leer no es engullir, es digerir y desechar los residuos.
Soy mi día a día, las noticias que me afectan y que afectan a otros, las opiniones que comparto y las que detesto, no por opiniones sino por sectarias.
Soy mi punto de vista, como tú eres el tuyo, pero a veces intento alejarme para abrir el campo de visión y ver los hechos, no las sensaciones.
Seguramente conozca yo más las imperfecciones de la sociedad por experiencia que tú por informado.
Detesto los sermones, los previsibles discursos, los estribillos, los eslóganes diseñados a cartabón por prestidigitadores del lenguaje.
Soy reacio a las banderas, a su vertiente separadora o beligerante contra los colores opuestos.
Las masas me aterran, como entes amorfos de pensamiento nulo y reacciones en tsunami.
La mentira interesada, la manipulación informativa, la descontextualización de todo y en cadena.
Odio la épica de la trinchera, de la bala nominada, de los lechos de cuneta.
Sé que podemos ser mejores, de hecho somos mejores que hace unos años, que podemos construir lo mejorable, siempre mejorable, pero no creo en las voladuras cuando existen los cimientos.
No, no pienso como tú, parcialmente puede, pienso como yo y así seguiré, sin buscar adhesiones ni aplauso aprobatorio.
Puede que me esté volviendo antisocial, aunque más bien yo diría que soy contrario al rebaño, a la manada, a la jauría.
No son tiempos de masas, son tiempos de redes, individuos conectados, no amontonados, compartiendo y discrepando, sin líderes mesiánicos de los que repetir sus monsergas.