EL DÍA DE LOS AZARES

Vísperas son del día de los azares. De las cifras cantadas, bolas perforadas insertadas en alambre, recién paridas del bombo, regalando posibilidades de mejora. Baile de la fortuna en tiempos de crisis, con la botella ansiando el descorche, la salida del bache, saldo de deudas y más de un dispendio.
Dudo mucho que sea este año, como los anteriores, el propicio para bailar zapateados sobre mesas de nogal de despacho receloso.
Dudo mucho que dé el salto a la mejora. A la deshipoteca terapéutica y catártica.
Dudo mucho que nada cambie para próximo año salvo el inevitable efecto del tiempo sobre las edades y los rasgos.
Si sonara la flauta, que poca fe tengo en esto también, yá lo anunciaría a bombo y platillo para que ustedes gocen del mal de envidia.
Pero mi flauta es muda, poco dada al silbo espontáneo, y seguiré aquí, desvariando y desahogando mis frustraciones.
Mis números no suelen combinar en armonía con los cantados por escolares agudos.
Suerte para todos y, si no, pues salud, que es el mal consuelo que nos queda a los tontos aquejados del mal de muchos.