A PROPÓSITO DE SANTIAGO

FOTO: EFE
No tenía un servidor edad de votar cuando asistió a un mitin del Partido Comunista de España en el Teatro Lopez de Ayala de mi ciudad, Badajoz.
El protagonista, Santiago Carrillo.
Con curiosidad juvenil, la misma que me hizo ir a los de otras fuerzas políticas, me dediqué a escuchar las palabras de aquel hombre, del que sabía que hacía tiempo que formaba parte esencial de la historia reciente de esta península cainita.
Sus palabras, con contenido; algo que tanto se echa de menos hoy en día; sus gestos, su magnetismo, sus tablas de orador y sus argumentos, me convencieron a esa edad temprana que mi ideología tendría que derivar hacia la izquierda.
Nunca milité en ningún partido, como muchos saben, porque mi temperamento y mi heterodoxia me harían muy difícil compartir todo el ideario como si fuera un catecismo. Seguro que le ocurre a muchos de los que militan, y los admiro, yo no tendría paciencia y me daría mucha pereza comulgar a veces con ruedas de molino por la causa común de la organización.
Y Carrillo murió, como era de esperar por pura biología, y, como siempre, aparecieron los recuerdos, de lo bueno y de lo malo.
Habiendo vivido de forma activa una República marcada por la escisión y la quijada homicida levantada por varios frentes, una salvaje guerra fratricida, una brutal dictadura, la transición que se pudo hacer y esta época actual en que el capital ha sometido por completo a la política; es lógico que esa trayectoria esté plagada de luces y sombras. Como estuvo la de Fraga por otra parte.
El caso es que los enemigos de la memoria histórica, los que hablaban de no abrir cunetas para cerrar heridas, ahora ejercen la suya para hablar de Paracuellos del Jarama.
Ojalá se aclare fehacientemente todo lo que allí ocurrió, se despejen las responsabilidades que, según parece por lo que leo, no están ni por asomo claras, y se ilustre la historia con los nombres de víctimas y verdugos. Pero no sólo los de Paracuellos sino todos los demás, los de Badajoz, por ejemplo cercano.
Cuando los libros de historia se llenen de verdades dolorosas se podrán cerrar heridas.
Porque los que hablaban de que la memoria histórica era revanchismo, obvian que en el aparataje e instituciones del Estado, una vez restaurada la democracia, siguieron en sus puestos gentes que habían tenido responsabilidades directas e indirectas en la ilegítima represión que practicó un régimen ilegítimo. Y no hubo revanchismo en esos casos.
Y dicen que la muerte nos hace a todos buenos, pero no, no nos hace a todos buenos pero yo, porque me da la gana, me quedo con el hombre austero que lideró la más activa lucha antifranquista. El hombre que renunció a muchos principios por mor de la reconciliación, que se enfrentó a la URSS, a parte de su propio partido, y contribuyó a la intentona de convertirnos en un país moderno. Porque por encima del Comunismo amó la libertad y a su país.
Y se fue cargado de tabaco, amigos, enemigos e historia, mucha historia.
Salud.