CRESCENCIO

El abuelo Crescencio era, como casi todos los rurales abuelos, un adicto al sol tibio, el cual consumía matinalmente en dosis lenta, sentado sobre algún banco de la plaza, tras el paseo diario por los alrededores del pueblo. Paseos en los que rememoraba, al paso por cada hito en la memoria, las cicatrices del trabajo o los alivios de besos furtivos, siempre torpes, en los atardeceres de estío.
Mucho había vivido y consciente era de ello, por lo que asumía sin drama, a pesar de no sufrir demasiado achaque, el no despertarse cualquier mañana o quedarse en algún tramo de alguno de los caminos acostumbrados. "Lo tengo tengo todo andado".
Vivió guerra y paz, tiranía y caciquismo, libertad a medias y, ahora, cuando creía que todo mejoraba con el tiempo por propia naturaleza, asistía excéptico a eso que los tertulianos de postín llaman regresión.
Pero Crescencio tenía un dicho, un "hablar", que repetía de vez en cuando, en las raras ocasiones en que vulneraba el silencio innato de la gente sabia. "Nada vuelve, por lo menos, nunca peor".
Y alguna noche, "fea está la cosa", murmuraba ausente; escuchando, más que viendo; telediarios y tertulias mientras cenaba la sopa de ajo, antes de la leche templada previa al reposo.
Era descreído, poco amigo de rituales y sotanas, pero no pudiera decirse que era ateo, quizá porque nunca tuvo necesidad de planteárselo. "Algo habrá, si usted lo dice..." contestaba desganado a algún parroquiano con ganas de entablar parlamento transcendente.
Nadie le vio nunca discutir, sus debates eran internos, con los rayos de sol que le templaban el ánimo cada mañana. Un casi imperceptible desasosiego nublaba a veces su clara mirada. Solía ocurrir cuando veía a los niños jugar a las escondidas por entre los setos del parque, con sus gestos claros y sin surcos, ajenos aún a la vida y sus contextos.
"¿Le molestan los niños, Señor Crescencio?".
"Qué me van a molestar, mujer, qué me van a molestar".
"Vaya usted con Dios, Crescencio.",
"Vé tú, que te hará más servicio".
"Qué cosas tiene, Crescencio... qué hombre éste".



Ruptura

Siempre me he declarado de izquierdas y creo que mi ideología es más que evidente para quien sigue mi actividad en la red.
Nunca tuve filiación política, sin embargo, porque me cuesta mucho ver representadas mis inquietudes si para ello debo comulgar con ciertas ruedas de molino.
Así pues he ido ejerciendo mi derecho al voto dentro de las opciones de izquierda, dependiendo de la capacidad de convicción que cada partido o líder del mismo tuviera sobre mi peculiar idiosincrasia.
Desde hace quizá demasiado tiempo que las continuas decepciones me han alejado de los colegios electorales al no encontrar, más que soluciones factibles, la mínima coherencia y elaboración en los programas que, dados los tiempos que corren, se quedan en el slogan y el panfleto.
Sé que no tengo la exclusividad en esta sensación de que todas las opciones políticas toman por imbéciles a sus votantes. Lo triste es que quizá tengan razón.
En el contexto socioeconómico actual, está claro que la derecha se mueve como pez en el agua.
La izquierda, mientras tanto, anda desorientada, a parte de atomizada, y sus recursos pasan de la impotencia ante el capitalismo que muestra la social democracia a las fórmulas caducas de los setenta, eso sí, sumando a la presencia en las calles la alta capacidad propagandística de las redes sociales. Hemos cambiado las octavillas por los "tweets".
En los medios de comunicación más de lo mismo. El frentismo, la burda manipulación y el panfleto, de las demenciales portadas de La Razón a los titulares de Público.
Pero metámonos en el meollo de esta entrada.
Uno, como ustedes saben, trabaja en lo que trabaja. Para mí, como para la gran mayoría de mis compañeros, este trabajo no deja de ser más que un servicio público esencial y con esa vocación salimos a la calle. Independientemente de la ideología del que gobierne que, si ahí está, no lo olvidemos, es porque le ha votado la mayoría.
Los distintos gobiernos, de uno y otro signo, han pretendido utilizar, con mayor o menor fortuna, a las FF y CC de Seguridad para algo más que para dar servicio a sus ciudadanos. Ocurre en todos los ámbitos de lo público. Pero para evitar eso están los mecanismos de control a los que tanto las fuerzas de oposición como el resto de ciudadanos, así como los propios sindicatos policiales,  deben acudir.
En esta profesión la actividad es muy diversa. Tan diversa como son las amenazas que afectan a la seguridad de los ciudadanos.
Una de esas actividades, quizá la mas controvertida, es la que se ocupa del orden público.
En una democracia, términos como orden público o seguridad ciudadana, debieran ser objetivos, sin lugar a muchas interpretaciones, y, para los profesionales, así son. Para los políticos parece que no.
Así unos lo interpretan en un sentido restrictivo y otros más abierto a la conveniencia.
Y en el debate político actual el orden público adelanta, por ambos lados, a los problemas socioeconómicos, que son los que afectan a los ciudadanos.
Y en este juego la izquierda está siendo enormemente torpe cuando no mezquina.
La movilización es necesaria, la violencia no. Pero en esa movilización la izquierda, política y mediática, está perdiendo los papeles.
Debería reflexionar, y no quiero extenderme más, que si a la gente le indigna y le alarma una carga policial, la mayoría de las cuales se relatan sin describir las causas, mucho más le puede alarmar ver linchados a sus policías. Por mucho que se pretenda justificar esa violencia y se respalde a los detenidos en los juzgados, lo que le queda a la mayoría de los ciudadanos como mensaje es que si los encargados de protegerles son tan vulnerables, qué les puede ocurrir a ellos.
La anarquía está bien como teoría pero el común de los mortales quiere seguridad.
Las teorías de que quien revienta las manifestaciones son polis infiltrados dejan de funcionar.
Por todo eso, y antes advertiré que no me volví de derechas, por la condescendencia con los salvajes de los que se reivindican pacíficos, por la demagogia de considerar represión lo que en Cuba o Venezuela se considera defensa de la revolución, por llamarme fascista un día sí y otro también, por no haber tenido el mínimo gesto de apoyo con aquellos que también os defienden, por vuestra tibieza con quien mató y con quien les sostiene, por tener nostalgia contínua del 36 y de lo que pudo ser y no fue, por todo eso y más rompo con vosotros, "verdadera izquierda", líderes de barro basados en la falacia como método.
Y que conste que no empecé yo.

LÁGRIMAS NEGRAS EN FRECUENCIA MODULADA




Hace ya algunos años, mi amiga Loli Olavarrieta, presidenta de la Unión de Comerciantes del Caudal, me llamó para participar el el programa radiofónico que dicha asociación tenía en la radio local, Radio Parpayuela
A partir de ahí, y en mi condición de Delegado de Participación Ciudadana, función que desempeñé durante algún tiempo, la dirección de la emisora tuvo a bien contar conmigo para diversas intervenciones, muchas de ellas relacionadas con la actividad policial, y luego como ciudadano de Mieres, en la tertulia matinal, en la que sigo participando. 
Parpayuela ha sido mi casa pues en ella siempre me he encontrado a gusto, y me ha brindado la oportunidad de conocer gente de la zona perteneciente a un amplio abanico de representatividad tanto social, como cultural e ideológica. 
Una radio local con clara vocación de servicio y, si bien mantuvo, como todos los medios de comunicación, cierta línea editorial, lo cual fue siempre criticado, en la misma ha cabido todo el espectro político y social de las cuencas mineras. 
Nunca tuve una negativa, en mis tiempos de Delegado de Participación Ciudadana de la Comisaría de Mieres, para dar traslado de las campañas oficiales de prevención que por mi puesto debía desarrollar, es más, siempre se me adelantaban a ofrecerme sus micrófonos y si tenía que dar alguna conferencia, no tardaron nunca en elaborar la correspondiente cuña para promocionar la misma. 
Una radio pequeña y cercana pero con vocación de grande, sin plantearse límites a la hora de entrevistar a cualquier personaje tuviera la entidad que tuviera, y, a través de la asociación cultural, promoviendo actos y conferencias de gente de renombre a nivel nacional e internacional, estimulando la vida cultural y social de Mieres y su entorno. 
Pero los números son los números y, en los grises tiempos que corren, las cifras no entienden de utilidad pública, servicio público y todas las expresiones que puedan tener "público" como sufijo. 
La ciclogénesis de la puñetera crisis, el desmantelamiento de las administraciones y de los servicios al ciudadano, se llevan por delante casi treinta años de ondas mineras. 
Según anuncia la dirección de la entidad en el video que arriba les pongo, el próximo día 25 de Abril, acuciados por la ausencia de ayuda pública, se ven obligados a silenciar sus micrófonos. El 94.0 quedará mudo en sus aparatos de radio. 
Se acaban las tertulias de andar por casa, de vecinos con nombre y apellidos cercanos, los consejos médicos y veterinarios, la actualidad sindical minera, el mundo del cine y el cómic, las inquietudes de la mujer, de los jóvenes, la música clásica, el jazz, la "Toná", el deporte local, la meteorología de Dimas, las noticias de Sol, etc., etc.
Seguiré asistiendo siempre que pueda, hasta el último día si es preciso, a aportar mi sureño acento a esos micrófonos que se ven abocados a una prejubilación forzada y sin remunerar. 
Ojalá, la manida "recuperación" que sólo algunos ven, restituya a los ciudadanos servicios que, sin considerarse esenciales, le aportan información y cultura, tan necesaria para sentirnos vivos en este valle de lágrimas negras como el carbón que, también, se diluye en el temporal. 


FIN DE CURSO

Parece que el trece agoniza y uno diría que se resiste, como los buenos villanos, a dejar de jodernos la vida.
El cambio de año no deja de ser una convención y el traspasar la frontera de la noche del 31 no nos garantiza grandes cambios. Yo mismo, cuando brindo con alguien, suelo decir "feliz año nuevo" aunque estemos a 40 grados a la sombra en una terraza extremeña, queriendo decir que cualquier momento es bueno para comenzar una nueva etapa sin tener que someterse a la dictadura de los calendarios.
Pero asumamos las convenciones pues algo de utilidad también tienen y todos los balances, los índices, las estadísticas, los indicadores económicos, etc., se miden por años y no deja un año de ser un ciclo en el movimiento de este planeta maltratado por la especie más evolucionada que jamás se conoció.
En estos trescientos sesenta y cinco días se ha consumado la "masacre" a la que el sistema nos ha sometido.
Nos ha situado donde el sistema quiso situarnos, más pobres, más carentes de eso que llaman bienestar, mientras las élites han mejorado sustancialmente. No creo en las estrategias de inteligencias colectivas orquestando este desastre, aunque hay que reconocer que algunos han puesto mucho de su parte.
Pero de economía, política, etc., estarán ustedes hartos de leer a gente mucho más preparada que este humilde emborronador de pantallas, así que mi entrada va a ir por otros derroteros que, con toda seguridad, tienen relación directa con todos esos temas.
Creo que el 2013 no sólo ha supuesto un retroceso en lo crematístico, en lo social y en lo político. A mi parecer, un parecer muy, muy subjetivo, este ha sido el año de la vuelta a las cavernas. Y no hablo de Intereconomía y otros sucedáneos informativos, que también, sino que veo que el cutrerío, la mediocridad, las malas formas y maneras, la incultura, la grasienta sotana y el cartomante, lo soez, la sordidez del vino barato y el puterío de olor a zotal lo está invadiendo todo.
Puede que sean sensaciones pero miren a su alrededor.
Las calles sucias, gracias también a los recortes presupuestarios, hacen que cada vez más se tiren papeles al suelo, que se recojan cada vez menos los excrementos de los animales domésticos y uno tenga más posibilidades de pisar una mierda que de recibir de un convecino un atento "buenos días".
El diálogo es el grito, la berrida, y es imposible ver una tertulia o debate en el que se respeten los turnos de intervención.
Pásense, como no, por las redes sociales e intenten opinar de algún tema en alguna de esas páginas colectivas creadas, según dicen, para intercambiar impresiones. O repites el discurso del borrego aplaudiendo las ocurrencias del que quiere crear opinión, desde una ortografía cada vez más criminal, o estás condenado a la jauría.
La inteligencia parece haber quedado para los terminales móviles y si bien nuestra interconexión debería ser un motor de cultura, más bien parece que nos convierte en zombies con pulgares.
Y dirán muchos que no será para tanto. Y no lo será y quizá sea, como ya dije antes, todo subjetividad, pero tengo la impresión de que se están desperdiciando las enormes oportunidades que la ciencia y la tecnología nos están brindando.
Nos quedamos en lo simple, en el detalle, en la foto, en el corte de video, en el titular, en la secta, en el "OLA KE ASE" y muy pocos intentan exprimir el potencial de lo que nos rodea para intentar mejorar este estercolero.
Vemos lo que queremos ver, leemos, poco, lo que queremos leer y oímos lo que nos interesa oír, huyendo de la controversia, es decir, de la dialéctica, y nos recreamos en lo simple y básico para reafirmar nuestra postura.
Con estas expectativas, miedo da en qué puede acabar la democracia viendo en qué se está convirtiendo la mayoría que, no se olviden, es la que acaba poniendo a los gobernantes.
Y ya que despotriqué, que el 2014 les sea leve.


RECTIFICAR ES DE SABIOS

Uno no es tan listo como pudiera parecer a algunos ni tan gilipollas como les pudiera parecer a otros. Uno se considera normal, de la media, pero sí debe, a veces, reconocer algunas carencias.
Incauto, confiado, crédulo de la palabra de alguien que te mira a los ojos, y claro, cuando te das cuenta de que te la han calcado, te jode enormemente.
Si encima el que te la calca pretende hacerte creer que te está muy agradecido por cierta defensa que hiciste de su persona y su profesionalidad, todo ésto en un medio de comunicación, pues te escuece dos veces más.
Porque tuvo la osadía de citarme para mostrar su agradecimiento cuando, ahora lo entiendo, su objetivo no era otro que indagar sobre la información que yo pudiera tener sobre ciertas actividades y otros individuos de parecida ralea.
El colmo es cuando compruebas que el individuo, falso, hipócrita, cínico, es uno de los responsables de una campaña indigna contra tu persona a través de una página de una red social, incurriendo en varios delitos de injurias y calumnias. El contenido delictivo fue prudentemente retirado pero nadie se disculpó siquiera por tamaño desaguisado y aun se pretende que uno ponga buena cara cuando se cruza por la calle con según qué gente. Es más, a la mínima oportunidad se insiste y se persiste en la sutil alusión, en el comentario jocoso e irónico, en la imbecilidad más que nada.
Pero dejemos de lado sucesos del pasado y retomemos lo que en realidad importa.
No voy a retractarme del total de lo manifestado en aquella tertulia radiofónica, mantengo que en la relación profesional, en la calle, siempre que había un problema o una situación especialmente conflictiva, allí estaba, cumpliendo con su deber, por otra parte. Ahora bien, ha demostrado que, al menos a nivel personal, no merece un ápice de confianza.
No quiero guerras con nadie pero cuando se me busca se me encuentra, y lo digo por alguien que en las últimas fechas estaba muy interesado en enterarse en qué portal entraba.
Por mi parte doy por zanjado el tema. Olvídense de éste "aspirante a poeta", como algunos dicen, y carguen las tintas contra otros, que tienen campo bastante, tal y como demuestran, para no dejar títere con cabeza aunque a veces tengan que recibir de la misma medicina.
Sigan su camino que yo seguiré el mío.
Si alguien quiere decir algo al respecto, o aclarar cualquier duda, ya sabe dónde encontrarme. Yo no me escondo, ni aquí ni en ningún sitio. 

A PROPÓSITO DE LA LEY DE SEGURIDAD CIUDADANA

En un principio, así, a volapié, trabajando uno en lo que trabaja, pudiera parecerle que la amenaza de sanción de 30.000 € para el que te miente la madre está bien y pudiera disminuir, al menos, el número de veces en que se acuerdan de tu progenitora, y no en plan cariñoso. La posibilidad de que a uno le puedan llamar menos veces "hijo de puta", dejen de escupirle y lanzarle de todo, es bastante atractiva para el afectado y puede hacer que se sienta más protegido y respaldado a la hora de desarrollar una profesión tan controvertida.
En un análisis simplista podría llegar a pensarse que cuanto más dura sea la ley, menos problemas va a tener uno en su laborar.
Pero este apartado del proyecto, uno de los más llamativos según parece por los titulares que ocupa en nuestra sesuda prensa nacional, es sólo un pequeño detalle de una norma con otro calado.
Se saca esta ley apelando a la necesidad de prevenir altercados y situaciones desagradables en las calles.
Pero claro, para evitar la mayoría de altercados y situaciones desagradables que se producen en las calles, nuestros gobernantes no tienen más que hacer lo que tienen que hacer y, si no bien, al menos intentarlo.
Ya verán como entonces disminuirá el número de escraches, manifestaciones, concentraciones, etc., etc.
Seguro que así la gente ve a la policía como lo que realmente es, un servicio público, y no se ven tentados al insulto y la agresión, dejándose llevar fácilmente por la manipulación de los profesionales de la agitación.
Que becerros habrá siempre, haga lo que haga el poder, claro, pero la masa social que ahora ocupa las calles es bastante amplia y forma parte de casi todo el abanico social porque se ha conseguido eso, cabrear a todos menos a ciertas élites a las cuales les está yendo de perlas.
Sí me quiero sentir respaldado en mi trabajo, protegido de agresiones y vejaciones injustas, pero no me gusta verme en la picota constantemente para distraer de las miserias que la pésima gestión pública, política y económica está causando.
Cuando se castiga a alguien puede que lo entienda si ve que otros, con infracciones mucho más graves, también pagan en proporción. En la actualidad no es el caso.
Y sí, me ofende que me insulten, que me llamen "hijo de puta", que me escupan, que me lancen objetos, que me llamen "fascista" y "sicario" de forma injusta y sectaria, pero me ofende infinitamente más que me insulten la inteligencia constantemente y pretendan que les agradezca el choteo con el que se nos trata por la clase dirigente. 

EL FINAL DEL TÚNEL. "CORRE HACIA LA LUZ"

Es evidente. El panorama es desolador. Puede que se vea el final del túnel, no seré yo quien niegue la mayor a sesudos economistas y autoridades monetarias, quizá los mismos que no vieron la entrada al agujero o, si la vieron, no hicieron nada para evitarla.
Aunque la recuperación comience, que algún día tendrá que comenzar aunque sólo sea por las inercias del propio motor de la historia y sus ciclos, el futuro se ve francamente mal. No para todos, claro, para los de siempre sí.
A las grandes fortunas, al capital, les ha beneficiado notoriamente esta crisis y algunos han multiplicado exponecialmente sus ingresos.
Pura lógica que hasta con la LOGSE o la LOMCE, sin necesitar una educación como es debido, te puede llevar a sacar tus conclusiones.
Si se facilita la evasión de capitales e impuestos, si puede usted despedir a sus empleados al libre albedrío, contratando esclavos por algo más que un plato de sopa y un chusco de pan, pues es posible que sus beneficios se vean incrementados.
Si además contamos con una maquinaria mediática que inyecta en la población la sensación de que no hay nada que hacer; de que mejor estar quietos y tragar con lo que se nos ofrezca pues siempre hay gente que está peor; que los atracos a las nóminas y a los derechos laborales son necesarios, sacrificios por el bien común, para evitar un mayor cataclismo; que para qué queremos sindicatos si, viendo lo que hacen, repitiéndonos una y otra vez la famosa foto de la mariscada,  pues, coño, para qué quiere usted más.
Asistimos sin inmutarnos a la impunidad de ciertos personajes, todos ellos en los altos escalones del poder, y acabamos asumiendo como normal esta situación esperpéntica para ir acumulando capacidad de resignación.
No sólo nos quitan salario y derechos, nos machacan a impuestos de los cuales no vemos el fruto pues se emplean en pagar pufos y sufragar los desmanes bancarios, viendo como los servicios que nos corresponden en contraprestación a nuestra fiscalidad se van reduciendo a la mínima expresión.
Y sí, llegará el día en que la cosa vaya mejorando pero, que nadie se lleve a engaño, en esta sociedad polarizada unos verán el fruto de la activación económica y el resto sólo podremos aspirar a, quizá, un precario puesto de trabajo que nos dará para lo justo, con dificultades, y seguramente tengamos encima que dar gracias a quién (expresión mezquina y falsa donde las haya) "nos da de comer".
Estaremos inmersos en la incertidumbre constante de si tendremos derecho a pensión, por lo que, si es posible, habrá que ir haciendo uno privado, que es a dónde nos quieren llevar.
Seguirá Cataluña dándonos de qué hablar, algún obispo desmadrado que nos quiera regresar al medievo, La Roja y alguna serie de televisión del ínclito José Luis Moreno que nos haga reír con la grosería tosca, burda y rancia de chistes de puticlub.
De vez en cuando nos renovarán alguna infraestructura lúdica o deportiva, pagada por nosotros hasta la comisión correspondiente o el sobre para el Bárcenas de turno, y podremos jugar al frontón con un chándal de mercadillo, el que nunca debimos abandonar.
Es el gran triunfo del sistema, ese que cedió temporalmente con aquella falsa ilusión llamada "Estado del bienestar", pero que recuperó su verdadera vocación. El rico, rico y el pobre, pobre, las cosas "como Dios manda", qué cojones nos habíamos creído.

Las emociones y la política.

Hay quién dice que las emociones nos hacen humanos. Puede que sí o puede que no. Puede ser que las emociones sean el hilo que nos mantiene unidos a los instintos, a lo animal, que es lo que en realidad somos.
No digo que las emociones sean nocivas per sé, ni mucho menos, quién no se emociona con una obra de arte, con las relaciones personales, etc. Lo ideal es equilibrarlas con la razón, lo cual presenta serias dificultades, pues la razón es la prueba más palpable de la evolución y lo que nos distancia del simio.
Las emociones, como muchas otras cosas, deberían quedar para el ámbito privado, personal, y para lo público, para las relaciones sociales, para la convivencia, lo que debiera primar es la razón, el sentido común al que apelaban nuestros abuelos.
Últimamente asistimos a un exceso de carga emocional en la política, en la gestión de los problemas, cuando esos ámbitos debieran ser asépticos y basados en la objetividad de la razón.
Es difícil, muy difícil, pues no somos máquinas y las emociones tienen una fuerte tendencia a aflorar en todo lo que nos afecta.
El problema fundamental aparece cuando se utiliza, premeditada y mezquinamente, la emoción como base de las actuaciones públicas o como respuesta u oposición a las mismas.
Yo no necesito un Presidente que me haga extremecer cada vez que hable, para eso tengo a Pavarotti, a Callas o a Domingo. Yo necesito una administración que actúe desde la inteligencia, no desde las tripas.
Una justicia equilibrada que no intervenga a golpe de alarma social. Una sociedad en que las banderas sean eso, meros símbolos, y que no base el motor de su desarrollo en colores e himnos o en vanas arengas de patriotismo trasnochado.
Necesito que el Estado me proteja de asesinos y bellacos, pero desde la Autoridad objetiva y el imperio de la Ley, no como vengador.
Un Estado que defienda a las víctimas pero desde el Derecho, no como plañidera compungida cuando alguien con más sentido le dice que así no se hacen las cosas.
Estamos en el siglo XXI, no en el XIX, y tenemos que avanzar como sociedad, no retroceder a la tribu y a la hoguera.
Y yo, personalmente, desde mis emociones, me enervo enormemente viendo las sonrisas de las alimañas abandonando cárceles investidas de un victimismo bastardo. Pero la razón me dice que, objetivamente, ha fallado la política y la justicia por dejarse llevar por las emociones en vez de haber intentado solventar los problemas desde la eficiencia y la voluntad de servicio.
Y me entristece profundamente ver como se manipula y se comercia con las legítimas emociones de quién ha sufrido de manera atroz.
Y profundamente me entristece ver como se hace oposición con la misma táctica, las doctrinas, los mitos y las leyendas.
Para cuándo la razón. 

USURPACIONES POCO APROPIADAS

Cosas que le pasan a uno por el Facebook:


A PROPÓSITO DE ESTRASBURGO

La culpa de lo de hoy no la tiene Estrasburgo, se veía venir desde hace mucho tiempo. La culpa la tiene el atajo de legisladores y tribunales chapuceros que lo han hecho todo improvisando a golpe de emociones, alarma social o interés político.
La irretroactividad de la ley es un principio fundamental del Derecho Penal en todo país que se pretende democrático. Si el Código Penal se hubiera hecho bien desde el principio y se hubieran regulado los beneficios penitenciarios de una forma más razonable y menos demagógica, no saldrían a la calle ahora el montón de alimañas e hijos de puta que lo harán, encima investidos de victimismo para dolor de las verdadera víctimas.
Podemos clamar al cielo, manipular la realidad, apelar bastardamente a las emociones de los masacrados, y cargar contra el "malvado" tribunal, pero lo triste es que tiene razón, y eso no quiere decir otra cosa que aquí no se han hecho las cosas bien.
Pero eso, en este puto país, es la norma.