Una controvertida figura política. Con evidentes connotaciones negativas en la gestión, reiterándose los tópicos y las lacras que distancian a los ciudadanos de quienes debieran representarlos.
Luego, un crimen atroz. El odio cerval y la venganza más primaria sin ningún trasfondo político. Balas con "V" de "vendetta".
Después la estampida en red de opiniones y exabruptos por parte de las jaurías hispanas.
Sí. Esas realas patrias que tanto ansían ser soltadas por sus amos.
Al mezquino no hay cosa que más le excite que la estética de la trincha y el fusil en bandolera. Unos con afán cruzado y otros, evangelizadores revolucionarios.
Y twitter es la barricada a falta de otros arsenales.
Se desbarra y desvaría y se contrarresta la ignominia con torpes exabruptos de patán de bodega.
Una tragedia griega, un cadáver, dos vengadoras, y el resto mezclando churras con merinas.
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid sacamos las trinchas, las camisas remangadas y los himnos con sabor a tocino rancio, dispuestos a otra balacera.
Quizá no merezcamos más que eso. Lo que mejor hacemos desde siglos. Trincheras y paredones o una buena letrina donde enterrar nuestra miseria.
Las trinchas y las balas
PUEBLO SIN VOZ
Una tertulia algo acalorada la de hoy, pero sin navajas albaceteñas ni de Taramundi de por medio, y una sensación muy agridulce al final.
Y es que alguien, lo denominaremos así ya que parece ser que nadie quiere lidiar esta suerte, parece estar silbando, mirando hacia otro lado, ajeno a un desenlace siempre dramático, tal y como es el cierre de un medio de comunicación.
Y no un medio de comunicación cualquiera sino uno en el que el interés social primó por encima de otras consideraciones.
Todo el que quiso tuvo voz en Parpayuela.
Los problemas cotididanos, las inquietudes juveniles, los problemas de la mujer, la música, la cultura propia y la universal, el deporte, la salud, etc., etc., tuvieron en Parpayuela un altavoz siempre abierto.
Libertad, siempre libertad en las discrepancias y en las coincidencias.
Parece ser que se apaga Parpayuela, "La voz de la Montaña Central de Asturias", y se apaga con ella la voz de todos los que aquí vivimos.
Quizá por ésto último la desidia, al menos aparente, de nuestros queridos políticos, a los que los medios en los que se opina no les supone más que dolores de cabeza.
Pero no olviden que un pueblo sin voz puede pasar a ser, cualquier día, un pueblo sin voto.
Gané mucho en Parpayuela, gané amigos de los de verdad y gané en valores humanos, pues la palabra es lo que nos aporta, valores.
El viernes, si nadie lo remedia, perdemos palabras.
Republicanismo sin nostalgias.
El problema es determinar si vivimos una verdadera democracia que legitime como paso lógico ese cambio en la más alta institución del Estado.
Porque esta democracia adolece de ella misma, de democracia, y los congresos partidistas que deciden los candidatos a la Presidencia del Gobierno son, en el caso de los partidos con opción de gobernar, prácticamente un ejercicio de ratificación de una sucesión, no dinástica pero sí designativa.
Cuando la democracia no es real ni en los partidos que tienen que ejercer la representatividad del pueblo, pues mal andamos.
La República debiera ser el culmen de la democratización de la sociedad o quizá, por qué no, pudiera ser el medio, pero tampoco creo, como algunos predican, que el convertirnos en República borraría de un plumazo los problemas que nos aquejan y la casta política pasaría a ser honesta así, por santo advenimiento de la bandera tricolor.
Pero bueno, asumamos que se aproximase esa posibilidad.
Por qué invocar como modelo la II República que, con sus virtudes, ese momento histórico no hizo más que ser un ejemplo más de nuestra tendencia al cainismo y el fratricidio. Y no culpo al sistema del posterior golpe de Estado y la Guerra Civil pues, aunque algunos parecen olvidarlo, en el origen del golpe se apelaba a la defensa de la República como régimen, si bien las distintas ambiciones, entre ellas las del posterior dictador, hicieron que la cosa degenerara en una brutal y larguísima dictadura que tuvo que finiquitarse desde ella misma pues los republicanos no pudieron derrocarla. Y no olvidemos tampoco que la propia República tuvo tantos o más enemigos dentro que fuera de ella y que levantamientos contra el gobierno democrático los hubo por ambos cauces de este endemoniado río que aun se llama España y que no sabemos en qué cenagal desembocará.
Así que recomendaría al movimiento republicano que mirara hacia adelante con actitud democrática y plural, porque la República no sólo es un Frente Popular de corte revolucionario, en la república debe caber todo, y se cae en el error, tan propio de nuestros tuétanos, de identificar tricolor con izquierda, al igual que se identifica bicolor con derecha, en ambos casos de manera sectaria y desacertada, salvo cuando se gana algún mundial de fútbol.
Y metidos en símbolos, la República fue también bicolor, en la primera intentona, y no por ello fue menos legítima.
Aprendamos de la historia y miremos al futuro, si queremos construir la República debemos hacer eso, construir, sumar, convencer con argumentos, no con himnos, colores y otras monsergas rituales.
CRESCENCIO
Mucho había vivido y consciente era de ello, por lo que asumía sin drama, a pesar de no sufrir demasiado achaque, el no despertarse cualquier mañana o quedarse en algún tramo de alguno de los caminos acostumbrados. "Lo tengo tengo todo andado".
Vivió guerra y paz, tiranía y caciquismo, libertad a medias y, ahora, cuando creía que todo mejoraba con el tiempo por propia naturaleza, asistía excéptico a eso que los tertulianos de postín llaman regresión.
Pero Crescencio tenía un dicho, un "hablar", que repetía de vez en cuando, en las raras ocasiones en que vulneraba el silencio innato de la gente sabia. "Nada vuelve, por lo menos, nunca peor".
Y alguna noche, "fea está la cosa", murmuraba ausente; escuchando, más que viendo; telediarios y tertulias mientras cenaba la sopa de ajo, antes de la leche templada previa al reposo.
Era descreído, poco amigo de rituales y sotanas, pero no pudiera decirse que era ateo, quizá porque nunca tuvo necesidad de planteárselo. "Algo habrá, si usted lo dice..." contestaba desganado a algún parroquiano con ganas de entablar parlamento transcendente.
Nadie le vio nunca discutir, sus debates eran internos, con los rayos de sol que le templaban el ánimo cada mañana. Un casi imperceptible desasosiego nublaba a veces su clara mirada. Solía ocurrir cuando veía a los niños jugar a las escondidas por entre los setos del parque, con sus gestos claros y sin surcos, ajenos aún a la vida y sus contextos.
"¿Le molestan los niños, Señor Crescencio?".
"Qué me van a molestar, mujer, qué me van a molestar".
"Vaya usted con Dios, Crescencio.",
"Vé tú, que te hará más servicio".
"Qué cosas tiene, Crescencio... qué hombre éste".
Ruptura
Siempre me he declarado de izquierdas y creo que mi ideología es más que evidente para quien sigue mi actividad en la red.
Nunca tuve filiación política, sin embargo, porque me cuesta mucho ver representadas mis inquietudes si para ello debo comulgar con ciertas ruedas de molino.
Así pues he ido ejerciendo mi derecho al voto dentro de las opciones de izquierda, dependiendo de la capacidad de convicción que cada partido o líder del mismo tuviera sobre mi peculiar idiosincrasia.
Desde hace quizá demasiado tiempo que las continuas decepciones me han alejado de los colegios electorales al no encontrar, más que soluciones factibles, la mínima coherencia y elaboración en los programas que, dados los tiempos que corren, se quedan en el slogan y el panfleto.
Sé que no tengo la exclusividad en esta sensación de que todas las opciones políticas toman por imbéciles a sus votantes. Lo triste es que quizá tengan razón.
En el contexto socioeconómico actual, está claro que la derecha se mueve como pez en el agua.
La izquierda, mientras tanto, anda desorientada, a parte de atomizada, y sus recursos pasan de la impotencia ante el capitalismo que muestra la social democracia a las fórmulas caducas de los setenta, eso sí, sumando a la presencia en las calles la alta capacidad propagandística de las redes sociales. Hemos cambiado las octavillas por los "tweets".
En los medios de comunicación más de lo mismo. El frentismo, la burda manipulación y el panfleto, de las demenciales portadas de La Razón a los titulares de Público.
Pero metámonos en el meollo de esta entrada.
Uno, como ustedes saben, trabaja en lo que trabaja. Para mí, como para la gran mayoría de mis compañeros, este trabajo no deja de ser más que un servicio público esencial y con esa vocación salimos a la calle. Independientemente de la ideología del que gobierne que, si ahí está, no lo olvidemos, es porque le ha votado la mayoría.
Los distintos gobiernos, de uno y otro signo, han pretendido utilizar, con mayor o menor fortuna, a las FF y CC de Seguridad para algo más que para dar servicio a sus ciudadanos. Ocurre en todos los ámbitos de lo público. Pero para evitar eso están los mecanismos de control a los que tanto las fuerzas de oposición como el resto de ciudadanos, así como los propios sindicatos policiales, deben acudir.
En esta profesión la actividad es muy diversa. Tan diversa como son las amenazas que afectan a la seguridad de los ciudadanos.
Una de esas actividades, quizá la mas controvertida, es la que se ocupa del orden público.
En una democracia, términos como orden público o seguridad ciudadana, debieran ser objetivos, sin lugar a muchas interpretaciones, y, para los profesionales, así son. Para los políticos parece que no.
Así unos lo interpretan en un sentido restrictivo y otros más abierto a la conveniencia.
Y en el debate político actual el orden público adelanta, por ambos lados, a los problemas socioeconómicos, que son los que afectan a los ciudadanos.
Y en este juego la izquierda está siendo enormemente torpe cuando no mezquina.
La movilización es necesaria, la violencia no. Pero en esa movilización la izquierda, política y mediática, está perdiendo los papeles.
Debería reflexionar, y no quiero extenderme más, que si a la gente le indigna y le alarma una carga policial, la mayoría de las cuales se relatan sin describir las causas, mucho más le puede alarmar ver linchados a sus policías. Por mucho que se pretenda justificar esa violencia y se respalde a los detenidos en los juzgados, lo que le queda a la mayoría de los ciudadanos como mensaje es que si los encargados de protegerles son tan vulnerables, qué les puede ocurrir a ellos.
La anarquía está bien como teoría pero el común de los mortales quiere seguridad.
Las teorías de que quien revienta las manifestaciones son polis infiltrados dejan de funcionar.
Por todo eso, y antes advertiré que no me volví de derechas, por la condescendencia con los salvajes de los que se reivindican pacíficos, por la demagogia de considerar represión lo que en Cuba o Venezuela se considera defensa de la revolución, por llamarme fascista un día sí y otro también, por no haber tenido el mínimo gesto de apoyo con aquellos que también os defienden, por vuestra tibieza con quien mató y con quien les sostiene, por tener nostalgia contínua del 36 y de lo que pudo ser y no fue, por todo eso y más rompo con vosotros, "verdadera izquierda", líderes de barro basados en la falacia como método.
Y que conste que no empecé yo.
LÁGRIMAS NEGRAS EN FRECUENCIA MODULADA
FIN DE CURSO
El cambio de año no deja de ser una convención y el traspasar la frontera de la noche del 31 no nos garantiza grandes cambios. Yo mismo, cuando brindo con alguien, suelo decir "feliz año nuevo" aunque estemos a 40 grados a la sombra en una terraza extremeña, queriendo decir que cualquier momento es bueno para comenzar una nueva etapa sin tener que someterse a la dictadura de los calendarios.
Pero asumamos las convenciones pues algo de utilidad también tienen y todos los balances, los índices, las estadísticas, los indicadores económicos, etc., se miden por años y no deja un año de ser un ciclo en el movimiento de este planeta maltratado por la especie más evolucionada que jamás se conoció.
En estos trescientos sesenta y cinco días se ha consumado la "masacre" a la que el sistema nos ha sometido.
Nos ha situado donde el sistema quiso situarnos, más pobres, más carentes de eso que llaman bienestar, mientras las élites han mejorado sustancialmente. No creo en las estrategias de inteligencias colectivas orquestando este desastre, aunque hay que reconocer que algunos han puesto mucho de su parte.
Pero de economía, política, etc., estarán ustedes hartos de leer a gente mucho más preparada que este humilde emborronador de pantallas, así que mi entrada va a ir por otros derroteros que, con toda seguridad, tienen relación directa con todos esos temas.
Creo que el 2013 no sólo ha supuesto un retroceso en lo crematístico, en lo social y en lo político. A mi parecer, un parecer muy, muy subjetivo, este ha sido el año de la vuelta a las cavernas. Y no hablo de Intereconomía y otros sucedáneos informativos, que también, sino que veo que el cutrerío, la mediocridad, las malas formas y maneras, la incultura, la grasienta sotana y el cartomante, lo soez, la sordidez del vino barato y el puterío de olor a zotal lo está invadiendo todo.
Puede que sean sensaciones pero miren a su alrededor.
Las calles sucias, gracias también a los recortes presupuestarios, hacen que cada vez más se tiren papeles al suelo, que se recojan cada vez menos los excrementos de los animales domésticos y uno tenga más posibilidades de pisar una mierda que de recibir de un convecino un atento "buenos días".
El diálogo es el grito, la berrida, y es imposible ver una tertulia o debate en el que se respeten los turnos de intervención.
Pásense, como no, por las redes sociales e intenten opinar de algún tema en alguna de esas páginas colectivas creadas, según dicen, para intercambiar impresiones. O repites el discurso del borrego aplaudiendo las ocurrencias del que quiere crear opinión, desde una ortografía cada vez más criminal, o estás condenado a la jauría.
La inteligencia parece haber quedado para los terminales móviles y si bien nuestra interconexión debería ser un motor de cultura, más bien parece que nos convierte en zombies con pulgares.
Y dirán muchos que no será para tanto. Y no lo será y quizá sea, como ya dije antes, todo subjetividad, pero tengo la impresión de que se están desperdiciando las enormes oportunidades que la ciencia y la tecnología nos están brindando.
Nos quedamos en lo simple, en el detalle, en la foto, en el corte de video, en el titular, en la secta, en el "OLA KE ASE" y muy pocos intentan exprimir el potencial de lo que nos rodea para intentar mejorar este estercolero.
Vemos lo que queremos ver, leemos, poco, lo que queremos leer y oímos lo que nos interesa oír, huyendo de la controversia, es decir, de la dialéctica, y nos recreamos en lo simple y básico para reafirmar nuestra postura.
Con estas expectativas, miedo da en qué puede acabar la democracia viendo en qué se está convirtiendo la mayoría que, no se olviden, es la que acaba poniendo a los gobernantes.
Y ya que despotriqué, que el 2014 les sea leve.
RECTIFICAR ES DE SABIOS
Incauto, confiado, crédulo de la palabra de alguien que te mira a los ojos, y claro, cuando te das cuenta de que te la han calcado, te jode enormemente.
Si encima el que te la calca pretende hacerte creer que te está muy agradecido por cierta defensa que hiciste de su persona y su profesionalidad, todo ésto en un medio de comunicación, pues te escuece dos veces más.
Porque tuvo la osadía de citarme para mostrar su agradecimiento cuando, ahora lo entiendo, su objetivo no era otro que indagar sobre la información que yo pudiera tener sobre ciertas actividades y otros individuos de parecida ralea.
El colmo es cuando compruebas que el individuo, falso, hipócrita, cínico, es uno de los responsables de una campaña indigna contra tu persona a través de una página de una red social, incurriendo en varios delitos de injurias y calumnias. El contenido delictivo fue prudentemente retirado pero nadie se disculpó siquiera por tamaño desaguisado y aun se pretende que uno ponga buena cara cuando se cruza por la calle con según qué gente. Es más, a la mínima oportunidad se insiste y se persiste en la sutil alusión, en el comentario jocoso e irónico, en la imbecilidad más que nada.
Pero dejemos de lado sucesos del pasado y retomemos lo que en realidad importa.
No voy a retractarme del total de lo manifestado en aquella tertulia radiofónica, mantengo que en la relación profesional, en la calle, siempre que había un problema o una situación especialmente conflictiva, allí estaba, cumpliendo con su deber, por otra parte. Ahora bien, ha demostrado que, al menos a nivel personal, no merece un ápice de confianza.
No quiero guerras con nadie pero cuando se me busca se me encuentra, y lo digo por alguien que en las últimas fechas estaba muy interesado en enterarse en qué portal entraba.
Por mi parte doy por zanjado el tema. Olvídense de éste "aspirante a poeta", como algunos dicen, y carguen las tintas contra otros, que tienen campo bastante, tal y como demuestran, para no dejar títere con cabeza aunque a veces tengan que recibir de la misma medicina.
Sigan su camino que yo seguiré el mío.
Si alguien quiere decir algo al respecto, o aclarar cualquier duda, ya sabe dónde encontrarme. Yo no me escondo, ni aquí ni en ningún sitio.
A PROPÓSITO DE LA LEY DE SEGURIDAD CIUDADANA
En un análisis simplista podría llegar a pensarse que cuanto más dura sea la ley, menos problemas va a tener uno en su laborar.
Pero este apartado del proyecto, uno de los más llamativos según parece por los titulares que ocupa en nuestra sesuda prensa nacional, es sólo un pequeño detalle de una norma con otro calado.
Se saca esta ley apelando a la necesidad de prevenir altercados y situaciones desagradables en las calles.
Pero claro, para evitar la mayoría de altercados y situaciones desagradables que se producen en las calles, nuestros gobernantes no tienen más que hacer lo que tienen que hacer y, si no bien, al menos intentarlo.
Ya verán como entonces disminuirá el número de escraches, manifestaciones, concentraciones, etc., etc.
Seguro que así la gente ve a la policía como lo que realmente es, un servicio público, y no se ven tentados al insulto y la agresión, dejándose llevar fácilmente por la manipulación de los profesionales de la agitación.
Que becerros habrá siempre, haga lo que haga el poder, claro, pero la masa social que ahora ocupa las calles es bastante amplia y forma parte de casi todo el abanico social porque se ha conseguido eso, cabrear a todos menos a ciertas élites a las cuales les está yendo de perlas.
Sí me quiero sentir respaldado en mi trabajo, protegido de agresiones y vejaciones injustas, pero no me gusta verme en la picota constantemente para distraer de las miserias que la pésima gestión pública, política y económica está causando.
Cuando se castiga a alguien puede que lo entienda si ve que otros, con infracciones mucho más graves, también pagan en proporción. En la actualidad no es el caso.
Y sí, me ofende que me insulten, que me llamen "hijo de puta", que me escupan, que me lancen objetos, que me llamen "fascista" y "sicario" de forma injusta y sectaria, pero me ofende infinitamente más que me insulten la inteligencia constantemente y pretendan que les agradezca el choteo con el que se nos trata por la clase dirigente.
EL FINAL DEL TÚNEL. "CORRE HACIA LA LUZ"
Aunque la recuperación comience, que algún día tendrá que comenzar aunque sólo sea por las inercias del propio motor de la historia y sus ciclos, el futuro se ve francamente mal. No para todos, claro, para los de siempre sí.
A las grandes fortunas, al capital, les ha beneficiado notoriamente esta crisis y algunos han multiplicado exponecialmente sus ingresos.
Pura lógica que hasta con la LOGSE o la LOMCE, sin necesitar una educación como es debido, te puede llevar a sacar tus conclusiones.
Si se facilita la evasión de capitales e impuestos, si puede usted despedir a sus empleados al libre albedrío, contratando esclavos por algo más que un plato de sopa y un chusco de pan, pues es posible que sus beneficios se vean incrementados.
Si además contamos con una maquinaria mediática que inyecta en la población la sensación de que no hay nada que hacer; de que mejor estar quietos y tragar con lo que se nos ofrezca pues siempre hay gente que está peor; que los atracos a las nóminas y a los derechos laborales son necesarios, sacrificios por el bien común, para evitar un mayor cataclismo; que para qué queremos sindicatos si, viendo lo que hacen, repitiéndonos una y otra vez la famosa foto de la mariscada, pues, coño, para qué quiere usted más.
Asistimos sin inmutarnos a la impunidad de ciertos personajes, todos ellos en los altos escalones del poder, y acabamos asumiendo como normal esta situación esperpéntica para ir acumulando capacidad de resignación.
No sólo nos quitan salario y derechos, nos machacan a impuestos de los cuales no vemos el fruto pues se emplean en pagar pufos y sufragar los desmanes bancarios, viendo como los servicios que nos corresponden en contraprestación a nuestra fiscalidad se van reduciendo a la mínima expresión.
Y sí, llegará el día en que la cosa vaya mejorando pero, que nadie se lleve a engaño, en esta sociedad polarizada unos verán el fruto de la activación económica y el resto sólo podremos aspirar a, quizá, un precario puesto de trabajo que nos dará para lo justo, con dificultades, y seguramente tengamos encima que dar gracias a quién (expresión mezquina y falsa donde las haya) "nos da de comer".
Estaremos inmersos en la incertidumbre constante de si tendremos derecho a pensión, por lo que, si es posible, habrá que ir haciendo uno privado, que es a dónde nos quieren llevar.
Seguirá Cataluña dándonos de qué hablar, algún obispo desmadrado que nos quiera regresar al medievo, La Roja y alguna serie de televisión del ínclito José Luis Moreno que nos haga reír con la grosería tosca, burda y rancia de chistes de puticlub.
De vez en cuando nos renovarán alguna infraestructura lúdica o deportiva, pagada por nosotros hasta la comisión correspondiente o el sobre para el Bárcenas de turno, y podremos jugar al frontón con un chándal de mercadillo, el que nunca debimos abandonar.
Es el gran triunfo del sistema, ese que cedió temporalmente con aquella falsa ilusión llamada "Estado del bienestar", pero que recuperó su verdadera vocación. El rico, rico y el pobre, pobre, las cosas "como Dios manda", qué cojones nos habíamos creído.
