Breve visita porque no muera el blog.

Vuelvo por estos fueros, que abandonados los tenía, quizá por desidia o por falta de criterio. 
Uso más mi otro blog, quizá porque utilizo el verso y en el verso se opina con mayor soltura, tal vez porque el verso tiene algo de impostura y la brevedad agradece. 
Y no será porque no abundan temas sociales y políticos, tal y como está el patio, para despotricar a saco, que es lo que uno suele acabar haciendo. 
Pero puede que sea esa la causa, la saturación, la que me haga holgazanear con este acero que tan buenos y malos ratos me dio. 
A nivel global no nos privamos de nada: La Rusia imperial, de derechas, expandiéndose apoyada por las izquierdas de diversos lares, trayendo el fantasma de la guerra a Europa; El Islamismo en pleno apogeo de irracionalidad yihadista, campando a sus anchas por territorios propios y ajenos; El sistema insistiendo en seguir a lo suyo a pesar de los errores; Europa dividida entre usureros y pufistas; Y Venezuela, qué decir de Venezuela que no se diga a cada cuarto de hora en cualquier medio. 
En lo nacional tenemos la gran esperanza lila, por un lado, con una nueva izquierda que, a mi modesto entender, no acaba de aclararse o de aclarárnoslo a los demás, con mucha ilusión y soberbia a granel, siempre bajo sospecha, atacados constante y encarnizadamente por quienes más tienen que callar en muchos de los casos, y, si bien consiguen que vayan a las urnas quienes sólo hablaban de barricadas, también hacen aflorar, al otro lado, un neofascismo que espanta, como contra. 
La otra izquierda se desgaja, pues la gente cansa de estar anclada en el 36 y prefiere ilusiones o soluciones a las nostalgias del derrotado en mil batallas. 
La derecha sigue mirándose al ombligo, y no se avergüenza de nada y reincide en formas y en fondo, a sartenazo limpio por mor de las listas electorales. Están encantados de conocerse y así seguirán. 
La izquierda esa de centro, ahí anda, intentando salir de la debacle a base de liderazgos siempre discutidos. 
Luego están los satélites, magentas y anaranjados, que ni se sabe si tienen algo en común entre ellos o con los otros de los que reniegan. 
Así que si esperaban de mí una orientación de voto van listos. 
Más perdido que una cabra en un garaje anda un servidor de ustedes, cada vez más viejo y más descreído de todo y de todos. 
De lo local pasaré como de puntillas, no por precaución, que nadie se crezca, sino porque seguimos en las mismas, sólo que peor, y uno se entristece viendo a una ciudad casi agonizante, sumida en el desencanto, cuando no en la cutrez y el chonismo más tópico. 
Y que conste que ésta es mi personal forma de ver las cosas, tan respetable como las demás. Si esperan verdades absolutas recurran a Evangelios y otras literaturas o, simplemente, a algún programa electoral de su simpatía. 
Y vuelvo, hasta otro día, a mis versos y mis fotos, que son los que me dan modestas satisfacciones.