LA CHAQUETA METÁLICA.





El acoso sexual es deleznable, en cualquier ámbito social o laboral y, en algunas instituciones, como el Ejército, por ejemplo, el hecho debe considerarse agravado como lo son otro tipo de conductas. 
No valen los gestos delirantes ni las respuestas airadas del Ministro de Defensa, nada justifica que una mujer, sea soldado o Teniente General, sea objeto de acoso sexual. 
La última actualidad ha abierto de nuevo el debate sobre qué principios deben regir la vida militar. 
El tema del acoso sexual, objetivamente detestable y desterrable de cualquier organismo público y privado, nos lleva a reflexionar sobre otros comportamientos que, si bien serían inaceptables en la vida civil, no está tan claro que lo puedan ser en el régimen militar. 
El ideal sería, y habrá quién así piense, que las Fuerzas Armadas no deben regirse por otras normas que las propias de la sociedad civil, pero eso, por diversas razones, nunca podrá ser así. 
Asumamos que los ejércitos existen, de momento, y mientras no alcancemos mayor grado en la evolución humana que nos lleve a la erradicación total de la violencia para resolver conflictos, nos queda bastante camino que andar. 
La guerra, principal misión de un ejército, por mucho que los queramos vestir de monjas ursulinas repartiendo bocadillos por el mundo, se basa en matar y morir. 
Enviar a alguien a matar, asumiendo altas probabilidades de morir además, en nombre de una patria, una bandera o una comunidad internacional, requiere entrenamiento y disciplina y, ésta, se basa en la anulación casi total de la libertad de acción y decisión y el sometimiento casi ciego a una jerarquía. 
¿Se imaginan el siguiente diálogo?:

- Sargento García, si es usted tan amable, haga el favor de disponer de su pelotón para tomar aquella loma. 
- Mi Capitán, la verdad, qué quiere que le diga, no es que uno discuta las directrices que marca la superioridad, pero, objetivamente, el cumplimiento de dicha misión entraña unos riesgos bastante altos de que, al menos, alguien de la tropa resulte herido. El enemigo está disparando sin contemplaciones. 
- Tiene usted razón, Sargento, pero tiene que tener en cuenta que su misión entra dentro de los objetivos a alcanzar que marcan las autoridades internacionales. 
- Sí, mi Capitán, pero las autoridades internacionales están en sus despachos muy tranquilos y alejados de las balas de aquellos cabrones. 
- Es cierto, tendremos que convocar una asamblea....

Del sargento del video al diálogo anterior va un trecho bastante amplio y creo que, actualmente, casi no se da lo uno, y seguro no se da lo otro. 
Mientras las guerras no las lleven a cabo únicamente drones y autómatas, el Ejército se regirá por otras normas, las cuales deben ser estrictas, pero su funcionamiento diferirá bastante, siempre, de los usos, costumbres y correcciones políticas de la vida civil. 
Lo que nunca debe tolerarse, repito, son las actitudes que yá están tipificadas en el propio Código de Justicia Militar.