VAMOS A LA PLAYA, UOH, UOOOOHH

Cientos de personas piden en las playas vascas el acercamiento de los presos

Cientos de personas participaron ayer en las concentraciones convocadas por Etxerat, el colectivo de familiares de presos de ETA, en una veintena de playas de Hegoalde e Iparralde para reivindicar el traslado de estos reclusos a Euskadi. Según Etxerat, además de las personas que recorrieron a pie las playas con carteles y pancartas, en las de Plentzia, Gorliz, Zarautz y Mutriku, participaron varias embarcaciones, mientras que en Orio también intervino un surfista. DEIA y GARA

No hay mejor sitio que una playa para reclamar el acercamiento de presos etarras. Bueno, mejor que una playa sería un buen acantilado, pero éste argumento puede resultar algo abrupto.

El mar, símbolo de la libertad, es el lugar ideal para la ubicación de los represaliados, en una maniobra de cayuco a la inversa, rumbo a alguna isla tipo “Supervivientes” donde se podría grabar un precioso “Reality” en el que los “concursantes” pudieran, en vez de estar aullando en una vitrina de la Audiencia Nacional, sobrevivir de lo que cazaren, pescaren, recolectaren o buenamente afanaren, en vez de soportar el monótono “rancho” del “talego”, superando pruebas en competición con sus camaradas como velocidad en el montaje de una bomba-lapa, certeza y rapidez en el tiro-nuca con remate en suelo, pero sobre maniquí, mejor redacción en cartas de extorsión a empresarios o comunicados en GARA, etc.

Las playas, dependiendo del mar en el que se encuentren, tienen diferentes tipos de espectáculos turísticos según la geografía y la idiosincrasia de la zona. En el sur y en las islas es habitual, mientras uno se torra sobre la arena, o degusta espetos de sardina, asistir al desembarco de inmigrantes en patera, llamados por el hambre, nuestros lujos y nuestro ostentoso nivel de vida así como por la relativa proximidad. Espectáculo triste y dramático con, demasiadas veces, trágicos resultados. Aunque, para nuestro querido Presidente, lo vergonzoso es el muro de Bush para con los mejicanos y no las alambradas de Ceuta y Melilla ni los naufragios de patera. Por el lado festivo también puede asistirse a la salida a flote de algún alijo de “cannabis” o una oleada de medusas enrabietadas.

En el cantábrico la cosa cambia y pueden verse otro tipo de escenas, como records Guinness de echadores de sidra y, en el caso de las costas vascas, familiares y simpatizantes de etarras con sus pancartas levantándonos dolor de cabeza con sus manidas consignas sin dejarnos reposar de la resaca veraniega. Niños pijos surferos, con equipamiento de marca sin renunciar a la solidaridad con sus compatriotas enchironados. Como banda sonora playera, aparte del macarrilla de radiocassette y las insufribles canciones de Camela, ahora también se escucha aquello de “¡Euskal presoak Euskal Herrira!”, interrumpido únicamente por aquello otro de “Al rico bombón helado, oiga”.

Como bien me recrimina mi querido amigo Mr. Reivaj, esto no dejan de ser desvaríos, piruetas y opiniones sin argumentos, pero cada uno se especializa en lo que sabe y no quiero hablar de Navarra, que no tengo yo cuerpo de jota hoy, con el día que hace “A este lado del Caudal”.