LA TABERNA DE LA TROLA.- Pastosa palidez.

Un comentarista reciente, seguidor de la serie a la que pertenece el presente post y, casi con toda seguridad parroquiano del afamado local, me dice echar de menos las anécdotas de La Taberna y sus personajes. Es cierto que ha disminuído mi frecuencia de redacción sobre el garito pero, más que por haber disminuído la frecuencia de mis visitas, por la menor duración e intensidad de las mismas. No obstante, la vida sigue su curso en el bar, y sigue pariendo anécdotas, así que, por qué no, por petición popular (parezco solista de verbena) ahí va lo recientemente acontecido:
La sombra de Pere Navarro es alargada, alargada y verde benemérito, con nefastas consecuencias para el que se deleita con espiritosos y destilados y además usa su vehículo particular. Julio, el tabernero, no es que beba, no exactamente. Julio, cuando bebe, vacía y pareciendo carecer de epiglotis, no traga el líquido altamente graduado que consume, sino que el combinado cae por su esófago como si éste fuera bajante de canalón. Además, alérgico al agua y otras bebidas inocuas, su mayor deleite es el combinado de destilado de malta con cola pero en proporción de 2 por 1, en vaso de sidra. Puede tomar seis de estos brevajes que, dadas las proporciones, a cualquiera su sabor haría retraer el vello de las orejas, sin inmutarse comenzando a hacerle efectos visibles en el organismo tras haber inaugurado la segunda botella de "José Benjamín". Encontrándose, cierto sábado o domingo reciente, como él dice "ligeramente ajerezado" entrando con su vehículo a Mieres, tuvo el encuentro en la tercera fase con los alienígenas del alcoholímetro. Éste no se fundió milagrosamente. Le requirieron, amablemente, que volviera a insuflar en la boquilla, a fin de ratificar la nefasta cifra que marcaba la pantalla, y él, que se veía jodido y nada contento, se negó. Que ya había "soplao" bastante por ahí y otra vez en el artefacto y que no soplaba más. Ante la negativa de Julio, los acharolados locales optaron por solicitar la presencia de "Atestados", más duchos y competentes en la redacción del dramático documento que pasaría a las empuñetadas manos de un Juez y que tan malas consecuencias podría traerle al bueno de Julio. Si bien a partir de ahí a mi amigo Julio no le cabía un pelo en el esfinter de natural contracción o contractura, según su relato el trato con los especialistas en el empapele fue exquisito y desdramatizador. Citado para Juicio Rápido, previa recomendación se dotó de abogado a fin de aminorar las consecuencias. En dicha vista no hubo conformidad con fiscalía pues, como se deducía del benévolo atestado, las cosas pintaban bastante bien para salir bien parado en Oviedo en el correspondiente Juzgado de lo Penal. En la sesión decisiva, alguno de los chicos de Pere y Ahumada, preguntado por los síntomas de embriaguez del reo, manifestó que tenía la voz pastosa, a lo que Su Señoría observó que parecía que bastante pastosa la tenía aquel día, en el que no había probado licor alguno. Por otra parte se habló de que el día de autos, nunca mejor dicho lo de autos, estaba pálido y con la pupila dilatada. Esta vez el Juez le preguntó al agente si conocía de algo al acusado como para saber cual era el estado de su pupila habitualmente. Sobre la palidez, solo decir que es la normal de alguien de vida vampírica, que solo ve el sol a partir de las 13:00 horas en que, si no ha habido "nevada" nocturna, cruza La Mayacina hasta el local, del que no sale hasta la madrugada y cuyos focos están poco dotados en lo que a ultravioletas se refiere. En fin, a la espera de la sanción administrativa, Julio quedó absuelto pues, si bien inutilizó el alcoholímetro, no se pudo acreditar que su consumo de "calderos" de escocés con cola supusieran un riesgo para la seguridad del tráfico. Así que Pere pinchó en hueso con Julio como con muchos otros, por lo que anda loco con reformar el Código Penal y llenar los trullos de irresponsables conductores. No obstante, mi recomendación personal es que, si se ajereza, utilice el taxi. Que no haré yo apología de la conducción alcohólica, aunque ahora, con beber unas cervezas sin perder el norte, puede usted acabar en el banquillo.