DAME CRUDO Y LLÁMAME TONTO Y UN POCO DE PEPE BLANCO

Chávez no se calla, no se calla ni con camiseta real por prenda, pero mejor así. Que no calle mientras permita a REPSOL forrarse y garantice a España el abastecimiento de crudo que, de no ser así, bastante crudo lo íbamos a tener.
Es lo que tiene la diplomacia. Hay que llevarse bien. Hay que tener amigos hasta en el infierno si de él salen barriles a 100 €uritos.
Mientras tanto, y vamos a mirar un poco hacia nuestros lares, en Asturias estuvo Pepe Blanco, que tampoco se calla, con sus discursos para retrasados, y, me explico: Cada vez que habla parece que el interlocutor es tonto y hay que explicarle las cosas con latiguillos, reiteraciones y parábolas bíblicas. Y no dudo de la capacidad del mandatario socialista para organizar el partido pues ha demostrado en eso, y con creces, su valía y su mano de hierro en defensa del proyecto zapateril, transformando a un partido histórico en una plataforma sustentadora de un líder indiscutible.
La última genialidad del gallego ha sido decir que las balanzas fiscales demuestran la solidaridad de Cataluña.
Bien, pues no me lo creo tampoco. Y no me lo creo primero porque el Gobierno Catalán se ha reafirmado, por activa y por pasiva, en no estar de acuerdo con ejercer esa supuesta solidaridad con el resto.
Por otra parte, a mi modesto entender, lo que reflejan las balanzas fiscales es que en Cataluña hay más ciudadanos que contribuyen más porque, creo que es así como funciona, también ingresan más, y los impuestos no gravan a los territorios sino a las personas, físicas y jurídicas, independientemente de su lugar de residencia o domicilio social.
O sea, que Pepiño falta a la verdad o nos toma por imbéciles. Primero porque es falso que Cataluña, al menos sus representantes políticos, tenga voluntariedad en la solidaridad para con el resto de España. Segundo porque los dineros que se pagan suenen venir porque se han ganado y, hasta la fecha al menos, es el Gobierno de España el que debe distribuir lo recaudado de los ciudadanos y sociedades, no de los territorios, con criterios de justicia en el reparto de las inversiones públicas. Y eso creo que era el socialismo, al menos eso me enseñaron y ese día sí fui a clase.
Otra cosa es poner al socialismo el traje regional y dar pinceladas de nacionalismo a la rosa, lo cual no pega ni con cola.