DEL MANGUE, EL TRINQUE Y EL DINGUE.

La otra noche, estando en la puerta de urgencias de un hospital al que había llevado a un familiar, cuando me encontraba paliando la vergonzante adicción nicotínica que aún mantengo, a pesar de los pesares, asistí a una conversación curiosa a la par que ilustrativa sobre esta España nuestra que sufrimos y a la que hacemos sufrir.
Dos señores de mediana edad, aunque no sé precisar la medida de la medianía en esto de la edad, bueno, de unos sesenta y pocos años, se encontraban allí conversando también a la espera de las resoluciones de los casos de sus respectivos familiares.
Sin querer comencé a oir lo que allí se comentaba y, progresivamente, se fue acrecentando en mí el interés por el contenido de aquella charla amistosa en la que había un casi único interlocutor pues el otro se limitaba, la mayoría de las veces, a asentir a las verdades absolutas que espetaba el más elocuente, cargado de cierta autoridad y capacidad de liderazgo.
"La verdad es que a nosotros nos quedó un buen retiro, para qué vamos a negarlo...", fue la primera expresión que hizo que mi atención, a falta de otras amenidades, se centrara en aquel departir de madrugada fresca de verano discreto.
"Y además no dejamos de cobrar ni un mes, que otros, en otras empresas, tienen que esperar varios meses para que les empiecen a pagar... pero, claro, lo nuestro como era del Estado pues... yá sabes".
"Y una buena paga que nos quedó, íntegra, pero claro, también lo cotizamos que yo llevaba cerca de cincuenta años cotizando a la Seguridad Social..."
Hasta aquí me pareció todo razonable, un poco presuntuoso por el tono, pero nada fuera de lo común.
"Y es que son muchos años trabajados, bueno, la verdad es que, para qué vamos a negarlo, tampoco se mataba nadie... je, je... que en Ensidesa y otras como Ensidesa, al ser estatales pues bueno, no era lo mismo que trabajar para otro patrón. Ahora mira, Acerlor y tal, la mayoría lo hacen con subcontratas privadas y claro, esos no viven tan bien como vivimos nosotros... porque, luego, ahí yá sabes... no faltaba de nada que... herramienta, je, je,... la que quisieras... yo, por ejemplo, estaba en..." (no recuerdo ahora mismo el nombre del departamento al que se refería pero debía de ser algo así como distribución o algo similar) "...y yo, en mi casa tengo de todo, desde herramienta, maquinaria, materiales... y otros, ya sabes, los ingenieros y tal... se hicieron hasta chaléts en las fincas con material de la empresa".
Ustedes juzgarán y valorarán por qué, entre otros factores, la industria y la minería estatal fue a la quiebra teniendo que reconvertirse con la pérdida de puestos de trabajo que supuso, las prejubilaciones masivas, las violentas movilizaciones y la falta de expectativas que sufre actualmente la juventud asturiana si no quiere emigrar a otras regiones a ganarse la vida, cuando se agote la pensión de sus progenitores.
En este Principado se está dando de un tiempo a esta parte una asombrosa paradoja. Muchos hijos de mineros y metalúrgicos de demostrada beligerancia durante la reconversión; que respondían a las cargas policiales con tornillería, barrenos, pirotecnia y todo lo que hallaran a mano; resulta que ahora visten el mismo uniforme de los otrora enemigos de sus padres, y se llenan las academias de preparación de oposiciones a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, siendo alguna de estas academias de las de más prestigio del Estado por el importante éxito en número de aprobados.
No obstante, no digo que la picaresca que, de forma desvergonzada, se refleja en la conversación a la que me refiero, fuera la principal causa del desmoronamiento industrial de la zona, pero, y me gustaría que alguien me lo rebatiera, supongo que todo ayuda.
Ahora Asturias vive de los fondos mineros procedentes de Europa con los cuales se financian infraestructuras, campus universitarios, etc., y, también, la reforma de algún palacio rural para su explotación turística, algo que no acabo de entender, sobre todo si a uno le han "clavado" por una  comida mal cocinada, mal atendida pero, eso sí, con maitre y sommelier. Éstos fondos tampoco son eternos y, viendo el camino que va tomando el tema de la financiación autonómica, con sus balanzas "solidarias", etc., pues ustedes me dirán.
Sobre el expolio al que me refiero hay multitud de anécdotas que podría contarles y que se daba tanto en astilleros, como en la siderurgia y la minería. Y, lo que considero peor de todo es que se vea como algo lógico y natural el robar, cada uno según sus posibilidades, todo lo que buenamenta se pudiere afanar. Y luego nos llevamos las manos a la cabeza por los "ladrillazos" de otras latitudes, indignados por tanta corrupción urbanística.
"Ronca la maera"... que se diría por aquí.