VERANO SUTIL

Hambriento de mañanas,
despierto dando bocados
al aire húmedo
y tibio de sol cobarde.
Busco las horas recias,
las templadas a fogón,
tras tragarme las auroras.
El café pariente,
consanguíneo,
no sacia el apetito
del ansioso de luces nuevas.
Es viernes,
por casualidad,
por capricho azaroso
del un almanaque travieso.
Regar los tiestos,
cerámicos y henchidos
de raíz confusa,
y esperar,
sentado en el minuto,
a la danza del pétalo.
Tímido Julio norteño,
con vocación de Abril,
de poco grado
y mucha gota
levitando ante los ojos,
respirada sin filtro
más que bebida.
Esponjados,
los pulmones claman
por la calima,
por una pizca
de centígrada cuarentena.