¿A MÍ ME DICES TÚ DE MILI?

Uno, por haber nacido en el 65, sabía que tenía que hacer la mili. Poco antes, en plena efervescencia transicional y cultural, tras cansarse de los nocivos humos magrebíes en conciertos de roqueros cuarentones, estuvo faranduleando. Sí, uno hizo teatro. De baja estofa, por supuesto, pero teatro. A veces en una discoteca de pueblo de la Extremadura profunda a cambio de unos huevos al plato y un techo para pasar la noche. Aquel grupo de locos; de los cuales uno de ellos es ahora bancario, otro fue conserje y se mató en la carretera, otro por la heroína y del resto yá ni me acuerdo, consiguió ganar hasta un concurso regional de teatro joven. Qué tiempos. Un día se cruzó en mi camino, o yo en el suyo que no quiero pecar de soberbia, Mario Camus. Iba a rodar una película en la zona y allí estaba yo con mi melena chunguitera. Frente a Juan Diego, junto a Benito Rabal, haciendo pruebas de cámara para que se me abrieran las carnes con las espectativas. Al final, como no podía ser de otra forma para un triste como yo, le dieron el papel a un chico que nadie supo más de él. Un chico que me dijo: "Si tú has hecho teatro te darán el papel a tí que yo no tengo ni puta idea de esta movida". Cuán equivocado estaba el fotogénico chaval que parecía concebido por el mismo Alfredo Landa, cuñado del que cuidaba a la "Milana, bonita". Aquella hostia, porque supuso un hostiazo en mi ego y mis pretensiones, me llevó tambaleándome hasta el Centro de Instrucción de Reclutas de Cerro Muriano. Precioso lugar donde, en Octubre, caían los gorriones muertos por los golpes de calor. Caqui, Cetme, un, dos, un dos, arquén, y un cabo primero que tenía en sus manos la dignidad de las personas. "A mí me hablas de mili". Algo así dice un anciano en el programa de José Mota, ¿a mí?. Pues no. Luego fui un enchufado y "pernocta" en el Cuartel General de la Brigada de Infantería Mecanizada XI, dependiente de nuestra gloriosa División Acorazada Brunete número 1. "Ardor guerreroooo....", pasando las horas matinales mecanografiando oficios de agregaciones y destinos en la 1ª Sección de Estado Mayor, a las órdenes de un Subteniente comunista, sí, he dicho bien, comunista, y de un Capitán de brillante carrera que, no me extrañaría, debe estar rozando el generalato. Pero, a pesar del tedio cuartelero, todo pasa, y mi retorno a la sociedad civil tenía unas perspectivas poco halagüeñas. Un día un amigo me dijo: ¿Nos presentamos? y, hombre, qué decirles pero al principio se me erizó un poco el vello. Pero no tarde en asumir que las opciones eran más bien pocas. Que la Universidad no estaba hecha para el hijo de una empleada de hogar y que ésta no estaba para mantener vagos. Que la profesión elegida, tópicos aparte, era digna si se sabía llevar con dignidad y, por qué no decirlo, afloró en mí el espíritu quijotesco, sobre todo recordando a dos hombres con bigote que, cierta negra noche, se llevaron de mi casa el pánico. Y uno, hasta la fecha, lo ha hecho lo mejor que ha podido, con sus aciertos y sus errores, pero, en muchas ocasiones, uno ha desfecho entuertos y ha recibido el humilde agradecimiento de quién necesitaba ayuda y recibió lo que esperaba. Uno, humíldemente, se ha sentido un poco "Jinete Pálido", y se ha jugado el pellejo por esas callejas del Madrid de los Austrias o por el barrio chino de Bilbao, donde, aparte de riesgos laborales, uno se sabía objetivo de cierta mala gente que todo el mundo conoce. Y ahora, habiendo plantado árboles, escrito "blogs" y engendrado una hija, aquí me encuentro, alternando con prejubilados y dando conferencias como si uno fuera alguien importante y tuviera algo que enseñar a los demás. Un cuarentón cantamañanas al que yá le ralean hasta las canas, disfrutando de su tercera hipoteca y con una leve sensación esporádica de que hasta aquí ha llegado y que lo que venga, bienvenido sea porque es prestado. ¿A mí me dices tú de mili?.

4 comentarios :

Adanero dijo...

Y que la cosa siga.
Mirar atrás a veces da vértigo, pero uno suele encontrar satisfacciones que le ayudan a afrontar lo que le queda por delante.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Mira pa´lante.LO MERECES
Es mas triste pagar mas por ir en tu tren.

Anónimo dijo...

Sean buenas las noches:

Rastreando la huella de algún asturiano que hubiese servido (aunque fuera por imperativo legal) a la defensa de España en el año 1985 y añadiendo a la búsqueda el criterio de que lo hubiera hecho en Cerro Muriano, llegué a su blog. Mi sorpresa fue multiplicada al descubrir que usted, además, es mierense igual que yo. También estuve allí con un subteniente y tuve un capitán de prometedora carrera. Una diferencia sustancial es que ninguno de ellos dejaba entrever carga ideológica en sus actos y dichos, aunque eran pragmáticos, por funcionales y resolutivos.

Verá usted, estimado paisano: por aquellos parajes asomé en julio de 1985, tras jurar bandera estuve en Córdoba y luego nos trasladaron al, por entonces, llamado Obejo y allí permanecí hasta septiembre de 1986.

Como no es objeto del comentario relatar batallas del ayer y como tampoco viene a cuento entrar en presentes le diré que el tiempo me dio la oportunidad de comprometerme en la defensa de España y ahora lo hago en el Ejército del Aire de una forma un tanto singular.

Reciba usted un caluroso abrazo.

Juan Carlos (es nombre verdadero)y por si gusta de compartir alguna que otra palabra le dejo una dirección.

secondlieutenant42@hotmail.com

Juan Luis Nepomuceno dijo...

A pesar de lo que parece, si lee usted mi perfil soy más extremeño que asturiano, aunque eso es lo de menos. Lo del subteniente Ganado, que así se apellidaba, es cierto, lo llevaba con discrección pero, en petit comité, soltaba sus mítines desde sus perspectivas izquierdistas.
Gracias por la visita a mi humilde casa.
Un saludo.