SEVILLA

El Guadalquivir, procesión de agua manchada de prematura sangre adolescente, mece un nuevo trono de joven mártir, ocultando un cuerpo desarbolado, protegiéndolo de un mundo absurdo. Canta saetas roncas la Torre del Oro, cual faro marino alumbra las orillas y los juncos, y lanza al enlutado río estrofas de pasión mientras redobla la Maestranza, tambor castrense de ejecución temprana. No quedan Tenorios clamando al cielo, el cielo azul y sordo. Queda grito seco de madre hueca y padre aviscerado. Marta no está, ni se le busca. Se busca sólo el envase maltratado de una niña arrancada a los azahares por el azar de los malos amores. Sevilla, mi Sevilla de la luz gitana, Triana de las callejas de los amantes furtivos, dos orillas de la rabia flamenca. Han huído de los pasos las Esperanzas, Macarenas y Trianeras, a llorar en privado, inundando la ciudad de aroma a cirio. Llegará Abril al alumbrado mas los volantes del faralais no serán lo mismo. No estará Marta, malquerida, arrancada a los patios y geranios.

1 comentario :

EL PUNTO G dijo...

Hermoso homenaje. Pero el amor seguirá matando porque la pasión y el despecho nos ciegan cuando sentimos el rechazo y las flores se van a otros jardines