CONSULTAS EXTERNAS

-          El siguiente…

-          Buenos días, doctor.

-          Buenos días, siéntese por favor.

-          Sin favor, vengo un poco cansado.

-          Usted dirá qué le trae aquí.

-          Los pies, única y exclusivamente, doctor, que no está el tráfico como para andar sacando el coche, a pesar de la caminata que me he dado.

-          Empezamos bien. A ver, caballero, dígame su nombre y cual es el motivo de su consulta.

-          Ah, perdone, me llamo Arturo.

-          Arturo, y ¿no tiene usted apellidos?

-          Sí, claro, lo que pasa es que no quisiera cansarle.

-          Adelante, hombre que para eso estamos.

-          No diga que no se lo advertí. Me llamo Arturo María González de Inhiesta Pérez de Vega y Almazán de las Altas Torres.

-          ¿Será usted, cuando menos, noble?.

-          Más que noble, noblote, doctor, noblote. De buen fondo, como si dijéramos.

-          Muy bien, y ¿tiene usted historia?.

-          Uf, si yo le contara… uno ha vivido lo suyo, aunque así, a primera vista no lo parezca.

-          Me refiero a si ha venido más veces a este Centro de Salud.

-          Una vez al año, para pasar la I.T.V., ya sabe, a cierta edad hay que cuidarse o vigilarse los niveles de todo pero, hasta la fecha, parece que estoy hecho un chaval.

-          Bien, y el motivo de su actual visita ¿Cuál es?.

-          Pues verá usted, lo que me viene ocurriendo de un tiempo a esta parte es que, con bastante frecuencia, como que me duele el alma, y no se me pasa.

-          El alma no existe, caballero. Lo que solemos identificar con el alma está todo en el cerebro, es orgánico. Todo es física y química y está ahí, en la sesera aunque no siempre la utilicemos como debiéramos.

-          No me joda, con perdón, pues la cabeza no me duele ni siquiera una pizca, se lo aseguro.

-          Pues, entonces, ¿qué síntomas padece que le lleven a pensar que le duele el alma?.

-          Pues que me duele muy dentro, sin poder definir el lugar exacto, lo que sí puedo asegurarle es que es un dolor que viene de lo profundo, de lo más hondo de mi ser, porque, ¿ser si tengo, no?

-          Y estar, porque ahora mismo, muy a mi pesar, está usted aquí.

-          Eso creo. Esa sensación tengo al menos.

-          Usted, seguramente, lo que está padeciendo es ansiedad.

-          Pues yo no he sido nunca ansioso, por mis muertos que no, más bien todo lo contrario, desprendido es lo que es uno, que no tengo nada mío. Puede preguntar a mis amigos y en mi barrio si quiere.

-          ¿Tiene usted algún problema personal, familiar o sentimental?.

-          No, que va, si vivo como un cura, nunca mejor dicho porque vivo solo, no tengo familia y de lo de las relaciones sentimentales me retiré hace tiempo, que no quiero yo líos. Alguna canita al aire sin complicaciones y poco más que el cuerpo necesita una alegría de vez en cuando, ¿no cree?

-          No sabría qué decirle. De todas formas voy a tener que derivarle…

-          ¿Y eso es doloroso?

-          …Derivarle a psiquiatría, buen hombre, que yo bien poco puedo hacer por usted.

-          Cree usted que estoy loco, ¿verdad?.

-          Y quién no, amigo mío, quién no.

3 comentarios :

Elbereth Gilthoniel dijo...

Y cómo duele...cuando vas al médico y no te hace ni caso..

Susana dijo...

El alma no existe? pues qué dolor psicológico tenemos o nos provocan a veces.. sus historias agridulces con pinceladas de humor son de agradecer :-)

Elbereth Gilthoniel dijo...

Escribís bien...pero yo escribo mejor. :-)

¿Hoy no hay música? Uhmm....uhmmmm...uhmmmm