DE PERDONES

Ibarretxe quiere que España pida perdón por "sus crímenes" en Guernica. (ABC, EL CORREO)
 
La sociedad vasca, los vascos y vascas, han pedido disculpas a las víctimas del terrorismo etarra, en un precioso acto de contrición, por el silencio, el abandono y la incomprensión de los que pudieron ser objeto en su día por parte de la citada sociedad vasca.
Y digo yo, ¿toda la sociedad vasca es responsable?. No, pero es muy propio de los nacionalistas erigirse en representantes de toda la sociedad.
Una vez consumada la penitencia, claro, limpios de pecado, absueltos, la cosa no iba a quedar ahí, es hora de reclamar a los deudores que hagan lo propio para también ellos ser perdonados en sus deudas, que no son pocas.
Por tal motivo, es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, que la cruel España pida ahora perdón a los vascos y vascas por los crímenes de Guernica. La cruel España, pues para ellos fue España entera quién bombardeó Guernica, debe disculparse, lo que ocurre es que, es posible que exista una extensísima lista de espera de agraviados y agraviadas. Siguiendo esta lógica del Señor de los Planes, en mi tierra, Badajoz, escenario de la mayor matanza que protagonizó el ejército de Franco, ¿quién deberá pedir perdón?. ¿España entera también?. No hombre, que Badajoz es parte de España y no se va a perdonar a sí misma. No estaría bien. ¿Pedirá el "Lindakara" a Alemania que pida disculpas tambien por la intervención de la Legión Cóndor?. Va a ser que no, casi seguro. 
Deberíamos remontarnos a Viriato y a sus "atentados" contra las legiones romanas, que vinieron a darnos civilización e infraestructuras, por lo que se deben pedir disculpas a los italianos e italianas, herederos de los del "pecho lata".
Posteriormente la infame España deberá pedir disculpas a Israel por un lado y a los  países musulmanes por otro por arrebatarles Al-Andalus o Sefarad y expulsarlos.
También hay que pedir disculpas a toda Ibero América, Países Bajos, Bélgica, Nápoles, Turquía, etc.., etc..,  y tantas otras víctimas  de los horrendos crímenes hispanos.

Sr. Ibarretxe, saque usted número y pregunte quién es la última o último.

 
 
 

4 comentarios :

chure dijo...

Ya puestos a remontarnos en la Historia, esta víctima de pro que son el Sr. Ibarretxe también podría pedir perdón por la traición del nacionalismo vasco en Santoña en 1937.

Filo de Espada dijo...

Leí el artículo de Jon Juaristi. El nacional-catolicismo es lo que tiene.

chure dijo...

No he tenido el placer de leer tal artículo. Mi comentario venía motivado por el hecho de que en Cantabria algunas cosas aún no se han olvidado.

Filo de Espada dijo...

La «traición» de Santoña
POR JON JUARISTI
La historia de la entrega de las milicias nacionalistas vascas a los legionarios italianos en el mes de agosto de 1937 es complicada. Implica, sin duda, un claro ingrediente de oportunismo, pero el juicio histórico no puede quedarse en eso. El PNV de la época republicana era una formación católica que nunca había mostrado gran entusiasmo por la deriva antirreligiosa del régimen. Los gudaris lucharon en defensa de la autonomía de Euskadi, no por una República en la que no confiaban. La perspectiva de disolverse en el Ejército Popular, bajo mandos de izquierda, resultaba desmoralizadora para la mayoría de los milicianos nacionalistas, y sin duda sus dirigentes obraron de acuerdo con lo que estimaban que era el estado de ánimo general de aquéllos. Ningún gudari acusó jamás de traición a sus jefes, lo que parece bastante significativo.
Con respecto a las condiciones del pacto, el asunto es más vidrioso, porque no se acordó una mera rendición. Los nacionalistas indicaron a los italianos la ruta por la que debían iniciar el ataque a Santander, a fin de que los batallones de gudaris no se viesen involucrados en la ofensiva (con todo, algunas unidades, separadas del grueso de los suyos, tuvieron que entrar en combate junto a los que defendían la capital cántabra). Obviamente, las milicias de izquierda se consideraron traicionadas por el PNV, aunque para algunos dirigentes republicanos la defección de los nacionalistas fue seguramente un alivio.
El pacto de Santoña no es la página más gloriosa de la historia del nacionalismo vasco, pero tampoco la más reprochable. De haber triunfado la República, las izquierdas habrían acabado pronto con el gobierno de Aguirre. No fue una gesta heroica, pero hubo algún gesto de bastante dignidad, para lo que entonces se gastaba: por ejemplo, el regreso de Juan Ajuriaguerra desde Francia, decidido a compartir la suerte de los gudaris prisioneros.