DIÁLOGO

- Buenos días. - Hombre, buenos, buenos... creo que es mucho decir. - No es por decir. No es literal, es un deseo mío para usted, si quiere podría decirle "que tenga un buen día" o algo así, pero prefiero el clásico "Buenos días", por educación más que nada. - Si es por educación muy buenos días, faltaría más. Bien, dígame ¿qué desea?. - No me diga que es usted un genio de esos de lámpara y que cumplirá tres deseos que formule, así, de gratis. - No, por favor, le pregunto qué desea usted de mí ahora mismo, en el contexto actual, en el ejercicio de mis funciones, pues para algo habrá venido, ¿no?. - Ah, si claro, mire usted... - Qué quiere que mire. - ... nada, nada... que le decía yo que venía a entregarme. - ¿A entregarse?. Pues a estas horas de la mañana, qué quiere que le diga, me coge usted un poco inapetente. Como que no tengo cuerpo de jota en este preciso instante. Además, lo siento mucho pero mi heterosexualidad es incurable y los señores con bigote como que no me ponen. Nadie es perfecto. - A mí, la verdad sea dicha, tampoco me entusiasma la idea pues no está hecho usted un efebo precisamente, yo venía a entregarme a la Justicia. - Oiga, un respeto a la Justicia. Buenos están los tiempos para encima pretender joderla aún más. - No, perdone que no me explique correctamente, venía a que me encarcelen por mis crímenes. Soy un asesino. - Asesino profesional, ocasional, aficionado, a sueldo, autónomo, concrete si es tan amable. - No seré yo quien alardee de mi valía para el oficio pero puedo asegurarle que tengo en mi extenso currículum más de cien muertes. Eso sí todas ellas instantáneas y con el mínimo dolor posible. - Bien, eso es un punto a su favor, pero necesito más concrección. ¿Sus víctimas merecían morir?. - Eso son valoraciones éticas en las que, dada mi condición de matarife, usted comprenderá que no entre. Yo le relato los hechos tal y como ocurrieron y usted valore en consecuencia. - ¿Había una motivación política aunque fuera un trasfondo?. Eso, en estos tiempos convulsos, se valora notablemente. No es lo mismo matar por matar que matar por liberar. - Hombre, supongo que algún viudo o viuda pudiera sentirse liberado, una vez superado el "shock" inicial, claro, pero no podría asegurarle que fuera la generalidad. - Ya le entiendo. ¿Había móvil económico en sus supuestos asesinatos?. - De supuestos nada, caballero, asesinatos con todas las letras y las circunstancias calificatorias del tipo delictivo. Si bien vivo de ello, le diré que no me enriquezco. Me da para vivir con cierta holgura y para alguna holganza, para qué le voy a mentir. - No me mienta que está muy feo. - ¿Mentir? - No, usted cuando miente, se le pone cara de pasa. Se le nota enseguida. A mi no se me escapa nada que para eso soy un profesional. - Del ramo. - Del ramo y del manojo, buen hombre. - Bueno, en definitiva, ¿me detiene de una vez?. - Pero, ¿usted quiere que le detenga?. - Hombre, la verdad es que me viene un poco mal en estos instantes, pero alguna vez tendrá que ser. No se puede estar toda una vida matando por ahí, alegremente y sin que nadie te pare los pies. No es decente, digo yo. - Le entiendo, en el fondo le entiendo, pero esto lleva su trámite, sus requisitos, en fin, que además ha venido usted en el peor momento. Pero bueno, me ha caído usted bien así que, coja número y espere a que le llamen.

1 comentario :

Susana dijo...

jajajaj qué forma de sacar punta..