DE HEREJÍAS MAKETAS

Que están en un sinvivir, que perder el chiringuito no les ha sentado nada bien, que hacen todo lo indecible para deslegitimar al sustituto; no ya por el pacto de gobierno sino más por que el país es de ellos, sólo de ellos. Porque ellos son los pata negra y no se ven gobernados por un hijo de maketos y sus amigos que, aun teniendo muchos de ellos el mismo Rh que el mismísimo Aitor, no comparten la fe y la reverencia ancestral al árbol plantado por el mismo Dios de los vascos y vascas.
Lo que en otras partes no sería ni anecdótico, allí se convierte en grave ofensa para los antepasados de la pelliza, que estarán revolviéndose en sus tumbas de piedra coronadas con "lauburus".
Y es que hoy he leído en el Correo Digital que al acto de toma de posesión del nuevo presidente vasco, lo de lehendakari tiene connotaciones caudillistas, asistieron invitados los máximos representantes del Ejército y las Fuerzas de Seguridad del Estado, en un gesto claro de normalización institucional, otro de los significativos gestos del flamante dirigente.
En cualquier otra comunidad autónoma lo que sorprendería, seguramente, sería lo contrario, pero claro, en tierras de mitos, donde los caciques siguen aferrados a tópicos ancestrales, parece que el ver tricornios acharolados y uniformes con la bandera del Estado opresor, les levantan sarpullidos. Algunos, lo que no ocurre en otros sitios, evocan el 36 y asimilan esos uniformes a los que arrebataron la libertad a los ciudadanos, a todos los de España, no sólo a los vascos y vascas, tras una guerra demencial y una negra dictadura.
En otras partes, los responsables políticos, sean de izquierdas o de derechas, ven en las Fuerzas de Seguridad del Estado lo que son. Instituciones al servicio de los ciudadanos dirigidas por los gobiernos democráticos de turno.
Y así estaban, maleducados, algunos pitando, otros cabizbajos, camino del batzoki, comentando las herejías perpetradas por Patxi.
Les molesta más un tricornio en la Casa de Juntas que las fotos de los asesinos en todas las plazas, fiestas populares, etc., etc.
Ayer asistieron al acto de toma de posesión los máximos representantes de gentes que han dejado mucha sangre por las calles del País Vasco, Navarra y toda España, velando por la seguridad de todos los ciudadanos, incluídos los jeltzales.
Gente que ha enterrado a sus muertos ante el más absoluto abandono y desprecio, a veces casi clandestinamente, aguantando los desplantes de las sotanas nacionalcatólicas, ebrias de txiquitos abrevados en Batzoki o Herriko Taberna, predicadores del odio y la infamia.
Ayer estaban donde tienen que estar, junto al nuevo Presidente Vasco, a homenajear a la nueva máxima autoridad autonómica de la tierra en la que trabajan.
Lo normal, lo otro, lo anterior, era completamente anormal.