NUEVOS TIEMPOS

El enemigo a batir no es el nacionalismo vasco, por mucho que digan las plañideras, Egibar y el por fin jubilado Ibarretxe entre ellas. El enemigo a batir es el que mata y el que les apoya. Ahí está la diferencia. Para los "españolistas" el enemigo no es el vasco o el vasquista, el enemigo es quien aterroriza al que no comparte sus ideas. Para el nacionalismo vasco siempre ha sido al contrario. El principal enemigo era el español, fuera vasco o no, y los que matan, a los que a veces soltaba una regañina, han sido considerados como de los suyos en el fondo y en la raiz. El frentismo nació en Estella, no en el actual pacto PP-PSE. Bien es cierto que por el PP, muchas veces, se consideró al nacionalismo principal enemigo en vez de adversario, encabezando tal idea Aznar y San Gil. Ahora puede que todo cambie, que el PP en aquellas tierras, con su apoyo al gobierno socialista, trabaje más en pro de la integración en vez de en la confrontación que, bien es cierto, comenzaron los nacionalistas. La libertad no está en el Plan que se llevará Ibarretxe a su retiro, la libertad está en poder votar, manifestarse y discrepar sin miedo a quien te pueda oir lo que dices, no vaya a ser que se chive a los de las pistolas. Firmeza en vez de tibieza, tolerancia cero con la violencia en vez de subvencionar familiares y satélites de los asesinos. Las víctimas por encima de los verdugos. Despues, las vascas y los vascos, sean españolas y españoles o sean vascas y vascos puros, étnica o ideológicamente hablando, podrán entenderse y discutir. Sin monopolizar identidades y sin la mafia como acción política.