MI MOTO

No se si será pesimismo, descreimiento o gripe porcina cerebral, pero uno lo ve todo oscuro, muy oscuro.
Vamos a por unas olimpiadas cuando no tenemos un real, y menos que vamos a tener, según dicen, pero somos gallardos, gallardones por usar un aumentativo más adecuado, y nos presentamos como un país idílico, culto y fiestero, de tapas, cañas y tuna, con monarcas y principados cuyas posaderas nada tienen que envidiar a ninguna república glamourosa de modelos cantantes presidenciadas.
El mangue y el trinque siguen campando por las administraciones con trajes, ladrillos y otros lucros sustanciosos que no entienden de partidos políticos pues el cazo, la postura del egipcio, se puede practicar tanto con la mano derecha como con la izquierda.
Los terroristas van a juicio a cantarles himnos folclóricos a los tribunales mientras sus compañeros hacen la coreografía desde la jaula de cristal.
Hay un cadáver, un cuerpo de niña desarbolada, en un río, o en un vertedero, o en ningún sitio, o donde quiera que digan los criminales adictos al piercing, a las pastillas y a los coches tuneados con banda sonora de Camela, que retrasan, bien aconsejados por abogados ansiosos de fama o pasta gansa, la resolución de la vileza cometida y el descanso de una familia.
Un tal Arzalluz, coetáneo de un tal Aznar, dice que es posible que fuera conveniente no presentarse a las elecciones españolas, porque los partidos "españoles" les han arrebatado la poltrona, con métodos poco democráticos como legislar para que partidos "democráticos", de los demócratas al más puro estilo camorra, no se presenten y puedan apoyarles en sus delirios y en sus planes. Y a lo mejor tiene razón y qué bien vendría que no se presentaran en España quién no se siente parte de ella. Así, al menos, no estaríamos sometidos al chantaje reiterado de quien, desde la minoría, decide en los asuntos de todos. Es un decir, vaya.
Y va al paro todo el mundo pero todo es de color rosa, y los autores le arrebatan dinero recaudado a un niño moribundo, y se tiran los pájaros a las escopetas y un pájaro, precisamente, me acaba de cagar en la moto, mi moto, y yo me cago en toda su calaña de rata alada.
Vamos, en mi moto tenía que ser, que es mía y la pagué letra a letra, y que me sigue sacando pasta a base de taller, pintura, y otros cuidados inherentes a la afición de las dos ruedas. Porque yo no importo ni usted tampoco, pero mi moto es mi moto.