CANTA

Muéstrame la ausencia

de tus dientes de leche,

perecederos,

caídos y atesorados

como medallas

al mérito del crecer.

Sonríe en la mella

abriéndome las ternuras

que suelo encerrar

en bolsillos interiores.

Colúmpiate

en mis pesares,

mécete

en mis enojos

nunca eternos

y canta.

Tararea la canción

inaudita,

inédita

e indómita

y duerme tu voz

en mis brazos.

Alboréame

en la tarde

espantando mis espectros,

los que vuelven,

los que están,

disuélvelos

amaneciéndolos,

matándolos de Alba.