NOVELA NEGRA. CORRECCIONES DEL ORIGINAL.

No era aquella la mejor noche del Inspector Macías. Aquel caso le estaba quemando (estresando) más de lo habitual. Quizá fueran los años, el cúmulo de experiencias, las putadas... (los avatares del destino), pero comenzaba a preguntarse por qué coño (por qué razón) decidiría, aquel fatídico día del 82, opositar para madero (para miembro del Cuerpo Nacional de Policía).
Después de lidiar toda vida con todo tipo de escoria (marginados y desfavorecidos por la injusta sociedad de consumo), camellos de todos los colores (delincuentes dedicados al tráfico de estupefacientes de todo tipo de origen étnico), chulos de puta (proxenetas explotadores de mujeres indefensas), putas (mujeres explotadas sexualmente por el machismo imperante), drogatas (enfermos de toxicomanía), mirado por encima del hombro por los fachas (personas de ideas conservadoras) usureros y mercachifles (banqueros y comerciantes honorables), despreciado e injuriado por los "progres" bienpensantes (intelectuales y artistas de ideología progresista), cobrando un salario de mierda (retribuciones justas nunca excesivas), engañado por los politicuchos de todo pelaje (gobernantes de derechas y de izquierdas), regalando con su curro despachos y medallas a los soplapollas y veletas (facilitando mediante su rendimiento la legítima promoción de sus superiores jerárquicos, siempre dispuestos a cumplir con el gobierno legítimo y de indefinida militancia, según las legislaturas), tenía que ser ahora, cuando apareciera un hijo de puta con pintas (un criminal desalmado), dejando, por cada esquina del distrito, cadáveres decapitados de niños y niñas pijas (asesinando, macabramente, jóvenes adolescentes de las clases favorecidas, la flor de nuestra sociedad) que tenían, como patrón común, la afición por el "perico" (clorhidrato de cocaína) y las bacanales universitarias (fiestas de sana diversión estudiantil).
Sabía que acabaría trincándolo (era consciente del seguro éxito de sus investigaciones) y que los de siempre, los del pecho lleno de baratijas, (los mandos naturales, merecidamente condecorados), se explayarían a gusto delante de los buitres de los plumillas (darían oportuna cuenta de la operación ante los medios de comunicación en aras del legítimo derecho a la información).
"Un nuevo éxito del Gobierno en la lucha contra el delito", titularían los medios del régimen (los objetivos medios de comunicación), mientras su gente (sus subordinados), sin medios materiales (asumiendo la época de austeridad a la que la administración se somete dada la evidente desaceleración económica), se hubieran dejado el alma por las calles con tal de cazar a la alimaña, (hubieran cumplido con su deber por encima de lo exigido, motivados por el fin último de dar seguridad a sus conciudadanos).
Bien se la sudaban, (les importaría un bledo) a él y a sus compañeros (equipo de trabajo), las posibles patrañas amarillistas (los posibles titulares) que se publicarían una vez trincado el cabrón (una vez detenido el presunto autor de los hechos). Ellos lo que querían era acabar con las muertes, por muy hijo de puta que fuera alguno de los fiambres (independientemente de las circunstancias personales, económicas o sociales de alguna de las víctimas de tan horrendo crimen), y terminar con un nuevo trabajo y con las presiones a que se les sometía (la satisfacción del deber cumplido).
Pero no era hora de pensar en eso, se dijo Macías. Tenía la garganta seca, estropajosa, (tenía sed) y era hora de emborracharse (tomar un refrigerio ligero).
Entró en el tugurio de Paco "el maricón" (el establecimiento de Francisco, conocido por su libre orientación sexual) que era el mejor "chota" (persona siempre dispuesta a colaborar con la ley) que nunca tuvo y así, mientras tomaba unos pelotazos (combinados alcohólicos pero con moderación) podría sacarle algún chivatazo (información voluntaria de interés policial).
Nada más sentarse en el taburete se le acercó Graciela "la dientes", una mulatona (mujer corpulenta cuyo mestizaje, a parte de cultural, es producto de la unión entre personas blancas y de color), veterana del puticio y los bajos fondos (con triste y dilatada experiencia como esclava sexual y como miembro de la comunidad marginada), que nunca cejaba en el empeño de tirarle los tejos (coquetear) al policía.
- Cuánto bueno por aquí. Te vendes caro últimamente (no se le ve por aquí en las fechas recientes), cabrón (palabra usada como grosero insulto referida a víctimas de infidelidad conyugal pero, dependiendo del tono empleado, puede aplicársele una acepción afectuosa) - Dijo la mujer sacando a relucir el muestrario de marfil que tenía por piños (expandiendo una sonrisa que acentuaba la blancura de su dentadura).
- No me jodas (no me digas) que me has echado en falta (añorado)...
 
No sigo, definitivamente dejo la literatura.
 

1 comentario :

El Valín dijo...

Ha escrito usted un post (texto difundido a través de un blog) cojonudo (estupendo, magnífico, excelente).