LA TABERNA DE LA TROLA.- Taras, dinamos y taxi-driver.

Por estas tierras se denomina "apostón", no al ludópata de la apuesta, sino a aquél cuya necedad le hace sacar cualquier teoría para mantenerla hasta las últimas consecuencias por muy absurda que sea y por mucha unanimidad autorizada que haya en su contra. A veces se hace la apuesta monetaria pero no es necesario para ser candidato al apelativo. Consiste en la afición a discutir por discutir, dando igual la importancia del tema.
Esta cualidad la tiene, sin duda alguna, un cliente de la taberna, de profesión taxista, cuya tozudez y afán de enervar al prójimo, con lo cual es evidente que goza, no tiene límites. Nuestro taxista, a ciertas horas de la madrugada en las que se condensan nubarrones de vapor etílico, provocando que las gargantas acumulen decibelios atronadores, suele regalar a la audiencia con alguna teoría o máxima irrebatible, para él claro, que enciende la chispa del debate acalorado de imprevisibles consecuencias.
La última del profesional del volante fue sobre lo que significaba TARA de un vehículo. Bien, pues con su acreditada carrera a los mandos de un automóvil transporta personas, según me contaron pues juro que no asistí, afirmó y sostuvo hasta la extenuación, de propios y extraños, que la TARA era el peso del vehículo más la carga. Para ello se apoyaba en los permisos expedidos por la Dirección General de Tráfico de los que era titular, con lo cual habría que replantearse el vigente sistema de aprendizaje vial.
Evidentemente fue taxativamente negado por los contertulios, entre los que se encontraban al menos, Julio el tabernero y Carlos, ex-vigilante de primera de la mina y cantor reputado de madrugadas. Si el taxista es necio, necio de tozudez, el minero no le queda a la zaga por lo que por un quítame allá esa "TARA" se llegó a mascar la tragedia. Que es a lo más que suele llegarse en el templo del desvarío. Llegó el taxista a apostar su vida y Carlos a preguntarle a Julio por el método más adecuado de matarlo.
En otra ocasión el importantísimo dilema que planteó el "pesetas" era de una transcendencia y profundidad que llegó a tener prórroga, asistiendo mi persona a alguna secuela.
Aseguraba el conductor que, en las bicicletas, cuando se ponía dinamo para dar luz al foco delantero y trasero, el cabezal del mismo rozaba contra la yanta en lugar de contra la cubierta del neumático, tal y como afirmaba la mayoría. En este tema solo faltó una pizarra y fórmulas físicas y matemáticas para apoyar las dos hipótesis basándose en las propiedades de ambas superficies en discordia.
Sólo su hijo, de unos doce años de edad, consiguió sacar a "Taxi-Driver" del error y el empecinamiento.
Y es que La Taberna, más que un bar, es un Aula Magna donde la Lección Magistral es la norma y aunque, a veces, aparezca la crispación, ésta se cura con una buena resaca ya que aquí no hay votos que ganar y las "Trolas" que se cuentan suelen ser inofensivas y de escasas consecuencias.