DE PERDONES PENDIENTES

MADRAZO DICE QUE CON LOS ARRESTOS DE BATASUNA ZAPATERO BUSCA EL "PERDON DEL PP" POR NEGOCIAR CON ETA

Bilbao, 5 (Vasco Press).-El coordinador general de Ezker Batua-Berdeak, Javier Madrazo, ha enmarcado las detenciones de los dirigentes de Batasuna Pernando Barrena y Patxi Urrutia en una "operación de maquillaje" del PSOE para "hacerse perdonar por el PP por haber
impulsado el diálogo con ETA".
 
Este chico, líder de la Izquierda ¿Unida? Vasca, tiene, como muchos progresistas de libro, apariencia y gesto de seminarista, de potencial obispo, y como tal, como buen representante del clero laico, habla de perdones y absoluciones y que la paz esté con vosotros, y con tu espíritu.
Bien podía el monaguillo pedir perdón a la izquierda por aliarse a la derecha conservadora vasca en un tripartito anti natura. Bien podía disculparse por Estella, por el apoyo a los planes del paranóico presidente consultista, por la ambigüedad ética en su forma de hacer política y dejar de dar lecciones a los demás.
Puede que Z se esté maquillando excesivamente de españolidad tras el fiasco del proceso y que esté intensificando las sesiones estéticas con la proximidad de marzo. Quizá también haya comprendido que necesita al PP, a pesar de todo, para hacer política anti-terrorista, pues sin el principal partido de la oposición al lado, en esa materia tan delicada, es difícil tener éxito. Quizá haya comprendido Z que los escarceos nacionalistas son contraproducentes pues la voracidad centrífuga no conoce límites y las miserias morales de sociedades que comprenden, cuando no justifican, lo injustificable, cuando hablamos de asesinatos y contínua intimidación al discrepante no se pueden tener medias tintas.
Y usted es de esos Sr. Madrazo, de las medias tintas, de la nueva corriente de Izquierda Unida que depura comunistas y que abandona el internacionalismo para sacar réditos de los nacionalismos más paletos.
Aquí, en Langreo, ya ha dimitido un dirigente de su formación por la deriva aldeanista que está tomando en Asturias la misma, con ejecutivas florecidas utilizando métodos poco democráticos y participativos. Es la revolución cultural de Super Gaspi, otro obispo con vocación de ministro.