FORESTAS Y FORÁNEOS

Mi amigo José Fernández, Director del Instituto de Enseñanza Secundaria Bernaldo de Quirós, tuvo el detalle de invitarme al acto de inauguración de la ampliación del centro y, como no podía ser de otra manera, allí estuve.
El citado Instituto tiene una amplia historia como centro puntero de Mieres y uno de los motores de la actividad cultural de las cuencas mineras.
En su ampliación y modernización se han visto implicadas varias instituciones como los Sindicatos Mineros, el Gobierno del Principado, el Ayuntamiento, el Gobierno de España, etc., pero el trabajo de campo, el proyecto y una lucha llena de obstáculos, esperanzas y frustraciones, fue protagonizado por el personal educativo con los distintos directivos a la cabeza. Así no es de extrañar que, al termino de su discurso, Jose, derramara lágrimas como una magdalena, emocionado y satisfecho por el trabajo bien hecho.
Luego vinieron los discursos políticos que, si bien hay que reconocer tuvieron notas de emotividad y referencias históricas, tuvieron también, corriendo las fechas que corren, mucho de mítin y propaganda.
Al finalizar, el Presidente del Principado, el Alcalde y el Consejero de Educación plantaron dos tilos en el virginal jardín de entrada al complejo educativo. Hay que reconocer que si bien Álvarez Areces demostró cierto arte, inusual en los políticos, a la hora de coger la pala (yo siempre he dicho que una pala le sienta a un político como una pistola a un santo), el que demostró buen hacer en labores de jardinería fue Riopedre, consejero de la cosa, que dejó el árbol bien enterrado, calcando a conciencia la tierra a su alrededor. Lo bien hecho bien parece.
Y es que lo de los árboles está de moda y Rajoy se dispone a, si gana las elecciones, llenar de árboles Península, Islas y Ciudades Autonómicas, para devolver a España la frondosidad de bosque que tuvo en su día.
Lo que ocurre es que, muchas veces, los árboles no dejan ver el bosque y veo yo a muchos inmigrantes, previa firma del contrato de integración, una vez aprendidas las lenguas oficiales correspondientes, despojados de pañuelos y señas de identidad de sus tierras de orígen, con el traje típico regional del lugar de trabajo, repoblando la foresta patria para luego, con su marginal sueldo, tomarse unas cañitas con patatas bravas, que son saludables a la vez que típicas y tópicas y así, de tan sanos e integrados, no colapsarán las urgencias para disgusto del inefable Arias Cañete, al que también le gustan los camareros antiguos, los que siempre dan la razón al cliente con acento castizo, y el inmigrante bien pudiera quedar para limpiabotas, que es que se ha puesto todo que hasta un señor como Arias Cañete tiene que limpiarse los zapatos él solito.
Qué gran país, frondoso y verde de árboles de profundas raíces e inmigrantes desarraigados.