LA TABERNA DE LA TROLA I

Desde mi llegada a las cuencas mineras asturianas frecuento una taberna muy peculiar, últimamente sólo para consumir bebidas inocuas, debido a ciertos sedimentos grasientos que mi matasanos ha encontrado en mis tuberías arteriales.

Aparte del agradable ambiente y de lo distinguido de su clientela, dicho local goza de una característica que lo diferencia del resto de garitos que este humilde servidor ha visitado en su vida.

No sé por qué misterioso embrujo, el juego más practicado en el mismo no es un juego de mesa, cartas y demás, si no que se disputa a diario un interesante torneo de embustes.

Las trolas, invenciones y barbaridades que allí se escuchan son dignas de antología. Pero, como en todo, hay muchas categorías de mentirosos.

Algunos cuentan sus mentiras a sabiendas de que el oyente conoce la total inverosimilitud de lo escuchado, a no ser que éste sea un crédulo patológico o carezca de los mínimos conocimientos.

De este tipo de embustero tenemos, por ejemplo, a un aficionado a la ganadería de ovino, el cual, según sus aseveraciones, dejó a uno de sus corderos cojo debido a su falta de pericia a la hora de herrarlo.

Así mismo, en una ocasión, no se sabe por qué capricho genético, una de sus ovejas parió un ternero. Esta última manifestación fue apostillada por un sobrino del ínclito personaje, asegurando que a una gallina suya, a la hora de poner un huevo, hubo de practicársele la cesárea dado el descomunal tamaño de la criatura y el riesgo que entrañaba para la "madre".

Pero luego tenemos a otro tipo de mentiroso: El que se cree, o se autosugestiona para creerse, la barbaridad que te está espetando.

De esta clasificación de troleros tenemos a uno que degustó en su día, durante unas vacaciones, el centollo frito, no sabemos aún si rebozado en freidora o en común sartén.

Y el más laureado de la casa, pescador para más señas (mentiroso de natural), es un caballero cuyas lecciones magistrales no tienen desperdicio.

Este individuo, el cual no consume ni gota de espiritoso alguno (será por aquello de "in vino véritas"), supera con creces todas las expectativas.

De las innumerables patrañas servidas por este genio de lo incierto, sólo voy a citar algunas:

  1. EL REPARADOR DE VASOS.- Asegura este señor, que en tiempos pasados había un artesano que recorría las aldeas reparando vasos de cristal. Esta delicada tarea la llevaba a cabo utilizando unos polvos de color blanco que aplicaba a la rotura y soldaba el desperfecto ayudado por pequeños golpes de martillo.
  2. EL AFILADOR DE LIMAS.- No caben más comentarios.
  3. PREVENCIÓN DE LA PLAGA DEL ESCARABAJO PATATERO.- Nos ilustra este sabio con un remedio infalible para evitar que la plantación de patatas sea arrasada por el voraz insecto: "SEMBRAR LOS TUBÉRCULOS PREVIAMENTE COCIDOS".

Hace pocos días que entró otro habitual cliente y mentiroso esporádico clasificado en la primera categoría de las dos descritas. Éste, conocido también por "ROMPEHUEVOS" (vaya usted a saber por qué), comenzó a relatar que venía del sacamuelas, el cual, tras extraerle una pieza, le aseguró que ésta era aún de leche (Superados con creces los 50 años) y que le comenzaría a nacer la pieza de adulto. Al poco accede al local nuestro estimado campeón, y el que suscribe incitó al "ROMPE..." a que le relatara el episodio del odontólogo, y así hizo.

La respuesta del hábil trolero por antonomasia no se hizo esperar :

"Claro que sí, el otro día un paisano de 70 años fué al dentista pues le molestaba la dentadura postiza y resulta que le estaban saliendo todas las piezas otra vez".

Hasta la próxima entrega.

La Taberna de la Trola II

La Taberna de la Trola III

La Taberna de la Trola IV

2 comentarios :

Serther dijo...

Ojo con la censura.
Se empieza con auto y se acaba como los iraníes, poniendo tachones a las fotos de mujeres en las revistas occidentales como muestra este blog.

http://jturn.qem.se/2006/more-pictures-of-iranian-censorship/

Qué débil es la fe cuando requiere tanta defensa.

Serther

Filodespada dijo...

No hombre, no. Si leiste la versión libre sabrás que la única diferencia es una pequeña frase en la que se habla de apodos y efluvios y alguien me dijo que podía ser ofensiva e hiriente. Y nada más lejos de mi intención que molestar a nadie. Bueno a nadie no, a ciertas pesonas.