BREVE Y MODESTO ENSAYO ANTROPOLÓGICO SOBRE LA PATADA EN LOS COJONES Y SUS SIGNIFICACIÓN EN LA CONCIENCIA COLECTIVA.

Que la zona genital es una de las más sensibles de la anatomía humana, en ambos géneros, nadie puede dudarlo. Además su importancia reside en que esa zona suele ser la que mayores satisfacciones nos produce en este miserable valle de lágrimas que nos ha tocado transitar. Dado, pues, que es el centro del placer humano, siendo por ello una zona de concentración de multitud de terminaciones nerviosas,  cuando es golpeada provoca un infinito dolor.
En los hombres, dado su primitivismo congénito, mantienen los genitales un valor añadido pues suelen usarse como símbolo de la hombría, del valor, de la capacidad de sufrimiento, de todo lo que pueda caracterizar al "macho dominante" tomándose la medida de los atributos como patrón para todo lo demás. Tras las batallas, muchas civilizaciones castraban al enemigo utilizando los colgajos como trofeo.
Las mujeres, mucho más civilizadas, no suelen tener esos complejos y no dan tanta importancia a la simbología genital.
Ahora bien, ¿por qué hay gente que opta, a la hora de agredir a alguien, por propinarle una patada en los huevos?. Mucha gente dirá que únicamente por ser uno de los puntos más dolorosos y en el que, un golpe certero, suele bastar para dejar al más pintado fuera de combate. Pero hay una motivación mucho más ancestral enquistada en el subsconsciente del agresor y que vamos a intentar desvelar.
Cuando se da una bofetada en la cara lo que se ataca es la dignidad, no siendo su principal intencionalidad el neutralizar al enemigo sino más bien cabrearlo y humillarlo.
La patada en los cojones va dirigida directamente a eso, a los cojones, y lo que se intenta neutralizar es la superioridad en huevos que pueda tener el agredido con respecto a su agresor. Se ataca a lo que más molesta e indigna que alguien pueda tener, o esté demostrando tener, más cojones que tú, y eso, para un neandertal poco evolucionado, es intolerable. Es una forma de sublimar las frustraciones de un cobarde o personajillo con pocos huevos que, por lo general, aprovecha un descuido del cojonudo o se ampara para su vil acto en una masa cerril disparando entre el revuelo su mezquino pie hacia el envidiado símbolo de la valentía y la dignidad.
Pero, aún así, todavía habrá quien justifique este tipo de actos basándose en el alarde de huevos del agredido y que, para ellos, no es más que una provocación intolerable a la que el atacante no se puede reprimir, dado que, el pobre energúmeno, es víctima de la crispación que han alimentado terceras personas.
Siempre habrá gente que sienta debilidad por los cobardes y emboscados. Este país es así, siempre han triunfado las leyendas de bandoleros y salteadores de caminos. Por muy crueles que fueran, siempre se halló justificación a sus actos.
 
Y una vez concluída la modesta conferencia se abre el turno de ruegos y preguntas. Será bien recibido hasta el que venga a "tocar los cojones", con perdón.

2 comentarios :

Elbereth Gilthoniel dijo...

He visto la foto en el periódico. No podía creerlo.
Tiene razón en su significado, es deprimente.

No paro de preguntarme, ¿qué puedo hacer? Debe haber algo que yo pueda hacer.

Impotencia, eso es lo que siento, y eso que no tengo "cojones", ni me han dado una patada.

Saludos.

El Valín dijo...

Cojonudo.