CONFESIONARIO

- Ave María Purísima.-
- Sin pecado concebida... a ver, hijo, díme... pero... ¡Jacinto!... ¿tú aquí?.
- Si Padre, sí, yo aquí.
- ¿No vendrás a montarme uno de tus numeritos?.
- No, Padre, no, vengo a confesarme. Haga el favor de hacer su trabajo, que "pa" eso le pagan. Bueno, le pagamos "tos".
- No empecemos, Jacinto, que ya nos conocemos, no empecemos... a ver si ahora vas a decirme que te has "convertío" o algo así.
- Tengamos la fiesta en paz, Padre, le he dicho que vengo a confesarme. ¿Va a confesarme o tengo que irme a buscar otro cura a la capital?
- No, hijo, no, que no están los tiempos como para perder fieles... Si en verdad puedes ser un "alta", me lo apunto yo. No me lo quita nadie. Seguro que me dan un puesto en el Obispado.
- Y dale, no hay manera. ¿Va usted a cumplir con su deber o no?.
- Sí, hijo, sí, por supuesto, a ver, cuenta los pecados que te afligen.
- Hombre, padre, afligirme, lo que se dice afligirme, no estoy afligido... Es más estoy muy tranquilo, que tienen ustedes una manía de apenar al personal que para qué, como si no hubiera ya bastantes problemas en este Valle de Lágrimas... como dicen ustedes. Yo vengo a confesar que soy ateo... vamos, que no tengo una gota de eso que ustedes llaman fé. Que no me creo nada, padre, y a veces pienso si será grave o no.
- Ya me imaginaba, Jacinto, que venías a tocarme los cojones...
- Padre, está usted pecando... esas palabras no son apropiadas en un hombre de Iglesia. Digo yo, que tampoco es que sepa mucho de sus normas.
- Decir cojones, hijo mío, no es más que una falta de educación en la manera de hablar. No es apropiado para nadie, lo que pasa es que, qué quieres que te diga, me estás empezando a sacar de mis casillas.
- Nada mas lejos de mi intención, Padre, como le he dicho, solo quiero confesarme.
- A ver, hereje, que eres un hereje aparte de un rojo irredento, el ateísmo no es ningún pecado, es una desgracia para el que lo sufre. La falta de fé sólo se cura con la conversión... ¿Vienes a convertirte o a qué coño vienes?.
- Hombre, si usted consigue convencerme no digo yo que no. Pero tengo mis dudas pues mi ateísmo está muy "arraigao" y como que no se "pué" "quitá" como el que cambia un geranio de tiesto. Yo sigo "convencío" de que lo "suyo" es una patraña "p'atontarnos" a los humildes desde el principio de los tiempos... Que se montaron ustedes el invento "pa" estar al "lao" de los poderosos y tenernos "sometíos".
- Eso es una barbaridad, Jacinto, una barbaridad. Vamos a ver, Jacinto, ¿tú no te has preguntao nunca cual es el orígen de todas las cosas?.
- Pues sí me lo he "preguntao", para qué voy a engañarle, pero luego, inmediatamente despues de esa pregunta, me viene automáticamente otra, Padre, ¿por qué tiene que haber un orígen?, ¿por qué no pudo haber surgío "to" espontaneamente?, ¿por qué no puede ser que una cosa llevara a la otra y así sucesivamente?.
- Pero, Jacinto, en algún lugar o momento tiene que haber algo que inicie todo, el "motor inmóvil" que decía Aristóteles.
- Y por qué Padre no pudiera ser que no hubiera un motor tan vago como ese, sino que todo fuera circular, cíclico y que no tuviera fin ni principio.
- Eso es el infinito, hijo mío.
- Ahí le duele, Padre, el infinito. ¿No ve usted?. En una cosa estamos de acuerdo.
- ¡Jacinto!, como voy a estar de acuerdo contigo.
- No sé, como que le veo dudar Padre, como que flaquea.
- Vete a la mierda Jacinto. Sal del Templo inmediatamente o llamo a la Guardia Civil. No me hagas perder más tiempo.
- Vale Padre, sin acritud, me voy pacificamente. ¿Porque usted es un hombre de paz, no?.
- Jacinto, me cago en...
- No me blasfeme, Padre, no me blasfeme. Venga, me voy, pero volveré. Y espero que la próxima vez tenga usted unos argumentos mas consistentes. Que me da a mí que le falta a usted preparación "pa" defender lo suyo.

1 comentario :

Elbereth dijo...

Muy bueno, muy bueno... Diálogo rápido, irónico, tierno, sabio...sin falsas pretensiones...

¡Dios!...¿Es posible que la única excusa que tenga, es que no existe?

Le presento mis respetos, nuevamente, Señor.