BRIGADA RURAL.- Conspiración en la granja.

El cabo Ramírez se encontraba en su austero despacho leyendo la prensa. La mesa, "donada" por un director de la Caja de Ahorros que se deshizo de la antigüalla cuando modernizaron el mobiliario, más funcional y ergonómico, era de castaño y tenía la oscuridad sobria de la vejez. Sobre ella papeles, un viejo tintero con función únicamente ornamental, el Código Penal, la Ley de Enjuiciamiento Criminal, la Constitución y la Ley Orgánica de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, todos ellos perfectamente apilados al lado derecho de la mesa y, a cierta distancia de los mismos, un viejo ejemplar de las "Reales Ordenanzas". "Ay, las Reales Ordenanzas de los co...", pensaba para sí muchas veces aunque enseguida recapacitaba y se autorecriminaba por esa actitud rebelde a la tradición centenaria de la Benemérita.
Detrás de él, como no, un cuadro de Su Majestad con el uniforme de Capitán General de la Guardia Civil. En una esquina la Bandera Nacional y, junto a ella la de la Comunidad Autónoma que, como ya dijimos en su día era una Comunidad Autónoma que se quedaba en eso, en Comunidad Autónoma. En las estanterías, entre legajos, diccionarios, libros de Derecho Penal Especial y General, consecutivos Códigos de Circulación, etc., varios ejemplares de poesía en español desde el Siglo de Oro hasta nuestros días. Y es que Ramírez, lo que realmente le arrebataba era la poesía. Cuantas veces, casi a escondidas, cuando sentía una imperiosa necesidad creativa, vertía sobre los folios estrofas rimadas y sin rimar, endecasílabos y verso libre que luego almacenaba en el último cajón de la mesa como con la esperanza de publicarlos algún día.
Tenía que hacer unas estadísticas mensuales pero, dado el nivel delincuencial del pueblo, no le corrían mucha prisa pues bien poco iba a tener que insertar en aquellas casillas de formulario informático. "Esto de la informática es la leche", pensaba frecuentemente recordando los tiempos en que se hacían los atestados en Olivetti, con dos folios, uno para el Juez y otro para el Fiscal; siete hojas de papel cebolla, para las copias de archivo, Policía Judicial, Comandancia, etc., etc.,. Al mínimo error mecanográfico había que cargarse el conjunto entero, sin posibilidad de corrección, y volver a empezar de nuevo. Luego vino el "Tip-ex" y remedios por el estilo pero, siempre delataba que se había caído en error, por lo que, por amor propio, era mejor rehacerlo, más que nada por el "qué dirán".
Leía la prensa sin demasiada atención ya que lo que había era más de lo mismo. "Hay que joderse como está el panorama", pensaba, y se alegraba de estar en aquel pueblo sencillo y sereno donde acabaría su ya larga carrera profesional por distintos puntos de la Piel de Toro.
-¿Da su permiso, Cabo?- se oyó en la puerta la voz recia por el tabaco y el "Soberano" consumido antaño y ya abandonado por prescripción facultativa, del Guardia Antúnez.
- Díme Antúnez, díme. -
- Que tiene usted aquí al Azarías, que quiere hablar con usted.
Al oír ese nombre, como un reflejo le hacía a Ramírez llevarse la mano a la mejilla, recordando, no sin humor, el anterior altercado con el pequeño ganadero.
- Díle que pase.
- ¿Quiere que me quede, por si acaso?.
- No hombre no, Azarías no es mal tipo, además yo me las apaño bien con él.- Dijo mientras cerraba el periódico y lo apartaba de delante suyo pues no le parecía adecuado atender a un ciudadano, aunque fuera Azarías, con la prensa sobre la mesa.
- Buenos días, Cabo, ¿puedo pasar?.- Dijo Azarías en la puerta del despacho, con la gorra de visera en la mano y gesto algo desencajado, aunque en Azarías era difícil detectarle un gesto. Algún "intelectual" local y "cinéfilo" ya le bautizó como "El Rostro Impenetrable". En la España rural, lo de poner motes está generalizado.
- Pasa, Azarías, pasa. Siéntate, estás en tu casa.
- No Cabo no, en mi casa no, que, aunque usted me caiga bien entrar en un Cuartelillo siempre me ha dado repelús. Que aquí se sabe cuando se entra pero nunca se sabe cuando y como se sale.
- No empieces Azarías con tus especulaciones sobre la Leyenda Negra. Que siempre estás igual, sacando los pies del tiesto y remontándote a los tiempos de la Inquisición. Anda, siéntate de una vez y relájate, y cuéntame qué te trae por aquí.
- Pues verá, Cabo Ramírez, que al ir esta mañana a atender a las vacas, pues que me encontrao a la Blanca y al ternero recién parido, muertos en mitad de la cuadra.
- Coño, Azarías, no sabes cuanto lo siento, pero tú dirás qué tiene que ver la Guardia Civil en ese tema que parece más bien cosa de veterinarios.
- Pero es que el problema está, Cabo, en que no ha sido muerte muerta sino que ha sido muerte "matá". Tienen ambas criaturas sendos cartuchazos de posta en mitad de la testera. Que ha sido alguien que quería hacerme daño, Cabo, y no sabe cuánto me han jodido.
- Rediós, Azarías, y ¿como no me has llamado por teléfono?, para hacer la correspondiente inspección. Vaya hijoputez, lo que me faltaba, un asesino de ganado aquí, en este pueblo.
- No le llamé porque no tengo teléfono, ni móvil ni cosas de esas tan modernas que hay ahora. Yo prefiero, como usted sabrá, decir las cosas a la cara, que por un aparato no se puede hablar de hombre a hombre.
- Tienes razón, Azarías.- Dijo el Cabo rascándose de nuevo la mejilla.- Tienes razón. Supongo que sospecharás de alguien, y supongo que será el mismo en el que yo pienso. Tu primo Froilán que, desde que murió tu abuelo no quedó muy conforme con la partición de la heredad. Además, estoy seguro que cuando vayamos a su casa tendrá todavía caliente los cañones de la escopeta el muy bellaco. ¡Antúnez!.-
- Sí mi Cabo.- Dijo Antúnez que permaneció "en prevengan" detrás de la puerta del despacho.
- Ve a casa de Froilán y lo detienes. Él ya sabe porqué y no te pondrá ninguna objeción, y que te entregue la escopeta y la munición que tenga en casa.
- A la orden.
Antúnez abandonó el puesto y se dirigió a cumplir diligentemente la orden dada.
El Cabo miró a los ojos a Azarías.- Venga hombre, que verás como se soluciona todo y te tiene tu primo que pagar los perjuicios.-
- Sí Ramírez, si ya sé que acabará pagando pero, es más el daño personal que me ha hecho el muy animal. Froilán, en el fondo es buen rapaz, lo que ocurre es que D. Augusto lo estuvo envenenando en contra mía cuando lo de la herencia, a la vez que intentaba comprarle los pastos que tiene junto al río y Froilán no acaba de ceder ante el cacique, que mi primo es como es, más bruto que yo si es menester.
- Hablando del Ruín de Roma... - Dijo el Guardia Civil mientras veía por la ventana acercarse a la casa cuartel al citado D. Augusto acompañado del párroco, D. Indalecio.- Qué querrán ahora estos dos elementos.-
- Buenos días, Cabo, ¿podemos pasar?.- Dijo el señorito con la autoridad que le caracterizaba mientras se colaba en el despacho oficial.- Nos hemos enterado de lo que le ha ocurrido a Azarías y venimos a aportarle datos relevantes para la investigación del crímen.-
- El crímen, D. Augusto, yá está esclarecido y, ahora mismo viene de camino el presunto autor de los hechos, conducido por uno de mis compañeros.-
- ¿Supongo que estaremos hablando de la misma persona, de Jacinto, el Secretario del Sindicato Agrario?.-
Ramírez se estaba temiendo lo peor. Un tema sencillo de rencilla familiar, de los de dos y dos son cuatro, estaba comenzando a complicarse con tensiones sociales y políticas, intereses económicos y partidistas.
- Vamos a ver, D. Augusto, tendrá usted que disculparme, pero el caso está claro y, cuando acabemos el correspondiente atestado, el detenido pasará a disposición Judicial y caso cerrado. Por favor, no entiendo qué tendrá que ver el Sindicato Agrario en un tema claro de venganzas familiares.
- Me lo estaba temiendo, Ramírez, usted, con tal de no enfrentarse a esos bolcheviques de tres al cuarto es capaz de colgarle el muerto a un pobre desgraciado como Froilán. El móvil político está detrás de esta matanza, lo que han hecho a Azarías es una llamada de atención hacia mi persona y mis propiedades, ya que, como usted bien sabe, la granja de Azarías se encuentra en mis tierras y, haciéndole daño al más débil pretenden hacérselo al poderoso. Es lo de siempre, Cabo, lo de siempre, y parece mentira que usted no se de cuenta o, lo que es peor, no quiera darse cuenta a posta. Que quiera usted dar carpetazo de forma torticera a un asunto tan grave. ¿Qué intereses le mueven a usted, Ramírez, para actuar de la forma en que está actuando?. ¿Qué le han prometido los del Sindicato Agrario?. Quiera usted o no quiera esto va a salir a la luz y todo el pueblo conocerá la naturaleza de esta desfachatez...
- Perdone que le diga, Señor mío, pero no voy a tolerar más insinuaciones del tipo de las que está usted haciendo. Sépa usted que uno, si bien es un servidor público, tiene un honor y una decencia que no va a cuestionar ningún fascista de pueblo. Sabe usted perfectamente que el Sindicato Agrario, si bien ha protagonizado más de un incidente, y cuando se ponen tercos son necios como ellos solos, pero a santo de qué iban a matar dos reses de este pobre hombre. ¿Para hacerle daño a usted?. No me haga reír. Le hubieran montado una huelga con piquetes y toma de fincas de las de libro y a lo mejor el Gobierno Autonómico les hubiera hecho algo de caso expropiándole alguna de sus "finquitas". Matar vacas no es el estilo de Jacinto. Jacinto es más de tirarnos piedras a nosotros cuando la cosa se pone fea pero a santo de qué va a matar las vacas de alguien que no tiene nada que ver con la película. Ha sido Froilán sin duda ninguna y, además, habrá que investigar si hubo alguien que con sus actitudes favoreció que se produjera el escabroso suceso. Voy a dar sus palabras, de momento, por no oídas pero, si sigue usted en esa línea, ofendiendo mi honor y el honor de la Institución a la que represento, aunque me tenga que gastar mi miserable sueldo en abogados, va a ser usted objeto de una querella criminal que va a temblar el Misterio.
- Ramírez, no blasfeme..- Saltó el párroco ruborizado.
- Cállese usted, Padre, que no sé quién le ha dado vela en este entierro. Aunque, mejor dicho, sé perfectamente quien se la ha dado. ¿Como va usted a prescindir de los copiosos frutos de las monterías de jabalí y venado con que, tan generosamente le obsequia el Señor Feudal?.
- ¿Como se atreve usted a ofender a un representante de la Santa Madre Iglesia, además desde el puesto que usted ocupa?. Como usted bien sabrá también dirijo el boletín local y he venido por interés periodístico, y veo que su actitud e incompetencia debe ser difundida entre nuestros ciudadanos. Si usted no cumple con su deber investigando debídamente yá lo haremos nosotros y el pueblo sabrá qué tipo de individuo es el encargado de velar por su seguridad.
- Don Indalecio, no me toque usted los cojones que siempre le he respetado a pesar de los libelos que publica en su famoso boletín. Llevo veinte años en este puesto que no me ha regalado nadie. Lo he ganado yo a base de esfuerzo y dejarme la piel por esos mundos de Dios. Pero eso es lo que les jode a ustedes, que no tenga que agradecerles nada y así ser uno de los pocos que no consiente su bota y su confesionario sobre el pescuezo. Ahora, si son tan amables, abandonen este edificio público que tengo otras obligaciones que atender. Muchas gracias y muy buenos días.
Los dos personajes ni contestaron al saludo, abandonando airados las dependencias policiales. El Cabo sabía bien con quién se la estaba jugando y lo que se le venía encima, pero bueno "en peores plazas hemos toreado". Pensó para sí mientras volvía la cara hacia Azarías que tenía como paralizado el maxilar inferior y los ojos desorbitados mirando fijamente a los de Ramírez.
- Joder, mi Cabo, si llego a saber esto nos pegamos usted y yo una chuletada y aquí paz y despues gloria. Que estos son muy mentirosos y quieren dar buena cuenta de usted a cualquier precio. Que como se les meta algo en la cabeza son más burros que yo, Ramírez, mucho más burros. Que ya me lo dijo mi padre cuando me contaba lo del treintaseis.
- No te preocupes Azarías, "todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar".
- No, si es lo que yo digo...

1 comentario :

Elbereth Gilthoniel dijo...

Puedo visualizar al cabo Ramirez, perfectamente.

Cuando leo me gusta que las palabras del autor, me lleven a "ver" a los personajes...

Presento mis respetos al Cabo Ramirez. Su tarea no es fácil.