CARRERAS, DEPORTES AUTÓCTONOS Y UN POCO DE HISTORIA

Puede que el sudor lave conciencias, siempre nos dijeron que ganar el pan con sudor era honesto, digno, a pesar de ser un castigo divino tras el pecado sexista de la manzana. En una Biblia actualizada la responsabilidad sería más compartida.
Sudar elimina toxinas y puede que también transpire hijoputez, esa sustancia, hormona o proteína de la que algunos tienen en cantidades industriales. 
Por eso quizá Sarasola, tras volar la Terminal 4, con dos "víctimas colaterales", en pleno proceso de diálogo, ese que no cesó, corrió la San Silvestre en Azpeitia. El deporte es salud, física y mental y es posible que también moral.
Uno de los deportes vascos por antonomasia es el levantamiento de piedras. Quién dice que, en una evolución histórica y natural del deporte, no se pueda levantar hormigón en lugar de granito y, en una especie de virtualización del esfuerzo, no se pueda levantar éste con explosivos en lugar de cargarlo a la espalda. Otra cosa es el levantamiento de cadáveres, que suele hacerlo el forense tras las hazañas de los "korrikolaris".
Korrikolari, para el no euskaldún, significa corredor, y Sarasola lo es. También corrió, según dicen, cuando aquello de la Guardia Civil. Lo que pasa es que los chicos del G.A.R. también corren, y mucho, y saben hacer placajes de rotunda efectividad. Seguramente Portu no hacía tanto deporte y, por eso, tenía los huesos más blandos, con menos calcio para soportar el peso de un fornido benemérito. 
Y ya que hablamos del norte de España, les dejo a continuación un artículo sin desperdicio de Arturo Pérez Reverte en el que da una lección de historia a un acomplejado y mal formado joven guipuzcoano. Un artículo que me envía mi amigo El Valín, al que agradezco su inestimable colaboración.-
 
RESPUESTA DE PÉREZ REVERTE A UN JOVEN GUIPUZCOANO

Eres joven y guipuzcoano, según deduzco por tu carta y el remite.
 
Escribes como lector reciente de la última aventura de nuestro amigo Alatriste, contándome que es el primer libro de la serie que cae en tus manos.
 
Te ha gustado mucho, dices, excepto el hecho «poco riguroso» y «poco creíble» de que una galera española estuviera tripulada por soldados vizcaínos que combatían al grito de Cierra, España; en referencia a la Caridad Negra, que en los últimos capítulos combate a los turcos, en las bocas de Escanderlu, llevando a bordo a la compañía del capitán Machín de Gorostiola.
 
Y añades, joven amigo - lo de joven es importante -, que eso no disminuye tu entusiasmo por la historia que has leído; pero que el episodio de los vizcaínos te chirría, pues parece forzado. «Metido con calzador -son tus palabras- para demostrar que los vascos (y no los vascongados, don Arturo) estábamos perfectamente integrados en las fuerzas armadas españolas, lo que no era del todo cierto.
 
Son las siete últimas palabras del párrafo anterior las que me hacen, hoy, escribir sobre esto; la triste certeza de que realmente crees en lo que dices.
 
Te gusta la novela, pero lamentas que el autor haga trampas con la Historia real; la auténtica Historia que - eso no lo cuentas, pero se deduce – te enseñaron en el colegio. Así que, con buena voluntad y con el deseo de que yo no cometa errores en futuras entregas, me corriges.
 
Debería, a cambio, escribirte una carta con mi versión del asunto. El problema es que nunca contesto el correo. No tengo tiempo, y lo siento.
 
Esta página, sin embargo, no es mala solución. La lee gente, y así quizá evite otras cartas como la tuya. De paso, extiendo mi respuesta a la cuadrilla de embusteros y sinvergüenzas de los sucesivos ministerios de Educación, de la consejería autonómica correspondiente, de los colegios o de donde sea, que son los verdaderos culpables de que a los diecisiete años, honrado lector, tengas - si me permites una expresión clásica – la picha histórica hecha un lío.
 
Machín de Gorostiola es un personaje ficticio, como su compañía de infantería vizcaína. En efecto. Pero uno y otros deben mucho al capitán Machín de Munguía y a los soldados de su compañía, «la mayor parte vascongados», que, según una relación del siglo XVI conservada en el Museo Naval de Madrid, pelearon como fieras durante todo un día contra tres galeras turcas, en La Prevesa.
 
En cuanto a lo de Cierra, España, ni es consigna franquista ni del Capitán Trueno.
 
Quien conoce los textos de la época sabe que, durante siglos, ése fue usual grito de ataque de la infantería española - en su tiempo la más fiel, sufrida y temible de Europa que en gran número, además de soldados castellanos y de otras regiones, estaba formada por vizcaínos; pues así, vizcaínos, solía llamarse entonces a los vascos en general, «a veces cortos de razones pero siempre largos de bolsa y espada». Y guste o no a quien manipuló tus libros escolares, amigo mío, con sus nombres están hechas las viejas relaciones militares, de Flandes a Berbería, de las Indias a la costa turca.
 
Los oprimidos vascos fuisteis - extraño síndrome de Estocolmo, el vuestro - protagonistas de todas las empresas españolas por tierra y mar desde el siglo XV en adelante.
 
Ése fue, entre otros muchos, el caso de los capitanes de galeras Iñigo de Urquiza, Juan Lezcano y Felipe Martínez de Echevarría, del almirante Antonio de Oquendo, su padre y su hijo Miguel, o de tantos otros embarcados en las galeras del Mediterráneo o en la empresa de Inglaterra. Las relaciones de Ibarra, Bentivoglio, Benavides, Villalobos o Coloma sobre las guerras del Palatinado y Flandes, los asedios, los asaltos con el agua por la cintura, las matanzas y las hazañas, las victorias y las derrotas, hasta Rocroi y más allá incluso, están salpicadas de tales apellidos, sin olvidar las guerras de Italia: en Pavía, por ejemplo, un rey francés fue capturado por un humilde soldado de Hernani, en el curso de una acción sostenida por tenaces arcabuceros vascos. Y te doy mi palabra de honor de que aquel día todos gritaron, hasta enronquecer, Cierra, España: voz que, en realidad, no tenía significado ideológico alguno. Sólo era un modo de animarse unos a otros - eran tiempos duros- diciéndole al enemigo de entonces, fuera el que fuera: Cuidado, que ataca España.
 
Así que ya ves, amigo mío. No inventé nada. El único invento es el negocio perverso de quienes te niegan y escamotean la verdadera Historia: la de tu patria vasca - «La gente más antigua, noble y limpia de toda España», escribía en 1606 el malagueño Bernardo de Alderete - y la de la otra, la grande y vieja. La común. La tuya y la mía.'

Arturo Pérez Reverte.

3 comentarios :

Un Oyente de Federico dijo...

El castigo divino no fue “el trabajo”. Si Ud recuerda como denominaba Dios al famoso árbol caerá en la cuenta.
El auténtico castigo fué el “conocimiento”. Dios condenó al hombre a “saber”, el trabajo, el pudor… son consecuencias de adquirir la propia conciencia.

El homo-antecesor pasó a ser homo-sapiens, por obra de Dios como dice Don Ratzinger Z, o no por obra de Dios como dice Don Darwin.

Y esto creo que enlaza en cierta manera con el tema de su post y el sabio comentario —como todos los que le he leido. Hace poco uno sobre la educación— de Reverte.

“El conocimiento, nos hará libres” decián los chicos de “La Ilustración”.
“La verdad os hará libres” decía Don Cristo.

Y por lógica, la mentira y la ignorancia , nos esclaviza.

Es fácil calcular nuestro indice de libertad.
Por un lado está el “Informe PISA”, haciendo especial mención a los gobiernos de izquierda de Andalucía y Cataluña.
Y por otro lado a Pepiño Blanco y sus “tiburones saliendo de las madrigueras”.
Cantábamos de peqeños: “Por el mar corren las libres. Por el monte las sardinas…”

Pero sabíamos que estábamos cantando mentiras.
Ahora los chabales creen que lo que cantan es cierto.

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