DE VIGENCIAS Y CONDICIONES.- O el animador de la plaza.

MADRID, 16 (EUROPA PRESS)    

        El líder del PP, Mariano Rajoy, calificó hoy de "bofetada al

sentido común" y de "grave error" las declaraciones del ministro

de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, asegurando que volverán

a darse las condiciones para negociar con ETA.

 

Si algo enseña el recorrer paisajes y paisanajes es que las generalizaciones no son buenas y los tópicos tampoco.

He conocido asturianos poco dados al fanfarroneo, catalanes derrochadores, vascos modestos aun siendo del mismo Bilbao, gallegos claros y concisos, andaluces antipáticos con la gracia donde amargan los pepinos y otro largo etcétera de excepciones a la regla del topicazo autonómico.

Los castellanos, entre los que se encuentran los abulenses, tienen fama de secos y austeros. Bien, un arquetipo lo tendríamos en Acebes que, la verdad sea dicha, aburre a una ostra con sus declaraciones en letanía y no tiene gracia ni cuando tartamudea.

Su paisano el ministro dicharachero, sin embargo, tiene la manía de ejercer el gracejo y la sorna cual castizo trianero, pero claro, las simpatías tienen sus riesgos y es que hay gente que no coge los chistes. Y lo peor que puede pasar es que, cuando alguien no entiende el chascarrillo, el cómico se esfuerce en explicarlo. Al final te cargas el chiste por completo y a la concurrencia se le queda cara de haba, si no hay quien se ofende por entenderlo mal y puede acabar todo en tomatina.

Bermejo pretende ser claro, a veces, solo a veces, como buen fiscal que fue, y suele decir obviedades para contestar los envites de la oposición, pero esas obviedades son caramelos o peritas en dulce para la estrategia popular.

Se trataba de discutir la vigencia o conveniencia de la resolución parlamentaria que autorizaba, si se daban unas condiciones concretas, al Gobierno para entablar los contactos tendentes a un final dialogado de la violencia.

Bermejo, como era de esperar, no solo defendió esa vigencia sino que dijo que se darían en el futuro las condiciones para volver a intentarlo y que, gobernase quien gobernase en ese momento, se intentaría de nuevo.

Bien, querido Bermejo, lo dicho pudiera parecer seguramente una obviedad más pero creo que hay varios errores de concepto.

El primer error es que, a mi manera de ver, un gobierno serio no debería someter al Parlamento, y por consiguiente al circo mediático, un intento de fin dialogado del terrorismo. El gobierno debe hacer lo que tenga que hacer en cada momento y, en temas de seguridad del Estado, una vez actuado se informa convenientemente a los grupos parlamentarios de los fines, los medios y los resultados.

Su jefe, el Presidente, quiso investirse de más legitimidad que nadie para intentar el experimento y sacó adelante la resolución. Resolución que luego se incumplió porque, entre otras cosas, no se manifestó por parte de la banda criminal, de forma clara y contundente, su voluntad de dejar las armas definitivamente, porque un alto el fuego indefinido no es lo mismo que definitivo, sino otra cosa mucho más vaga y ambigua. O sea, que no se dieron las condiciones iniciales que se exigen  en la resolución parlamentaria que tanto defienden.

No obstante se siguió adelante y se comenzó a traicionar el espíritu y la letra de la resolución pues, siguiendo las teorías de Eguiguren, se instauraron mesas paralelas de partidos, introduciéndose en el debate objetivos políticos, que, como es lógico, no podrían jamás traducirse en compromisos pues pasaríamos de un final dialogado a una capitulación ante las pistolas.

La banda se sintió protagonista política y ahí vino el fin del proceso y la intensificación de la violencia, que nunca cesó pues las amenazas persistieron y cobraron intensidad mientras se charlaba con las capuchas blancas.

Que en un futuro se darán las condiciones es seguro pues algo tan anacrónico, irracional, trágico y absurdo como la violencia etarra tiene que acabar tarde o temprano y, de momento, se ha demostrado que la única estratégica válida para llegar a esas condiciones es el acoso policial, judicial y político para poner contra las cuerdas a los pistoleros y a sus apoyos sociales.

Como era de esperar, todos esos errores de cálculo fueron más que aprovechados por la oposición que continúa “erre que erre”, y que ahora, con sus gracietas y desparpajos, vuelve a poner a huevo. Y no es que usted haya dicho nada incorrecto, el tema es que la segunda lectura, manipulada e interesada,  que se da a sus palabras, y que ya aparece en ruedas de prensa con fondo azul, es la de su intención de volver a la mesa al precio que sea. Y ha reactivado usted la baza electoral más manida del PP, banderas, y quema de retratos a parte y ya está Mariano, su tocayo, pidiendo explicaciones, mediante comparecencia parlamentaria, a Zapatero sobre sus afirmaciones.

Ahora sus declaraciones, convenientemente traducidas y codificadas interesadamente en los medios adecuados darán la impresión de que ustedes, con su Jefe a la cabeza, están locos por volver a la mesa a jugar partidas de dominó o tute con los encapuchados.

Y es que, aunque haya introducido usted en la tediosa y crispada vida política unas pizcas de sal y gracejo, por desgracia hay que medirse, pues darle la vuelta a las palabras es más fácil que hacerlo a un calcetín. Y eso, como buen fiscal y político, lo sabe usted muy bien.