HOMBRE DEL TIEMPO.- ¿De cual?


Aquella mañana era especial. Me levanté sin la sobrecarga y el mal humor habitual. Me asomé a la ventana y vi que el sol, tímido y tibio, había vuelto, como anunciando la proximidad de la primavera. Era una mañana fresca pero agradable.
Tomé mi sobredósis de café pasada por microondas y me enfrenté a la pantalla del portátil.
Ese día decidí empezar por los diarios digitales. Suelo abrir los dos de mayor tirada por aquello de comparar las líneas editoriales y las discrepancias de titulares sobre una misma noticia. Suelen ser buena fuente de inspiración para luego escribir alguna jilipollez en esta libretilla de rompehuevos vocacional.
Abro el primero de ellos y me deja epatado, más que de costumbre: "Fuerte temporal de viento y nieve deja aislada Asturias".
No podía ser, había mirado por la ventana y el día estaba precioso, fresco, como ya dije, pero no frío, y ni asomo de agua en ninguno de sus estados físicos.
El caso es que, bueno, se notaba un poco más de fresco que cuando me levanté. Me dirigí de nuevo a la ventana y no caí de culo de milagro. La capa de nieve llegaba al quicio de la misma amenazando con invadir la cocina.
No podía ser, en tan sólo unos minutos, era imposible, o... ¿quizá el duermevela del que despierta me hizo unir sueño con realidad, confundiéndome?.
Los hechos eran los hechos y había que actuar, cerré la ventana, subí la calefacción y... volví al terminal.
Abrí el otro rotativo por internet y... ¡esto es la monda!: "Ola de calor proveniente del norte de África sorprende a las regiones del Cantábrico".
Volví a la ventana y... efectívamente... ni asomo de nieve y mucho menos de frío. El sol perdió su timidez y parecía empeñado en fundir el asfalto.
Tenía que ser una pesadilla... y no despertaba así que, por si las moscas, apagué la calefacción y cerré las persianas para que no entrara aquella calima sahariana que abofeteaba con saña mi sudoroso rostro.
Aún si estaba en un sueño, o bien era víctima de una broma de alguna divinidad indignada con mi ateísmo, debía de actuar con normalidad y seguir el guión. Así pues, razonando cual podría ser la lógica a seguir en aquella historia escrita por quién sabe qué idiota, me posicioné frente al ordenador y pulsé "inicio", "apagar equipo".
Esa vez el endemoniado aparato quiso hacerme caso y fue cerrando los programas abiertos hasta despedirse con el "tonito" estúpido del Windows.
Me asomé nuevamente a la ventana y disfruté con la victoria. Todo había vuelto a la normalidad. Ni temporal de Alaska ni hora de la siesta en Badajoz en agosto (sé de lo que hablo). Todo estaba como al principio: típico día de febrero con rayos de sol adormecido.
Volví a encender el ordenador y abrí el navegador, limpiando de la carpeta "favoritos" todos los diarios de prensa y dejando sólo los blogs habituales.
Que bastante mal anda la climatología como para andar jugando.

1 comentario :

Elbereth Gilthoniel dijo...

Es muy difícil hablar de la manipulación de información, sin hablar de ella literalmente.

No soy capaz de escribir así.

Es curioso. Esta mañana pensaba que si el mundo se olvidara de los medios de comunicación, de todos ¿qué transformación sucedería en las personas?

¿Me leíste el pensamiento, o te lo leí yo a ti? Ninguna de las dos cosas, imagino.

Sutil entrada.